Formación contra la Atapuerca tecnológica y la brecha de talento digital

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Mientras las ‘big tech’ anuncian despidos masivos, la demanda de profesionales tecnológicos en España crece cada vez más deprisa y las habilidades requeridas no paran de evolucionar. Ante la incapacidad de la universidad para responder ágilmente a esta coyuntura, las formaciones especializadas, intensivas, certificadas y centradas en herramientas concretas permiten nutrir a las empresas del tipo de perfil que necesitan en cada momento.

España. Principios de los 90. Los ordenadores personales se están convirtiendo en la principal herramienta de trabajo, pero los trabajadores no están acostumbrados a usarlos. La falta de habilidades es tal que se populariza un anuncio televisivo en el que un aspirante a un puesto empieza a sudar tinta cuando el reclutador le pregunta que si sabe ofimática. Tres décadas después, resulta casi imposible que alguien no sepa manejar un ordenador, trabajar en Word o meter datos en un Excel. Ahora, lo difícil es encontrar a profesionales con conocimientos tecnológicos especializados.

La culpa es de la digitalización. Mientras el ordenador nos forzó a aprender ofimática, Internet ha obligado a todas las empresas a volverse digitales. Pobre de la que no tenga página web, una estrategia de ciberseguridad robusta y canales de comunicación online. “Ya fabriquen colchones o vendan seguros, todas las empresas han migrado a procesos digitales, tanto a nivel de consumo de cliente como a nivel interno. De hecho, sus decisiones de crecimiento ya se basan en muchos aspectos tecnológicos, como el e-commerce, el uso de los datos y la mejora de experiencia de usuario”, explica el director de Estrategia e Innovación de Hiberus University, Ángel Pardillos.

Esta transformación masiva es la que ha provocado que el número de puestos de trabajo tecnológico sin cubrir en España superara los 120.000 en mayo del año pasadosegún la asociación DigitalES. “La digitalización de las empresas es exponencial y por eso también lo es la demanda de talento”, resume el experto. Desarrollo de software, ciberseguridad y manejo de centros de procesamiento de datos lideran las vacantes y dejan claro que la composición del mercado laboral está cambiando rápidamente e inundándose de trabajos que hace unas décadas directamente no existían.

La novedad de estas profesiones es una de las grandes responsables de que haya tanta demanda, pero no es la única. Del mismo modo que los ordenadores han evolucionado desde aquellas enormes y lentas máquinas para convertirse en los potentes smartphones que llevamos en el bolsillo, la naturaleza de estos nuevos trabajos cambia rápidamente. Ahora existen incontables métodos de programación y sistemas automatizados, y los defensores de la seguridad digital deben recurrir a su ingenio diariamente para repeler cada nuevo tipo de ataque que se inventan los hackers. O, como resume Pardillos, “un programa formativo en tecnología diseñado hace 9 años es como Atapuerca”.  

La pregunta es ¿qué se puede hacer para que siempre haya profesionales capaces de satisfacer las cambiantes demandas de las empresas y la industria digital y que no se conviertan en el trabajador de cromañón? Para Hiberus, la respuesta está en la construcción de una carrera profesional basada en la formación continua, específica y muy orientada y adaptada constantemente a situaciones de negocio real y a la evolución tecnológica.

Su responsable detalla: “El trabajo en tecnología está muy ligado a herramientas concretas. Si miras ofertas en un portal de empleo, ninguna pide un ingeniero informático general, piden un perfil concreto, un programador de Java, un arquitecto de Adobe CommerceLas empresas no piden titulaciones, sino posiciones, pero el salto entre una cosa y otra no es inmediato”. Esta situación, sumada a los problemas de la propia compañía para encontrar a profesionales a los que contratar para sus proyectos, dio lugar al nacimiento de Hiberus University.

Pardillos la describe como “un programa de acompañamiento formativo para acomodar las capacidades de los trabajadores con las tecnologías que se usan y las que están por venir”. Y, del mismo modo que cada universidad y escuela de negocio imparte distintas titulaciones, la de Hiberus ofrece de 9 itinerarios en herramientas y tecnologías concretas como Linux, Azure, Phyton, para construir profesionales específicos, como desarrolladores full stack, expertos DevOps y arquitectos de microservicios, entre otros.

“En poco más de 300 horas, los alumnos reciben contenido ligado a fabricantes, pero también aprenden metodologías de trabajo, luego se certifican y participan en proyectos reales de clientes”, detalla Pardillos. Cada una de esas cuatro patas; formación técnica, metodología de trabajo, certificación y desempeño en un entorno real, está pensada para responder a una necesidad concreta.

Aunque la parte técnica resulta esencial, “a trabajar se aprende trabajando, por eso los juniors también necesitan gestión de proyectos y practicar con casos reales”, añade. Para su caso específico, Pardillos cuenta que Hiberus ha diseñado el programa Héroes y heroínas digitales, que “los especializa y cambia su forma de entender y trabajar en tecnología”.

Y luego está el tema de las certificaciones, un área especialmente delicada en el sector tecnológico, cuya rapidísima evolución provoca que muchos profesionales se formen por su cuenta. En el ámbito de la ciberseguridad, la vía principal de aprendizaje, con un 32,3% del total, es la autoformación mediante cursos en plataformas, vídeos y blogs, según Observaciber. Ante esta situación, ya el año pasado, la fundadora de EducAcción, Sonia Díez, nos habló de la necesidad de crear un sistema para “validar competencias adquiridas a través de experiencias no formales”.

Para Pardillos, los certificados en tecnología no atienden a cuestión de titulitis sino de “mejorar la empleabilidad”, y afirma: “Yo preferiría contratar a un ingeniero informático certificado en Google Cloud porque me asegura ciertas capacidades frente a otro que no lo está”. Por eso, la compañía incluso ofrece un programa formativo a sus propios trabajadores para asegurar que su evolución técnica sea correcta y siempre esté alineada con las tecnologías emergentes y la velocidad a la que llegan al mercado.

PALEOLÍTICO UNIVERSITARIO

Tutoriales de YouTube, plataformas formativas, certificaciones privadas, bootcamps… el abanico de opciones para aprender competencias tecnológicas es tan variado y popular que una acaba preguntándose qué pasa con la formación reglada tradicional de universidades y escuelas de FP. La vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, no titubeó al señalar “el problema histórico de que la universidad viva de espaldas al mundo de la empresa” en el foro El futuro del trabajo y el trabajo del futuro, organizado por Retina el año pasado.

La falta de actualización del sistema universitario español ya ha sido acusada de lastrar la innovación y el emprendimiento del país por su incapacidad de entrenar a investigadores y científicos para que traduzcan el conocimiento que generan en patentes y en modelos de negocio. Sin embargo, en el caso de las habilidades tecnológicas, Pardillos se muestra menos duro: “El sistema educativo formal tiene un enfoque más general, te enseña más a pensar y a adaptarte a los cambios que a profundizar en herramientas concretas que además pueden modificarse 7 u 8 veces a lo largo de toda una carrera profesional”.

Eso sí, también advierte de que muchos profesores de educación superior son los primeros que carecen del tipo capacidades técnicas que se enseñan en la Hiberus University. Por eso, señala que entre sus 1.500 alumnos anuales no solo hay recién egresados, sino también profesores y profesionales activos que quieren reciclarse y crecer laboralmente. Y para demostrar que su enfoque formativo funciona, afirma que cada año la propia empresa ficha a alrededor del 80% de los alumnos que completan sus cursos. Concretamente, en 2022 su tasa de contratación de alumnos ascendió a 850.

La cifra es tan elevada que sorprende en medio de fenómenos como la gran renuncia de EEUU y los despidos masivos recientemente anunciados por las empresas tecnológicas más grandes del mundo. Sin embargo, Pardillos explica: “El roto que vemos en las big tech no se está trasladando a las consultoras tecnológicas porque las big tech se prestan servicio a sí mismas y, cuando su negocio baja, les toca despedir. Pero la mayor parte de los puestos de trabajo tecnológicos no está ahí sino en las empresas de los sectores de producción, en los que la demanda de digitalización es permanente, por eso la falta de profesionales sigue siguiendo la misma”.

Aunque, más que “la misma”, en realidad la demanda de algunos tipos de profesionales tecnológicos no para de crecer, independientemente de que a la vez haya cada vez más nuevos trabajadores en el mercado laboral. Por ejemplo, en el ámbito de la ciberseguridad, mientras que en 2022 el número de ciberprofesionales aumentó un 23,3% frente al año anterior, la demanda en el mismo periodo creció en un 60%, provocando que a final del año pasado hubiera 60.000 puestos de trabajo sin cubrir, que se dice pronto.

Estas oportunidades laborales crecientes deberían bastar para justificar la creación de cada vez más opciones educativas capaces de responder rápidamente a las demandas del mercado laboral. Las empresas y la economía lo necesitan tanto como los propios españoles, especialmente ahora que el mundo está envuelto en una policrisis y se encamina hacia el fin de la abundancia. Si no nos preparamos para dar respuesta a las demandas de las empresas y a los desafíos cada vez más complejos del mundo, no saber ofimática habrá sido el menor de nuestros problemas.  Por: Marta del Amo [Retina]