Fracaso de una reunión Abinader-Blair originada en una presión directa del primer ministro de facto haitiano y como paso último para un resultado salvable que favorezca a Haití en su reclamo inútil y provocador

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Es una normativa clara en la diplomacia internacional, de que cuando dos naciones se encuentran inmersas en un litigio, una de las partes o ambas según los casos, busquen un tercero que actúe como amable componedor y que a resulta de lo que se negocie, el contencioso genere una situación de salvar la cara que ayude a relaciones futuras pero que no impide que los resentimientos aumenten a mayor. En otras palabras, es un pleito a largo plazo del que por lo visto solo se está en sus comienzos.

El nuevo escenario, Haití lo empezó con Ariel Henri yéndose a una cumbre en África y de la que arrastró al presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, Dennis Francis y ahora al exprimer ministro inglés Tony Blair y este, ya con la credencial de intermediario y traficante de influencias exitoso desde su millonaria fundación y cuya tarifa abarca -según conocedores- “hasta cuando el inglés pestaña”.

La jugada de Henry, quien no olvidemos que es sospechoso de estar implicado en el magnicidio del presidente Juvenal Moïse, fue una de dar lástima frente a Francis y prevalido de la negritud común y el supuesto, de que Haití “es la nación más pobre del Hemisferio”, un antifaz que ya ha empezado a descubrirse que para nada es cierto y sí que la nación transfronteriza, es una relativamente próspera como economía subdesarrollada tercermundista.

Y habiendo convencido al dignatario de la ONU, entonces agarrarse de este para que la fundación de Blair entre en acción. El dinero en materia de honorarios fue tal, que el exprimer ministro inglés no le tomó ni dos días desde que se recabaron sus servicios para que ya en la isla, tocar las puertas del Palacio Nacional y para una audiencia con el presidente Abinader.

Por supuesto a nadie se le maltrata si viene en calidad de amable componedor y menos, cuando este país y el inglés han tenido una relación fructífera y amigable por más de cincuenta años y lo que se acrecienta en la medida que el también exprimer ministro ingles Boris Johnson, quien en los últimos seis meses ha estado vacacionando en la parte este de nuestra nación y de quien hasta ahora y para el caso de que Blair enturbiara la iniciativa que se le dio, a los dominicanos, Jhonson nos quedaría como una especie de haz bajo la manga.

Cómo ya se vió, Abinader recibió a Blair y por lo que supimos, mantuvieron una reunión cordial y en una revisión de puntos de acuerdo con la agenda haitiana, que era el interés del visitante, pero en la que la parte dominicana no se comprometió en nada de lo que hasta ahora en conferencias y cumbres internacionales Abinader no hubiese dicho a favor de Haití.

 Sí sabemos, que Henry, lo que quiere es bajar la presión que le tiene Abinader y que hasta estaría dispuesto a discutir sobre la viabilidad del canal de desvío que comerciantes suyos están tratando de construir y del que el gobierno dominicano no está de acuerdo por una simple razón: No reúne las condiciones técnicas necesarias para su implementación.

¿Porqué el primer ministro de facto busca encontrarle una salida a su grave problema frente a la parte de la clase media haitiana que apoya y financia la construcción del referido canal? A que, de buenas a primeras, se le ha presentado una conjunción de intereses entre una parte de la burguesía haitiana de origen árabe y esta en alianza táctica con jefes de pandillas y ambos grupos actuando como peligro constante.

Paralelamente, el argumento dominicano es consistente con un planteamiento eminentemente técnico y no sectario y en correspondencia con el tratado binacional que prohíbe desvíos en las aguas fronterizas.

Incluso, últimamente se ha conocido la posición de uno de nuestros mayores expertos hídricos, Silvio Carrasco, quien ha dicho que lo que se construye es insólito y porque es un canal de desvío que comenzó al revés, de la cola a la cabeza y a metro y medio de la altura del río y lo que provocaría inundaciones del lado haitiano.

Otro experto, Alexander Holsteinson, se pregunta, “si el Rio Masacre cursa 2.1km dentro de Haití al Norte de Dajabón, ¿por qué Haití no hizo su obra de toma y su canal derivador en su tramo, que no hubiera creado conflicto transfronterizo con República Dominicana?” y lo que tiene mucho de lógica y razón.

Lo que se entiende, es que Henry, preocupado en extremo por las medidas precautorias militares tomadas por Abinader y que han servido para que extremistas haitianos anti dominicanos pregonen que están dispuestos a que Haití vaya a una guerra contra esta nación, sabe perfectamente, que, si estallara un conflicto de armas, tanto su vida y su gobierno estarían en peligro.

Entonces y emocionalmente, en Haití el contencioso se ha convertido en un grave problema político y lo que al mismo tiempo y por la indignación de los dominicanos, ya al país transfronterizo, no solo que se le han cerrado las puertas, sino que la mayoría de los dominicanos le vemos como una nación enemiga a la que y en represalia, la frontera nunca deberá ser abierta para el cruce de haitianos y solo para los dos mercados binacionales de Dajabón y Pedernales y cerrando los otros tres, con el propósito de que los dominicanos que sean habitantes rayanos, es decir, que viven en plena frontera, adquieran sus productos de uso diario y dejando abierta la posibilidad de que rayanos haitianos también accedan.

Del lado dominicano, ayer vimos que un grupo de comerciantes dominicanos y en una declaración común de cinco puntos, plantean una serie de pedimentos que no se ajustan a los requerimientos nacionales expresados por el presidente Abinader y a quienes lo único se les debe decir, es que se olviden del comercio con Haití y reencaucen sus iniciativas hacia el territorio nacional, al menos, mientras la parte haitiana se mantenga en su posición hostil.

También supimos, que por la posición del presidente Abinader y sus planteamientos hechos en toda lógica, no solo que Blair no pudo conseguir nada provechoso para Henry, sino que prácticamente se marchó de Palacio sin ningún acuerdo específico y que, ante el desaire experimentado, ni paró hasta llegar al aeropuerto Las Americas y salir raudo hacia su país.

Por eso y ante el fracaso de la “misión Blair”, la diplomacia haitiana mueve sus influencias y relaciones para que una vez más, una parte de la comunidad internacional pretenda chantajear a República Dominicana con su falso discurso “por su apartheid contra Haití” y lo que ya se está viendo con declaraciones del representante permanente de Trinidad y Tobago ante la ONU, quien informó a Henry, de que supuestamente “la solidaridad de la comunidad internacional con el pueblo haitiano” se mantendrá invariable y también “el acompañamiento de las naciones hermanas en la búsqueda de la seguridad haitiana para la restauración de las instituciones democráticas, la estabilidad y el bienestar de los haitianos” y que es un punto que no hay dominicano que no lo entienda aceptable.

De ahí, que ante la nueva ola de “indignación diplomática” anti dominicana que se gesta, los dominicanos y como un solo hombre y voluntad, debemos cerrar filas con el presidente Abinader y desde ahora, iniciar los aprestos para expulsar del territorio nacional a los miles de indocumentados haitianos que viven de nuestra hospitalidad  y como la medida más aceptable, para que en el caso de que estallara un conflicto armado entre las dos naciones, tener la menor cantidad de enemigos haitianos en nuestra nación.

Conociendo todo el escenario anterior, es que decimos, que hablamos sobre el fracaso de una reunión Abinader-Blair originada en una presión directa del primer ministro de facto haitiano y como paso último para un resultado salvable que favorezca a Haití en su reclamo inútil y provocador. República Dominicana, primero. (DAG) 25.11.2023