Invitación real inglesa o cuando no se sabe si llorar, reír o callar y porque la perplejidad marca el tiempo y también el espacio

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En la tarde de ayer, el mismo presidente Luis Abinader reveló en su cuenta de Twitter, que el gobierno de su majestad británica, Carlos III, le acababa de invitar a los actos de su coronación y anunciando además que iría en compañía de la primera dama.

¿Hasta dónde es presumible asumir, que un súbito viaje y de esta naturaleza, de suyo movilizador de un gran protocolo y una mayor representación, es políticamente aceptable de cara a los intereses permanentes de este país, cuando se supone que, con la simple representación del embajador en Reino Unido, debería ser suficiente como testimonio de los lazos de amistad entre los dos gobiernos y Estados?

A nadie escapa, que atender esta singular invitación y ciertamente honrosa y como representación de las fuertes relaciones comerciales entre los dos países, es una que aun cuando no se quiera, obliga a pensar, en un gasto que juiciosamente y en estos tiempos de inflación descontrolada, debería provocar determinados interrogantes.

No obstante, si recordamos que setenta años atrás, el entonces presidente de la República, Héctor Bienvenido Trujillo Molina, envió a su sobrina Angelita como cabeza de la representación dominicana a la coronación de la extinta reina Isabel II, bien que podría decirse, que diplomáticamente hay un precedente y como tal, debe de volver a cumplirse y hacerlo, sino por todo lo alto, como con los encuentros diplomáticos de Estado, el protocolo dominicano demanda, pero sí entendiendo y repetimos, por el precedente mencionado, que el Estado Dominicano se encuentra en la obligación de repetir.

Algunos podrían objetar que sería un gasto que no estaba previsto en el presupuesto público, pero al menos debería entenderse, que ciertamente, es verdad que la casa real británica y a nombre de su Estado, sí que ha sabido tener muy presente y por nueva vez, a las autoridades principales del Estado Dominicano.

Por lo tanto, no seremos nosotros los que estaríamos de quisquillosos y dándonos hipócritas golpes de pecho porque nuestro jefe de Estado y de Gobierno y en compañía de la primera dama, vaya a cumplir con esa invitación, que en su esencia, es reveladora, por lo menos , de que el Estado inglés sí que sabe cuidar los detalles de un país en el que sus negocios y proyectos de inversión son bien recibidos y lo más importante, en donde muchas veces se da un desbalance comercial favorable a Reino Unido y no a nuestro favor.

Ahora bien, ¿podría ser esta singular invitación, la puerta mediante la cual las relaciones económicas y diplomáticas bilaterales se profundizaran dentro de una marcada perspectiva de un cambio de actitud favorable a nuestros intereses?

Por ejemplo, en materia de visados turísticos o de estudiantes y para no hablar de los comerciales, en los que, en la actualidad, no son ni uno ni dos los serios obstáculos que la burocracia inglesa genera y a veces, a nival de fuerte animosidad y necedad.

En este sentido y como se supone que la misión oficial que irá a Londres conllevará, al presente o luego derivada de ella, una amplia representación oficial como empresarial y en procura de reforzar iniciativas de apertura dominicana en los aspectos ya mencionados y en otros.

Y por lo que sería de interés, si en nuestra Cancillería se prepara un programa de actividades paralelas y a modo de reestructuración de políticas bilaterales en suspenso y que perfectamente podrían ser elaboradas y contando, por lo menos, con las experiencias de los dos últimos embajadores en la capital inglesa y ahora uno en Corea del Sur y el otro en Suiza ante la OMC y como reforzamiento para retomar políticas, que de acuerdo a nuestros informes, tienen más de diez años de suspenso en alguna gaveta de determinado alto burócrata en la cancillería inglesa.

Lo que planteamos, también como un modo  constructivo de justificar la inversión de imagen y relaciones públicas que el Estado Dominicano hará y a propósito del interesante y sorpresivo viaje presidencial, que por el tipo de traslado de ida y retorno conllevará necesariamente cinco días y desplazamientos aéreos haciendo escala por EEUU o directamente en vuelo de aquí a Londres y en este último caso, utilizando por invitación el jet de algunas de las corporaciones inglesas que han logrado tantos beneficios en sus relaciones comerciales  e industriales en este país.

Al mismo tiempo, no creemos que se puedan presentar críticas de fondo al desplazamiento presidencial, si se toma en cuenta, que con la regia invitación se presenta una oportunidad y de esas de no todos los días, para que República Dominicana pueda lucirse y al tiempo de beneficiarse en materia de reforzamientos de lazos comerciales y diplomáticos con Reino Unido y en lo que entendemos que la Cámara de Comercio Británica, sus miembros deberán tener el mayor interés de que de tal visita, sus intereses y junto a los dominicanos queden más beneficiados y en particular con amplia profusión mediática allí.

Naturalmente, que en lo personal, la experiencia que tendrá el presidente Luis Abinader y la primera dama Raquel Arbaje de Abinader y aquí el apellido del marido, la señora Arbaje sí que deberá utilizarlo, será única y ciertamente, de esas que jamás se olvidan y mucho más si se proyecta al futuro inmediato, cuando se entiende que el reinado actual de Carlos III es uno de transición y por la edad del monarca, lo que significa, que de aquí al 2028 y sin ser agoreros, quien sea presidente del país para ese tiempo, sería el próximo invitado a una nueva cita de coronación real.

Mientras tanto, hay que esperar, que a nivel de la corrupta clase política, no se presenten muestras mezquinas de pretensiones de objetar el anunciado viaje y mucho menos, cuando uno de los tres expresidentes vivos, Leonel Fernández y por cualquier quítame las pajas, derrochaba miles de millones de dólares en sus viajes oficiales al  exterior y como aquella vez, cuando junto a su entonces esposa, fue recibido en audiencia de Estado por la reina Isabel II y en la que y esto debe recordarse, la difunta reina tuvo un gesto de exquisita deferencia hacia la entonces primera dama, Margarita Cedeño de Fernández y tanto, que opacó a Fernández y lo que nuestros archivos nos lo recuerdan.

En consecuencia y teniendo en cuenta las quejas y peros que pudieran presentarse, no podemos dejar de señalar, que cuando no se sabe si llorar, reír o callar y este es un caso, la perplejidad marca el tiempo y también el espacio. Buen viaje presidente y primera dama y sean los mejores representativos y portavoces de la nueva dominicanidad. (DAG-OJO) 03.05.2023