La conflictividad mundial no cesa

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La guerra provocada por la agresión rusa contra Ucrania viene poco menos que monopolizando la información de lo que ocurre en resto del mundo. Pero mientras tanto, la realidad es que continúan ocurriendo hechos y acontecimientos variados como la condena contra Donald Trump por abuso sexual –nada menos que un expresidente de los Estados Unidos, algo sin precedente–, pero en la mayor parte la actualidad ofrece noticias en su mayor parte preocupantes.

La violencia es un problema creciente después de unos años que la conflictividad se resumía a las guerras de Siria o Yemen o incidentes aislados. Ninguna de estas guerras se ha resuelto después de varios años y entre tanto están surgiendo nuevas amenazas contra la paz. Una, ya conocida, es la situación que se vive en Sudán, donde a pesar de la tregua, continúan los enfrentamientos que ya han causado más de un millar de muertos.

Ahora la preocupación se centra en Pakistán, un país proclive a las tensiones y enfrenamientos internos. Ayer, el juicio contra el ex primer ministro, Imrain Khan, derrocado en abril del 2020 —un político de setenta años que goza de gran popularidad en todo el país— ha desencadenado una ola de protestas que están sembrando el caos y amenazando con un estallido de enfrentamiento armado teniendo en cuenta que están implicados los militares para frenar la revuelta.

El actual gobierno, que integra una coalición presidida por Shehbat Sharif, se ha pasado todo este tiempo intentando implicar a su antecesor de todo tipo de acusaciones de corrupción con las que intentaba reducir la influencia que continuaba manteniendo entre las masas. La situación aumenta la amenaza de un estallido social más inquietante, tratándose de un país como Pakistán con 230 millones de habitantes y muchos conflictos tanto externos con la India e internos de carácter religioso.

Pero no es sólo en Pakistán donde la violencia mantiene al mundo en vilo. En Israel, los activistas palestinos de la franja de Gaza han lanzado centenares de cohetes contra diferentes localidades del país, algunos dirigidos a Tel Aviv donde las alarmas alertando del peligro han causado pánico en la población. El primer ministro, Benjamín Netanyahu anticipó que la respuesta será contundente, lo cual la experiencia de situaciones similares permite anticipar que será dura.

Algunos analistas han recordado que es inexplicable que los grupos organizadores de semejantes ataques no valoran lo que ocurrirá y el coste de vidas entre la población civil, además de los daños materiales que supone la destrucción previsible de la intervención de la fuerza aérea. El conflicto árabe e israelí añade una noticia igualmente grave. En la localidad tunecina de Gerba, un miembro de la Guardia Nacional disparó ráfagas contra una sinagoga donde decenas judíos celebraban una función religiosa.

El balance fue de cinco muertos y varios heridos. Los propios compañeros del autor del atentado, para el que no se encuentra explicación, dado el respeto con que la sociedad local mantenía la sinagoga. El Gobierno tunecino condenó el atentado y las investigaciones no se explican los motivos que impulsaron al guardia para una iniciativa de esa naturaleza. Las especulaciones coinciden que se trataba de un miembro de la Yihad. En Túnez se consideraba que la violencia yihadista de hace seis o siete años había terminado. Por: Duego Carcedo [20Minutos]