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La economía de las fronteras

Hace medio siglo, Harris y Todaro formalizaron una idea incómoda: la migración no responde a barreras físicas, sino a diferenciales de renta esperada. Los dos son autores de «Migration, Unemployment and Development: A Two-Sector Analysis»), uno de los artículos fundacionales de la economía del desarrollo y en el que explicaban una paradoja de los años sesenta: la migración del campo a la ciudad continuaba a pesar del desempleo urbano masivo.

La respuesta es que el migrante no compara salarios efectivos, sino el salario esperado. Por tanto, quien sale de Bamako no compara Castillejos con Ceuta, es decir la UE, compara dos expectativas de ingreso vital. Y mientras ese diferencial sea de uno a treinta, ninguna valla resultará disuasoria.

Los números en el origen son elocuentes. La Alianza de Estados del Sahel (Malí, Burkina Faso y Níger) reúne 71 millones de personas con un PIB per cápita de 2.513 dólares en paridad de poder de compra y apenas 874 dólares nominales. Dos tercios de sus habitantes no llegan a los 25 años y la región superará los 500 millones a mediados de siglo.

El Banco Mundial calcula que hasta 12 millones de africanos se incorporan cada año al mercado laboral, frente a tres millones de empleos formales creados. A ese desajuste hemos respondido cerrando el grifo: la ayuda oficial al desarrollo cayó un 23% en 2025, el mayor recorte registrado, con descensos de entre el 16% y el 28% en África subsahariana y otro 7% previsto para 2026. España sigue anclada en el 0,27% de la renta nacional.

Y todo ello cuando los países de destino necesitan precisamente lo que temen. El Banco de España estima que la inmigración aportó 1,7 puntos al crecimiento medio anual del PIB entre 2022 y 2025; los extranjeros son ya el 22% de los activos. Sin embargo, estas cifras se tienen que matizar teniendo en cuenta el valor añadido que la mano de obra inmigrante aporta y el saldo final a lo largo del ciclo vital, es decir, si se genera más que lo que se consume de recursos y prestaciones públicas. A menor valor añadido más probabilidad de obtener un saldo negativo a largo plazo.

En resumen, quizás Europa gasta en fronteras lo que debería invertir en el Sahel: seguridad, agua, energía, formación. Porque una frontera se puede alquilar; un futuro, no. (La Razon -alvaro hidalgo)

Álvaro Hidalgo Vega. Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la UCLM y Presidente de la Fundación Weber

 

 

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