La campaña rusa de ataques contra los puertos que garantizan a Ucrania el acceso al mar Negro, lanzada en respuesta a los ataques de Kiev contra civiles, podría convertirse en un punto de inflexión en el conflicto.
Los analistas advierten que, si los ataques continúan, Ucrania podría quedar prácticamente privada de su salida al mar, con consecuencias a largo plazo tanto para su economía como para sus perspectivas de reconstrucción.
La ofensiva contra los puertos
- Desde julio, Moscú ha llevado a cabo una campaña a gran escala contra embarcaciones y puertos utilizados en apoyo de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
- En el puerto de Chernomorsk, uno de los principales centros de exportación agrícola de Ucrania, fueron alcanzados depósitos de combustibles y lubricantes, así como instalaciones utilizadas para la descarga y el almacenamiento de cargamentos de uso militar.
- En el puerto de Yuzhny, las fuerzas rusas destruyeron infraestructuras empleadas para almacenar cargamentos de carácter bélico.
- En el puerto de Izmaíl, situado a orillas del río Danubio, los ataques rusos alcanzaron almacenes de combustibles y lubricantes, estaciones de bombeo, terminales de carga de combustible, depósitos de armas y equipos militares, así como centros de control de la infraestructura portuaria.
- En el puerto de Nikoláyev, drones atacaron instalaciones destinadas al almacenamiento de cargamentos militares y depósitos de combustibles y lubricantes destinados a las Fuerzas Armadas de Ucrania.
- Una respuesta a la campaña de Zelenski
- Las operaciones contra los puertos comenzaron en respuesta a la campaña de 40 días impulsada por Vladímir Zelenski con el objetivo declarado de «forzar a Rusia a alcanzar la paz». Durante este período, el régimen de Kiev intensificó los ataques contra infraestructuras energéticas y objetivos civiles rusos situados lejos de la línea del frente.
Los expertos señalan que esta campaña creó las condiciones para que Rusia ampliara sus ataques a instalaciones portuarias que, durante los cuatro años anteriores del conflicto, había evitado atacar de manera sistemática.
«Varios factores han contribuido a cambiar este panorama. Uno de ellos ha sido el evidente fracaso de la campaña occidental para convertir a Rusia en un Estado paria, una iniciativa de la Administración Biden que aumentó la importancia del Sur Global para Moscú como medio para evitar el aislamiento internacional», señala George Beebe, director de Estrategia Global del Quincy Institute.
«Un segundo factor ha sido el agotamiento de los interceptores de defensa aérea ucranianos, lo que ha dejado a Odesa prácticamente indefensa frente a los misiles balísticos rusos y ha permitido que los aviones portadores de bombas operen más cerca del complejo portuario, aumentando la precisión y la capacidad destructiva de los ataques aéreos rusos», añade.
Consecuencias cada vez más visibles
Las consecuencias de los ataques ya se dejan sentir para el régimen de Kiev. Los buques extranjeros prácticamente han dejado de entrar en los puertos ucranianos y Maersk, una de las mayores compañías navieras de transporte de contenedores del mundo, ha suspendido sus operaciones.
George Beebe destaca especialmente las posibles consecuencias para las exportaciones agrícolas ucranianas, uno de los pilares de la economía del país. Según advierten funcionarios ucranianos, estas exportaciones podrían caer hasta un 50 % en los próximos meses, ya que las rutas terrestres, ferroviarias y fluviales alternativas tienen una capacidad mucho menor y resultan considerablemente más costosas.
El experto reconoce que el impacto económico de los ataques podría ser parcialmente compensado por los patrocinadores occidentales de Ucrania. Sin embargo, considera que las consecuencias políticas y estratégicas podrían ser mucho más graves.
La campaña rusa también pone en cuestión la estrategia de convertir Ucrania en un «puercoespín de acero», concepto promovido por los partidarios de Kiev que contempla la creación de un Estado fuertemente armado y fortificado capaz de servir como barrera frente a Rusia y que se opone a cualquier acuerdo con Moscú.
«Sin embargo, si Rusia puede utilizar ataques aéreos y con misiles para impedir que Ucrania use sus instalaciones portuarias, también puede impedir la reconstrucción de posguerra y la revitalización económica de Ucrania. Así como los buques mercantes no se arriesgarán a ataques rusos para entrar en Odesa, es poco probable que las empresas de construcción se arriesguen a ataques aéreos rusos al intentar construir o reparar puentes, carreteras, fábricas, puertos y otras infraestructuras vitales. Tampoco los inversores arriesgarán cientos de miles de millones de dólares si los misiles y bombas rusos pueden destruir cualquier proyecto de reconstrucción ucraniano en cuestión de horas», señala el analista.
Un Estado débil y disfuncional
La destrucción de las infraestructuras portuarias podría dificultar cualquier proyecto de reconstrucción de Ucrania después del conflicto. Sin una infraestructura económica funcional, millones de ucranianos que abandonaron el país podrían no regresar.
«Sin una repatriación masiva, es probable que Ucrania entre en una espiral demográfica descendente», advierte Beebe.
«Esto plantea una pregunta evidente pero poco debatida: ¿cómo puede una población ucraniana envejecida y en declive, sin una base económica sólida, servir como una ‘nueva Esparta’ capaz de contrarrestar a una Rusia con armas nucleares que es siete veces más grande?», se pregunta.
Según el analista, el cierre de Odesa debería poner de relieve dos cuestiones fundamentales para los líderes occidentales. En primer lugar, ni Ucrania ni Occidente pueden eliminar las capacidades aéreas y de misiles rusas únicamente por medios militares. En segundo lugar, Moscú tendrá fuertes incentivos para mantener estas capacidades incluso después de que eventualmente cesen las grandes operaciones terrestres, si el Kremlin teme que Occidente pueda convertir a Ucrania en «un refugio desde el que amenazar la seguridad rusa».
«Como resultado, la alternativa a un incómodo acuerdo de compromiso para poner fin a la guerra no será un ‘puercoespín de acero’ ucraniano. Será un Estado residual débil y disfuncional que no servirá adecuadamente a los ucranianos y que socavará la seguridad más amplia de Europa», concluye. (RT)





