La reconstrucción de Ucrania depende de que se consiga atraer dinero privado

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Oleksandr Gryban ya piensa en el momento en que Ucrania pueda reconstruirse. El viceministro de Economía del país devastado por la guerra, de 41 años, es consciente de que Kiev debe evitar que se agote la buena voluntad de sus aliados, que el año pasado financiaron al Gobierno por una suma de 32.000 millones de dólares en fondos públicos. Pero el verdadero desafío es convencer a los inversores privados escépticos, tanto en el país como en el extranjero, de que Ucrania es un buen destino para su dinero.

Kiev depende de Gryban y sus colegas para tener éxito. En su último informe sobre la reconstrucción de Ucrania, el Banco Mundial calcula que el país necesitará 128.000 millones de dólares en los próximos cuatro años, y 283.000 millones de dólares entre 2027 y 2033. Los sectores financiados por el gasto público, como las escuelas, los hospitales y otros ámbitos específicos, como lo que se describe como “gestión de riesgos explosivos”, solo requerirán alrededor de una cuarta parte del dinero. El resto, en áreas como la agricultura, el transporte y la vivienda, podría financiarse con capital privado.

Al caminar por las anchas y limpias calles de Kiev en estos días, es fácil olvidar que se trata de una ciudad en guerra, que vive bajo la ley marcial. La economía ucrania se contrajo un 30% en 2022, pero en un logro tan inesperado como los éxitos militares de Kiev ha conseguido sobrevivir. Las conversaciones con los hombres y las mujeres que lo han hecho posible indican que no ha tenido nada que ver con el azar, y mucho con la improvisación, el ingenio y la financiación extranjera. También ha sido posible gracias a las reformas ya implementadas por el Gobierno desde 2014, el año en que Rusia se anexionó Crimea.

A los inversores puede consolarles el hecho de que el equipo encargado de reconstruir Ucrania ha demostrado que es competente e ingenioso. Volodymyr Kudrytsky, consejero delegado de la red eléctrica estatal Ukrenergo, explica que sus ingenieros han podido utilizar equipos antiguos que se habían almacenado en años anteriores para ayudar a reconstruir las numerosas subestaciones destruidas por misiles rusos en octubre y noviembre. Mustafa Nayyem, que dirige la Agencia Estatal de Ucrania para la Reparación y el Desarrollo de las Infraestructuras, describe cómo sus equipos siguen los pasos de los soldados ucranios en cuanto recuperan una localidad en las regiones orientales destrozadas por la guerra. “Reparar y reconstruir lo antes posible, en cuanto se destruye” es su mantra.

Sin embargo, la siguiente fase es conseguir que la economía vuelva a crecer. A corto plazo, eso significa convencer a las empresas ucranias para que asuman riesgos, soliciten créditos a sus bancos y traten de encontrar mercados de exportación. Para eso no es necesario que termine la guerra. La mayor parte del país se ha librado hasta ahora del impacto inmediato de las bombas y los misiles rusos. Y últimamente, los bancos ucranios han aumentado sus recursos crediticios, ya que los clientes prefieren ahorrar como es debido en vez de guardar el dinero debajo del colchón. Los depósitos se incrementaron un 27% el año pasado, hasta los 55.000 millones de dólares a finales de diciembre, según cifras del banco central.

Existen argumentos a favor de la inversión privada en Ucrania. Cuando termine la guerra, entre 4 y 5 millones de refugiados que aún viven en el extranjero podrían regresar. Eso debería estimular el crecimiento, según Nataliia Shapoval, quien preside el School of Economics Institute de Kiev. La economía, que durante mucho tiempo dependió de las exportaciones agrícolas y minerales, ya se estaba diversificando en los años anteriores a la guerra, como muestra su vibrante sector tecnológico. Y la perspectiva de incorporarse a la Unión Europea (UE), por muy lleno de obstáculos y largo que sea el proceso, es una razón para que los inversores extranjeros lleguen pronto.

La mayoría de las guerras o conflictos militares de las últimas décadas han afectado a Estados fallidos, por lo que no existe una manera fácil de comparar los rendimientos financieros de la reconstrucción. Pero si Polonia sirve de guía, las empresas o fondos extranjeros que quieran invertir en infraestructuras, construir una fábrica de automóviles, de chips o de armas, o adquirir un competidor ucranio, podrían fijarse en el mercado de valores de Varsovia después de que el país entrara en la UE. Desde diciembre de 2002, cuando concluyeron las negociaciones de adhesión de Polonia a la UE, hasta su nivel anterior a la crisis financiera en junio de 2007, el principal índice de renta variable de la Bolsa local se multiplicó por seis. Las conversaciones para el ingreso de Ucrania durarán muchos años, pero esa es la clase de rentabilidad que los inversores pueden esperar.

La esperanza por sí sola no hará que el capital extranjero fluya. Pero la forma en que se despliegue la ayuda o la inversión pública extranjera podría ayudar. Los organismos internacionales que aporten fondos pueden utilizar entidades como el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones del Banco Mundial, que ofrece cobertura para riesgos no comerciales como las expropiaciones o las guerras. Y ya ha comenzado a trabajar en Ucrania en sectores limitados, pero se necesitarán garantías más amplias para tranquilizar a los inversores.

El otro factor que podría atraer capital privado es que Ucrania se ayude a sí misma, completando las reformas iniciadas en los últimos años. La lucha contra la corrupción, a pesar de algunos avances elogiados por la UE y el Fondo Monetario Internacional, sigue pendiente. El país ha mejorado su posición en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, y ha pasado del puesto 144º hace una década al 116º, pero los ucranios saben que esa posición sigue siendo baja para un Estado que recibe miles de millones de euros en dinero para la reconstrucción. Un importante alto cargo del Gobierno incluso ha afirmado a Breakingviews que desea que los donantes internacionales establezcan su propio organismo para controlar el uso del dinero para la reconstrucción y reducir el riesgo de desvíos por la corrupción.

Según Shapoval, para avanzar en este ámbito se necesitan medidas gubernamentales más enérgicas. Eso pasa por una reforma seria del sistema judicial. Los jueces mal pagados, a menudo formados en facultades de Derecho de la época soviética, son vulnerables a las tentaciones. La creación en 2018 de la Oficina Nacional Anticorrupción y del Tribunal Superior Anticorrupción demuestra que el Gobierno no ignora el problema. Pero para recaudar las decenas de miles de millones de euros necesarios para reconstruir el país, a los ucranios les queda mucho por hacer. Por: Pierre Briancon [CincoDías]