La República va bien, no tanto como muchos quisiéramos, pero sí lo suficiente y como para tener esperanzas de una nación cada vez mejor

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Al llegar a la víspera de fin de año, cualquiera creería que en este país las instituciones no hayan avanzado, la ciudadanía no sea cívicamente más responsable o que los subprocuradores y fiscales no hayan terminado por aprender, que como han actuado, nunca han practicado justicia.

Es decir, el panorama general de la nación no es todo lo pesimista que algunos derrotados han creído y sí por lo contrario y desde sus fuerzas vivas como desde el gobierno y la oposición, teniéndose el criterio común de que sí se hayan dado pasos cada vez más firmes y para contribuir que República Dominicana sea cada vez una nación de comportamiento adulto y de persistente responsabilidad cívica y política e institucionalidad.

Y lo que se debe plantear, pues si tanto hacemos manos de estadísticas como de los indicadores más promisorios de la economía y la conducta humana, todos, los que nos dicen, es que pese a las apariencias, la República va bien y los dominicanos, con un concepto y criterio más firme respecto a lo que debe ser una sociedad madura y responsable con convivencia aceptable, sana o cívica, entre las personas.

Sí y para algunos y que no se ignora, hay muestras que entienden chocantes y por no considerar los nuevos valores y criterios que tienen las nuevas generaciones y que es un fenómeno natural en cada ciclo humano, pero en términos generales, la nación va bien y aun cuando el nivel de injusticias sociales existe, también es obvio que estas van en disminución.

Sin embargo, lo real y que hasta ahora no cambia, es el método esclavista y socialmente aberrante de los integrantes de la clase económica y su colateral social, que todavía no entienden, que en este país y por más que quieran que existiera un sistema de castas y el que se alimenta por esa visión distorsionada del ciudadano de a pie que pasa a clase media pobre y de ahí hacia adelante en la escala social, quienes asumen que mientras más dóciles y sumisos sean frente a quienes entienden poderoso, podrán escalar dentro de esa terrible cuota de arribismo social que practican y en el que la prostitución por un lado y las inconductas sociales de lavado de activos y enriquecimiento ilícito sean los parámetros a seguir.

Por tal distorsión, quienes en realidad procuran crear algún tipo de casta, son los recién llegados o nuevos ricos, quienes en un afán alucinante de ser aceptados por los ricos y adinerados más viejos o antiguos, aquellos a los que casi con temor señalan como oligarquía y ante los que se inclinan hipócritamente cuando llegan a sus clubes sociales y en particular en provincias y quienes son observados con poses de nuevos ricos que quieren que todo el circulo social que invaden los acepte de inmediato.

Paralelamente a semejante acción de inequidad social y aceptada por todos esos que se entienden dizque “de primera”, encontramos el otro ramal vergonzosamente impúdico de altos cargos financieros y empresariales y la mayoría extranjeros o extranjeros de origen dominicano, quienes sí realmente quieren y lo que impulsan, para que todos sus empleados, prácticamente se comporten como esclavos servidores y hasta con derecho de cama de parte de quienes los dirigen.

 Fuera de lo anterior, observamos con suma complacencia, como los dominicanos han empezado a tener sentido de identidad y de idiosincrasia compartida y sentirse al mismo tiempo orgullosos de su nacionalidad y que es el factor que le hace contrapeso positivo a la minoría de equivocados, que todavía creen o consideran que nuestra nación es una aldea del pasado siglo.

Al mismo tiempo y si hacemos abstracción  de las distorsiones y espejismos arriba apuntados, es indudable que la nación y económica y financieramente va por ruta firme, aunque todavía hay cierto nivel preocupante respecto a que la riqueza no está bien repartida ni distribuida  y que los más ricos, una gran mayoría de evasores fiscales a gran escala, se parapetan en sus medios de comunicación y de información de masas creyendo que teniendo la terrible concentración tan abusiva de medios en pocas manos, todos ellos van a poder dirigir la sociedad por siempre y acobardar a los gobiernos y políticos y mucho más al actual, que es el primero plutócrata que las circunstancias políticas han creado desde el 2020 hasta el presente.

Y que es la razón, la actitud de la mayoría de los plutócratas, de que a nivel de pueblo, tanta gente esté alejada de la fortuna y al impedirles los ricos, que tengan adecuados accesos a los medios de producción como de alfabetización y preparación tecnológica o que las becas gubernamentales realmente no vayan dirigidas hacia la meta de una preparación tecnológica que haga factible, que cuando se llegue a este fin de siglo, la mayoría de los jóvenes sean tecnócratas preparados en universidades del exterior  como el Silicón Valle en California o la Universidad de Innopolis en la República de Tatarstan, Rusia o aquí en el territorio nacional, en Intec o en el Centro Tecnológico de Las Americas y para no dejar de mencionar a Infotep.

Mientras tanto, entendemos y por lo que se ha aprendido en este año que se va, que los efectivos policiales temen enfrentar la delincuencia y para que los jefes no los cancelen y que los fiscales y subprocuradores ya se dieron cuenta de que no pueden creerse que tienen el monopolio de la verdad, mientras, periodistas y medios deben abandonar lo de juicios mediáticos paralelos y ser realmente agentes y miembros de un periodismo profesional realmente libre e independiente a plenitud de conciencia y libertad de crítica  y con la sola meta de robustecer la civilidad y la necesaria independencia de criterio que contribuya a la formación de un periodismo realmente libre y que sea el puente para que la población sea política y cívicamente responsable.

En este sentido, nosotros no tenemos dudas de que el futuro y con todo y los tropiezos que hay que dar, será uno y positivo para República Dominicana. Hasta el 1961 éramos un país de economía subdesarrollada y 2.5 millones de habitantes y ahora en el 2022 y con 10.5 millones de habitantes, somos una economía de crecimiento emergente o medio y en vías de altos parámetros de superación.

Por eso decimos, que La República va bien, no tanto como muchos quisiéramos, pero sí lo suficiente y como para tener esperanzas de una nación cada vez mejor. (DAG)