domingo, enero 29, 2023
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La tragedia de la violencia machista

La estadística puede ser tan fría como demoledora, ya que diciembre se ha convertido en el peor mes en violencia de género. Me refiero a la frialdad, porque es lo que sucede con los datos. Tras ellos están mujeres que han visto truncadas sus vidas. Es lo más preciado que tenemos los seres humanos.

Es terrible cuando un acto criminal pone fin a las esperanzas y las ilusiones. Un cadáver lleno de sangre tirado en el frío suelo con una sábana que lo cubre. El dolor de una familia y un sujeto repugnante que ha culminado la violencia que hasta ese momento había sometido a una mujer indefensa.

Es absurdo minimizar el machismo y el micromachismo que existe en la sociedad, pero es bueno recordar que no es algo exclusivo de nuestro país, porque se reproduce en todo el mundo. Los indudables avances que se han producido en los últimos años, una vez más hay que acudir a las estadísticas, no minimizan la tragedia.

Mientras las mujeres sufran violencia y mueran en manos de sus parejas o exparejas seguiremos teniendo un importante reto que superar. No importa el origen social o el lugar de nacimiento de las víctimas y sus asesinos, porque no puede ser una excusa. Esas estadísticas no son importantes. Los únicos datos fundamentales son aquellos que permitan identificar dónde estamos fallando.

Esto facilitará poner los medios que permitan desarrollar una actuación eficaz que proteja a las mujeres vulnerables. Hemos de conseguir que no se tenga que celebrar un Día contra la violencia machista. Hasta que no llegue ese momento seguiremos fracasando.

La violencia en las parejas o exparejas es provocada, en su inmensa mayoría, por hombres que consideran que la mujer es un objeto de su propiedad. Es una visión terrible de entender las relaciones y muestra una carencia educativa incuestionable. Es el resultado de una formación insuficiente y de un entorno social y familiar que ha propiciado esa cosificación que es un insulto contra la inteligencia y el sentido común.

Es abandonar la condición humana para convertirse en el peor depredador que podemos imaginar. La irracionalidad de la violencia machista hay que combatirla con educación, información, despolitización y, sobre todo, recursos para proteger a las mujeres vulnerables. Es lo que tiene que hacer una democracia avanzada. Por: Francisco Marhuenda [La Razón]

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