Los últimos días de Cristóbal Colón: Enfermo, casi olvidado y obsesionado

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Los últimos días de Cristóbal Colón: Enfermo, casi olvidado y obsesionado

El 20 de mayo de 1506 murió Cristóbal Colón. Seriamente enfermo, aún le quedaban fuerzas para reclamar el vasto territorio que había conquistado. Luces y sombras de un navegante que luchó por imponer su proyecto al que pocos le daban algo de crédito.

Cuando el lunes 7 de noviembre de 1504 Cristóbal Colón llegó al puerto de Sanlúcar de Barrameda, era un hombre enfermo. Regresaba de lo que sería su último viaje al nuevo continente. Debieron ayudarlo a desembarcar por los dolores insoportables que le provocaban la gota y la artritis.

Luego de acomodarse en una casa alquilada en Sevilla, juntó fuerzas para su última misión: reclamar ante la corte sus derechos y privilegios sobre las tierras que había conquistado.

Ya poco quedaba de ese hombre corpulento y macizo, de cabellos rojizos, ojos claros, tez blanca y nariz aguileña, del que no se conoce retrato que le hayan hecho en vida. Las imágenes que se conservan son aproximaciones de acuerdo a las descripciones de quienes lo trataron. Estudios forenses realizados en 2007 aseguraban que sus últimos tres años de vida padeció el síndrome de Reiter, o artritis reactiva, que provoca quemazón al orinar, dolor, hinchazón en las rodillas y conjuntivitis.

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Colón era un genovés nacido en 1451 aunque no se le conoce un solo documento suyo escrito en italiano. Por eso las sospechas de que fuera portugués o español.

En 1479 conoció a Felipa Moniz en el monasterio de Santos, donde él iba a escuchar misa y ella se alojaba. Hija del reconocido navegante portugués Bartolomeu Perestrelo, se casaron ese mismo año y tuvieron un hijo, Diego.

Su suegra Isabel fue clave en sus proyectos, ya que le facilitó cartas de navegación, mapas y documentos que habían pertenecido a su marido. Su esposa Felipa falleció en una fecha imprecisa, entre 1484 y 1485, que coincide con la partida de Colón de Portugal a España.

Para 1504 ya estaba muy enfermo para trasladarse de Sevilla. Le pidió a su hijo Diego, empleado en el Cuerpo de Guardia de la Reina y luego del Rey, que iniciase el reclamo.

Colón sufrió ese invierno. En mayo de 1505 partió a Segovia, donde residía la corte. Fueron 500 kilómetros recorridos a lomo de mula. Cuando arribó, se enteró que el 26 de noviembre del año anterior la reina Isabel I La Católica, la que había apostado por él ganándole al escepticismo de su marido Fernando, había fallecido en Medina del Campo. Debió discutir con el rey sus asuntos. Si bien lo recibió cortésmente, le recomendó que hablase con el padre Diego de Deza y Tavera para que lo defendiese en sus reclamos.

Fuente: Hoy