No se comprende que un político tan ducho como el ministro Jesús Vázquez, haya caído en el gancho, de convertirse ante los ojos de la población en el defensor de la policía y en particular de su jefe o director, quien, con la fama de duro, lo que ha hecho es jugar a la escondida y protegiéndose en el ministro Vásquez, deja que criticas y ataques le caigan al ministro y no como debería de ser al general Then y su policía.
Si a la institución llamada a cuidar, velar y proteger el orden público se le hiciera una auditoría, se verá que en la gestión de Then la escalada de la criminalidad está llegando a niveles tan preocupantes, que generales retirados y fieras, cómo Guzmán y Candelier se sorprenden del desbarajuste que Then ha organizado.
Del lado del ministro Vásquez y por no decirle la realidad al presidente Abinader, ya se encuentra patinando en la cuerda floja, en tanto Then continua con su careta publicitaria de oficial “formal y responsable”, él, uno de los mayores expertos policiales en zancadillas a nivel burocrático.
La policía y sencillamente, es lo más parecido a una madriguera en la que la mayoría de sus efectivos en su ramal criminal de la anti-policía, no resisten un elaborado examen de actitudes y capacidades, salvo para robar, matar y asociarse con la delincuencia barrial.
Por ese cáncer que la corroe, la institución no es confiable ni siquiera al 90 por ciento de la ciudadanía, salvo a esos periodistas y medios a los que la jefatura les paga para que “le hagan buena prensa” y que es compensado el favor, con facilidades para tener armas de fuego y una corte de espalderos y tanto los empleados ejecutivos de los mass media como de sus dueños y ni hablar de ciertos reporteros que trabajan como espías (calíeses) policiales.
Con todo, la policía tiene una mayoría de efectivos serios y entregados, pero las intrigas internas no dejan que el presidente los conozca y se fije en ellos. ¡Qué desastre! (DAG-OJO)





