“Ni celebro triunfos ni lloro derrotas”. Abinader, ¿el magnífico?

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Por años, quien escribe se rige por su lema personal que aplica en su ejercicio profesional, en los negocios familiares y en la política diaria: “No amo a mis amigos y no odio a los enemigos” y que, si venimos a ver, tiene cierto paralelismo con lo expresado por el actual presidente y de la República, quien como estamos viendo, cada día madura más en el ejercicio de la política del poder.

Justamente por esa actitud de madurez política francamente mucho mejor elaborada que la de sus adversarios, entendemos que es el factor al que se debe, que Abinader y hablando en criollo, se trague un cable y no eructe y como se ha comprobado con ese “safari” que acaba de protagonizar y mediante el cual y junto al PRM, se ha llevado por delante a todo lo que pudiera significar, adversario, opositor o enemigo personal, al pulverizar unas elecciones en las que con franqueza hay que decirlo, han sido un tsunami  contra la libertad de escogencia ciudadana.

Y hay que hablar de tsunami electoral, por la simple razón de que el oficialismo ha utilizado una aplanadora por la que ha arrastrado a ocho millones de electores y de los cuales, prácticamente la mitad han salido huyendo y desertando de su obligación constitucional de votar en unos sufragios tan importantes para la renovación de la salud democrática de la República.

Sí creemos, que ni Hipólito en sus peores maquinaciones pudo suponerse, que quien ahora se muestra como su discípulo más adelantado, haría  un “efecto demostración” tan terrorífico, que a este día, hasta los personeros más valientes de la oposición Rescate RD sienten el miedo casi patológico, ese cuando se asume que alguien con poder absoluto y como autócrata fuera de serie, bien que podría acabar destruyendo los mayores sueños  de esa esperanza cierta y positiva que toda persona decente tiene y cuando asume que va a una consulta electoral a debatir programas de gobierno, definir políticas constructivas y aportar sus mejores esfuerzos a favor de su país.

Lamentablemente, el admirado presidente Abinader ha destruido todos esos sueños de ciudadanos de bien, a quienes no les ha dejado la mínima opción de que, como electores, acariciaron un momento su aspiración de contribuir a una mejor República.

Porque de lo que se trata es justamente de esto. Ver como un sorpresivo poder autocrático absoluto, ha destruido la fe, que, en toda elección, los ciudadanos deberíamos de tener.

La pregunta es una: ¿Ahora qué?, ¿impondrá el admirado Abinader, la ley 1-24 con la ferocidad propia de un PRM, que, convertido en una fuerza política autoritaria de desquiciados, poco le importa subvertir el orden público desde el mismo ejercicio del poder arbitrario que con tanto desvergüenza y descaro muestra?

En el pasado, en tiempos de Balaguer, el estadista, nunca permitió que su “ingeniería electoral” se llevara de paro a todos sus opositores y sabiamente le imponía a su partido, el otrora poderoso PRSC, que el poder institucional había que compartirlo. Solo hay que recordar, que, en uno de sus siempre discutibles triunfos electorales, Balaguer retuvo el Poder Ejecutivo y cedió el Poder Legislativo al PLD y el Poder Judicial y en un alarde de pragmatismo oportunista, lo compartió con todas las demás fuerzas políticas y sociales.

Ya mismo y con el admirado Abinader, lo que se está viendo, es a un presidente de la República tras el poder absoluto y sin importarle avasallar a los demás poderes del Estado, mientras una aterrorizada opinión pública cede sus competencias de críticas y supervisión a los llamados organismos de la sociedad civil, que abiertamente son amanuenses del gobierno y el PRM.

Pero si todo lo anterior es escandaloso. Lo peor es ver como los medios, periodistas y comentaristas de la infame prensa mercancía, se han entregado de pleno al poder corruptor del Estado y en la muestra más descarada por parte de un gobierno legal y legítimo, que, abusando de la buena fe de sus conciudadanos, se ha hecho del control absoluto de un ejercicio de “la libertad de prensa”, que antes de llegar en el 2020, el admirado Abinader lo tomó por asalto y en base a la más formidable demostración de cañonazos de papeletas.

Ahí entonces nuestra preocupación, de que el periodismo independiente a todos los poderes públicos y privados y tal como está la actual correlación de fuerzas dentro del sector mediático, ejerciendo en base a un ostracismo en la práctica, ninguno de quienes como medios, periodistas y analistas nos permitimos ejercer una crítica profesional y libre, podamos tener la fuerza suficiente para hacer, crear y enfrentar y ante el poder desbordado oficial, el contrapeso necesario para que, por lo menos, las instituciones sobrevivan a este diluvio de destrucción a gran escala del poder democrático, que en una nación que se precie de demócrata debe mantenerse incólume y como la mejor garantía de que cuando el ejercicio democrático está en sus horas bajas y como en la actualidad, el verdadero periodismo independiente mantenga el hálito de fe viva, de que de algún modo y en tiempo corto,  las instituciones democráticas resurgirán y lo importante, que los ciudadanos descubrirán y entenderán.

Mientras tanto, lo que entendemos como “Era Abinader”,  ha comenzado con un grave paso en falso, el gobierno se tragó y para no decir propiamente que se robó los comicios municipales del pasado domingo 18 y por lo que se está viendo, parecería que está decidido a llegar a más y de cara a las presidenciales y legislativas del 19 de mayo y lo que bajo ningún concepto, lo que quede de ciudadanía e instituciones decentes, no deberá permitir y sin importar el riesgo que se corra ante el poder personal desbordado y autoritario.

Asumamos y por las mediocridades de los dos expresidentes opositores, que en secreto y para sobrevivir sus partidos a la ola perremeísta, estos hubiesen pactado con los popis del gobierno la reelección de Abinader y que es la única razón que hay, para que tanto el PLD como la FP, no hubiesen iniciado los procesos legales de impugnación a los resultados electorales y sabiéndose y para mayor escarnio, que la Junta Central Electoral (JCE) se ha convertido en un sello gomigrafo del PRM.

Frente a tal disyuntiva, los ciudadanos electores tendríamos entonces una sola elección: Aprovechar la existencia de la diversificación del voto y para elegir senadores y diputados e imponer el triunfo de la mayoría silente, eligiendo nuevos legisladores que le respondan a la República y no a la partidocracia y menos a sus partidos y lideres.

Estamos hablando de una angustiosa razón de patria y al saber, que, para mayo, el gobierno hará uso del poder desbordado y aplicando la mayor represión social, mediática y de cuartel que se haya visto en los últimos 60 años. Frente a semejante panorama, lo lógico es enfrentar al admirado y arrojado Abinader, con las armas que la Constitución de la República provee y quienes lo hagamos, haremos patria. Con Dios. (DAG) 23.02.2024