sábado, julio 20, 2024
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No hay nada que una más a las personas, que el miedo al poder arbitrario y sin control

A partir de la invasión castrista de junio de 1959, protagonizada en gran mayoría por hijos de la burguesía trujillista que se habían quedado en el exterior y quienes de esa manera garantizaban a sus padres -la mayoría funcionarios o allegados del régimen- su supervivencia y sus bienes y después de que la dictadura cayera y lo que ocurrió el 19 de noviembre de 1961, como culminación del proceso y por el cual, el hombre fuerte y desarrollista hubiese sido asesinado en un intercambio de disparos con ex allegados suyos e instigados por Washington y la estación local de la CIA.

Los dominicanos que vivíamos en el lapso junio 1959 a mayo 1961, en cierto modo respiramos tranquilos, pues de golpe, a todos se nos quitó de encima el grave problema de inseguridad a gran escala en el que nos debatíamos y por un régimen, que hasta ese momento no había significado realmente un peligro para la ciudadanía y en parte, porque algunos de los que participaron en el magnicidio para los primeros años de la dictadura (1930-1935) eran parte de los terratenientes-militares creados por Trujillo y con miras de “pacificar” provincias cercanas a la frontera con Haití.

Hoy, de la historia se ha borrado el ignominioso papel y rastro de sangre de muchos de ellos, por ejemplo, De La Maza. Pues “historiadores” acomodaticios prefirieron solo mirar para el lado de las llamadas “víctimas de la tiranía” y no cuando estas, eran parte del poder del régimen y sus instrumentos más señeros de represión “paternalista”.

Pero lo cierto fue, que en aquellos años 59 a 61, en la clase media se vivía con el corazón en la boca y debido a que el régimen apretó su sistema represivo y a cualquier persona se le podía calificar de sospechosa, era apresada y en la mayoría de los casos torturada o eventualmente asesinada. A nivel de la población de ciudadanos de a pie, en cambio, la represión no fue tal.

Por eso, cuando se supo que Trujillo había fallecido en un intercambio de disparos y producto de una emboscada en la carretera a Sa Cristóbal y en horas de la noche del 30 de mayo de 1961, el miedo generalizado que existía, apenas se atenuó y mucho menos cuando el heredero del dictador, Ramfis, regresó al país y se colocó al frente de todo el aparato militar.

El clima social se relajó un poco, cuando el presidente Joaquín Balaguer (el último del régimen) y con el consentimiento de Ramfis fue a la Asamblea General de la ONU y destapó aquel discurso destrujillizador que fuera aplaudido por los 2.5 millones de dominicanos que existíamos para la época y en un país subdesarrollado y culturalmente tercermundista y una mayoría poblacional campesina.

Ahora bien. Cuando el 05 de julio de 1961, la nación dio un brinco y al conocerse que ese día y por invitación de Balaguer al exilio antitrujillista, una delegación del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) llegaría al país, “para iniciar el proceso de apertura democrática” y lo que efectivamente ocurrió y luego se vio a esos delegados, los señores Angel Miolán, Nicolas Silfa y Ramón Castillo que se reunían en la base aérea de San Isidro, con el general Rafael Leónidas -Ramfis- Trujillo Martínez, jefe del estado mayor general conjunto de las fuerzas de aire, mar y tierra, entonces fue cuando verdaderamente la ciudadanía entendió que se iniciaban tiempos de libertad y democracia, criterio que se robusteció, cuando el 19 de noviembre de 1961, Ramfis y su séquito, pues su familia había salido antes a Europa, abandonó el territorio nacional y para no volver jamás.

Todo el recuento anterior, tiene un solo objetivo e independientemente a recrear una parte de la historia reciente que “las víctimas de la tiranía”, ahora convertidas en una casta explotadora que tiene 63 años viviendo  de los contribuyentes y al horrible costo de más de 10 mil millones de pesos en reparaciones económicas y no menos cinco mil millones de pesos en propiedades “robadas por Trujillo” y teniendo una paga de casi 250 millones de pesos por año, mientras atrás quedaban los 29 años de beneficio trujillista entre 1930-1959 y lo que significa, que los miembros de esa casta tienen 92 años corridos viviendo del Estado. Sin duda, el pase de factura más costoso de nuestra historia y del que todavía los dominicanos no han caído en cuenta debido a la propaganda mediática a favor de “las víctimas de la tiranía” y esto último, en razón de la ley antitrujillista que prohíbe criticar o hablar contra la nueva casta política y social.

Ya mismo y lo que sorprende, que ahora y cuando nadie suponía que podría haber un gobierno y partido decididos a dar el salto hacia atrás, de imposición de un nuevo régimen de fuerza, represivo y anti dominicano y por el que los 10.5 millones de dominicanos nos encontráramos a las puertas de un nuevo régimen autoritario conculcador de derechos y mediante el cual, cualquier persona pudiera ser apresada, acusada y formulándose cargos hijos de la arbitrariedad y la tiranía, la partidocracia se destapa con una azarosa ley 1-24 patrocinada en secreto y desde el Congreso Nacional por los partidos políticos con representación en el mismo.

Si grave es semejante hecho tan insólito, que habla pésimo de un país, que se supone y por sus 62 largos años de gobiernos democráticos y mediante elecciones sucesivas, (1962-2024) su clase gobernante, nunca debió prohijar abuso de poder semejante y de paso, haciendo recaer toda la culpa  en el gobierno actual del presidente Luis Abinader y su Partido Revolucionario Moderno (PRM) y cuando es evidente, que hasta los tres expresidentes vivos y sus partidos, son parte integrante de la barbaridad antidemocrática que se quiere perpetrar.

NI que decir, que la ciudadanía y por más cobarde que sus integrantes lo sean, tiene y debe levantarse como una sola persona y voz y exigir que la susodicha ley sea derogada a lo inmediato. No es verdad, que caricaturas de políticos y dirigentes y la mayoría con menos de 56 años cada uno, se crean que ellos pueden imponer un “nuevo orden” mucho más arbitrario y totalitario que el de Trujillo y en esto hay que ser enfático y políticamente responsable, pues este amago de dictadura debe ser detenido en seco y sabiéndose, que todo el liderato político nacional es absolutamente culpable del retroceso institucional y de la traición que se le quiere hacer a la República.

Abinader será muy buena persona y Danilo y Leonel un poco menos, mientras Hipólito sí que no lo es, pero la universalidad de los dominicanos somos mucho mejores que todos ellos y todos debemos entender, que, si dejamos que se salgan con la suya, entonces seremos vistos como un país de basuras humanas, cobardes y corruptas y sobre todo pusilánimes y oportunistas.

Con razón que digamos entonces, que no hay nada que una más a las personas, que el miedo al poder arbitrario y sin control. Con Dios. (DAG) 28.01.2024

 

 

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