viernes, diciembre 9, 2022
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No hay peor negro que uno racista y dominicano

De buenas a primeras y traído por los pelos, parecería que emerge el concepto negritud, como parte del quehacer de algunos dentro del país político y quienes con esa “ingenuidad” creada alevosamente por determinados mecanismos  de la fábrica o factoría mediática, se quiere dar a entender que este país se está convirtiendo en uno de negros y lo que no es así, pues por su propia naturaleza, el dominicano es básicamente de raza negra y con añadidos de otras razas y en la medida que sus exponentes sean ricos y de origen blanco.

Por semejante distorsión de perspectiva sobre un hecho natural y como lo es ser parte de una raza, ahora la mayoría de los componentes políticos y mediáticos negros o mulatos y por aquello de entender que creen que su principalía podría ser distorsionada por los elementos blancos que se encuentran en determinadas partes de las altas esferas nacionales y quienes por su riqueza o posicionamiento social, fácilmente se convierten en un punto de miras de sus iguales blancos y de poder y dinero e influencia mediática.

El debate que se suscita, sociológicamente no deja de ser interesante y el que tiene algo nuevo, que al ser los negros mayoría junto a los mulatos, parecería que existe cierto criterio distorsionado por la rivalidad social y política y frente a la avalancha de pueblo de origen negro y mezclado como mulato, que por parte de quienes tienen cierto bienestar económico o riqueza, les hace presumir de alguna especie de “destino manifiesto” con el que en definitiva, en esta nación pudiera nacer esa peligrosa tendencia a querer separar a los dominicanos, ahora, no sólo por su condición social, sino por la negritud o por la mucha o poca carencia de dinero y de bienestar material y que la odiosa propuesta de la ONU, de que este país suspenda provisionalmente la necesaria deportación de indocumentados haitianos, parecería que ha revivido dentro de una parte de la burguesía criolla.

Desde luego, tampoco estamos diciendo y ni por asomo, que lo que se pretende con semejante visión tan distorsionada, sea avivar que en este país exista la horrorosa pugna entre negros y mulatos frente a los criollos o mestizos que existe en Haití y que desde sus ricos grupos de mercaderes y como parte de su oligarquía originada en inmigrantes de origen árabe y otomano y quienes en verdad han pretendido robarle o desaparecerle su identidad al mismo ciudadano haitiano negro y mulato como tal.

En este sentido, hay que hacer determinada diferencia, el negro o el mulato dominicano, para nada odia al de piel más clara o blanca, vamos, el llamado criollo en la parte latina de este Continente, sino que por lo contrario, su aspiración es unirse a este y por lo que aquí hay un fuerte segmento de mestizos (blanco con aborigen u originario de esta parte de la isla) que se inició a partir del genocidio perpetrado por los aventureros ibéricos que vinieron a robar y saquear en el 1492  y con miras de fortalecer la maltrecha economía de los reinos de Castilla y Aragón y sus colaterales europeos.

A partir de esa realidad y en la medida que los “indios” (aborígenes) eran asesinados, los blancos europeos se unieron a mujeres aborígenes y para dar fortaleza al nacimiento de un nuevo vinculo racial, el mestizaje y el que avanzó a mayor cincuenta años luego a partir de 1492, con la entrada de los esclavos negros africanos, lo que a la postre determinó, que en la parte oriental de la isla compartida, el concepto mezcla de razas nunca fue un problema, salvo en los llamados “clubes sociales” de provincias, mientras que en las ciudades de la época, el cruce o mezcla de todo tipo de razas no fue un problema racial entre la misma población básicamente y acentuada esta realidad desde la posición de líder militar y político de quien luego fuera el presidente Ulises Hereaux y siguiéndole en la mezcla o cruce entre dominicanos y haitianos con los ancestros de los presidentes, Trujillo y Balaguer.

Pero ahora la situación es distinta, el negro dominicano, que nada tiene que ver con el negro haitiano y por un simple punto diferencial, el cultural. Pues a diferencia del racismo “español” que es laxo en su aplicación, el racismo haitiano tiene su origen en el peor sentimiento de contradicción de raza, que para entonces destacaba a Francia, la esclavitud y ya no tanto, después de que más de la mitad de su población es negra y de origen inmigrante africano.

Es decir, el negro dominicano no odia al blanco ni a ninguna otra raza y esa diferencia y la que ahora determinados extremistas políticos y mediáticos quisieran crear, permite que en este país el problema racial no sea todo lo traumático, hiriente y vergonzoso que se da en Haití.

Sin embargo, sí es de preocupar, como los miembros  y la mayoría mulatos y algunos de origen haitiano y hasta nacidos o criados en bateyes de Barahona, como el presidente del Instituto Duartiano, Wilson Gómez Ramírez y sus colaterales de la derecha y el anti haitianismo vinchista  y estos últimos, dominicanos de tres generaciones y de origen árabe, se aplican en tratar de manipular los sentimientos en  incautos y para lograr que muchos dominicanos odien al haitiano por negro e “incivilizado” y no obstante que el Instituto Duartiano  tiene como principio básico “Difundir la vida y obra de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria y Fundador de la República Dominicana, para la edificación moral y cívica del pueblo Dominicano”, no para odiar y perseguir lo haitiano.

Hay más, el discurso anti haitiano del referido instituto, olvida adrede, que el principal factor de ayuda para que República Dominicana exista como la nación que es hoy, se tuvo en la presidencia del político y general haitiano, Guillaume Fabre Nicolas Geffrard quien favoreció ampliamente a los dominicanos que lucharon en las batallas de la Restauración de la República, al lograr los dominicanos derrotar y expulsar al ejército de ocupación español, que por dos años (1863-1865) y después de la anexión en 1861 se había instalado en el territorio nacional con tropas provenientes de Cuba y este como nueva provincia de España.

Fue a partir de la Restauración, que las relación entre los pueblos haitiano y dominicano se acentuó y donde tuvo origen el nacimiento de familias mixtas de dominicanos y haitianos respectivamente  y al punto, que ni siquiera los tortuosos acontecimientos de sangre perpetrados por los anti haitianos de 1937, disminuyó en las relaciones entre dominicanos y haitianos y al contrario, los lazos familiares se acentuaron y al grado, de que hoy este país tiene no menos de 50 mil familias dominicanas de origen haitiano y lo más significativo, que cada pueblo y su respectiva nación, acentuaron sus propias idiosincrasias sin menoscabo de la una sobre la otra e igual ocurre en el país transfronterizo con sus familias haitianas de origen dominicano.

Cómo se puede entender, es muy traído por los pelos, los intentos de la minoría de fanáticos racistas que en este país quisieran que Haití no existiera y simplemente, porque en sus complejos raciales no aciertan a entender o no quieren aceptar, que el pueblo dominicano esté compuesto por un fuerte segmento de raza negra y su derivada mulata y como por igual existe otro segmento de mestizos y una minoría de blancos y junto a otras razas, sobre todo orientales.

De ahí, que al observar los intentos de grupos minoritarios de negros y mulatos anti haitianos y desde el Instituto Duartiano y la ultraderecha vinchista, queriendo hacer creer que se está ante una lucha rediviva de negros contra blancos o peor, de negros contra negros y que aquí, en cuanto a la negritud, nunca ha existido como tal, que llamemos la atención sobre este particular y demandemos del Gobierno del presidente Luis Abinader y del mismo presidente, que  vigile y castigue ese alevoso intento político y mediático tan distorsionador, de querer imponer el concepto negritud como parte de la lucha política y que nos hace decir, que no hay peor negro que uno racista y dominicano. Con Dios. (DAG)

 

 

 

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