viernes, enero 27, 2023
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¡Ojo al Cristo! Una crisis política continúa y agravada por otra geopolítica, siempre provocará la entrada súbita de nuevos liderazgos que aplastarán a los existentes y a los ya viejos y reaccionarios

Si hacemos abstención de cuando el caudillismo tradicional fue gobierno y nos metemos de lleno en los efectos traumáticos de los gobiernos seudos izquierdistas o progresistas, pero todos, populistas y enormemente clientelistas que hemos tenido y aun dominan y gracias a ese sector mediático ultraconservador que los aviva, fácilmente podríamos darnos cuenta y si los prejuicios son dejados a un lado, que en realidad, la política tradicional dominicana, esa de oportunistas de la pequeña burguesía y junto a grupos de lumpen proletarios, sigue siendo y desde hace cincuenta años, el fundamento absoluto de los gobiernos que se han tenido.

Gobiernos, que supuestamente han sido llevados al poder por la fuerza y dinámica de una libertad de escogencia ciudadana que nunca ha existido y por lo que en cambio, son en esencia, gobiernos de espíritu totalitario e hijos de grupo de poder que continuamente y mediante la infame concentración de medios de comunicación y de información de masas en pocas manos, han sabido manipular las aspiraciones y sentimientos ciudadanos y al extremo, de que a la fecha, se es político, activista o militante político, movido única y exclusivamente por la salvaje como desproporcionada apetencia de dinero y riqueza desde el poder y sin importar como.

Esta situación y francamente hay que decirlo, hizo colapso con las elecciones del 2020, donde un gobierno autoritario de supuesta “izquierda” y enormemente corrupto como corruptor y también desarrollista, trató de hacer lo imposible por mantenerse en el poder con una reelección institucional totalmente amañada y que era fomentada desde la gran mayoría de todos esos medios de la prensa mercancía, que ahora y con gran desparpajo y desvergüenza, le hace la cara bonita al nuevo régimen y colaborando con mucho mayor rastrería si cupiese.

El nuevo gobierno de Luis Abinader y el PRM y afianzado en la contrapropaganda manipulada del sector mediático paralelo y bizarro de supuestos activistas reporteriles ”de izquierda” afincados en la Plaza de la Bandera y en particular y lo que también hay que destacar, por el arrojo del entonces candidato presidencial, que supo hacer la diferencia para ganar y establecerse como cabeza del nuevo gobierno actual y que ya va para su tercero de cuatro años de mandato, sin duda que ha sabido afianzarse en el ejercicio institucional del poder, pero todavía sin que realmente se pueda y por la fuerte carga propagandística que le acompaña, que ciertamente cuente con un respaldo popular genuinamente vivo como dinámico.

Ese vacío, que a nuestro juicio bien cabe calificar de estructural, es uno, que si Abinader no sabe manejar y disminuir, podría jugarle una mala pasada en el obvio interés gubernamental por lograr la reelección constitucional que ampara al primer mandatario y que bien diseñada podría ser exitosa, pero sin los aspectos actuales de concentración de poder directo presidencial dentro de los ámbitos de los poderes Municipal y Legislativo.

Ahora bien. Nos llama así mismo la atención, que la política tradicional dominicana se mantiene viva dentro del sector opositor, el que para colmos, se desenvuelve y peligrosamente para su existencia, dentro de ese ambiente tan tenebroso de caudillismo redivivo que encabezan los expresidentes Medina y Fernández y ambos, alentados en cierto modo por el otro y natimuerto, que emocionalmente dirige el expresidente Mejía y este último, constituyéndose en el peso muerto de un Partido Revolucionario Moderno (PRM) que nunca ha dejado de ser el exponente grotesco de la política populista que estableció su ancestro, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

A todo esto y como contrapartida que “desenfoca” a los partidarios de la política clientelista tradicional, atrincherados en esos veinte y tantos partidos o etiquetas políticas de alquiler electoral, nos encontramos con un novedoso electorado emergente joven y agresivamente independiente, de ideas, conceptos y políticas ante todo lo existente, que poco que mucho, a logrado establecerse como una posible y novedosa plataforma política y social de cambios radicales  dentro del ya atrofiado sistema político criollo y que en su obcecación, los políticos tradicionales y los miembros de esa prensa  conservadora, ni siquiera han alcanzado a querer visualizar.

De este modo, se llega a lo presente: Una República Dominicana metida de lleno dentro de una crisis estructural aun no definida, pero que por su componente joven, presagia la motorización de cambios radicales para el contexto social y político actual  y que si al esquema, se le añade el hecho, de que el actual presidente de la República es el primero generacionalmente joven luego de Trujillo, perfectamente que podría suponerse que Abinader podría alzarse con el santo y la limosna en las elecciones del 2024.

Pero resulta, que no es del todo así, sino que al Abinader encabezar el primer gobierno plutocrático en toda la historia nacional y el que se fundamenta  en los ricos más ricos en el poder y junto a una radiografía variopinta de pequeña burguesía trepadora y enormemente inescrupulosa y que se apertrecha desde todos los rincones y dependencias de la burocracia pública, que realmente la fortaleza institucional del presidente no sea tal y tanto, que a su misma sombra, vemos como ha empezado a crecer una oposición joven e institucional y muy critica contra el mismo presidente y de lo que también percibimos, que aún no ha caído en cuenta.

Son estos movimientos, extraños dentro de la dinámica política y social y que nos hacen llamar la atención a la República, respecto a que si todos nos descuidamos y por los efectos de la artificial crisis de “oposición política” que se está viviendo, que no es más que el grito desesperado del viejo caudillismo y para no desaparecer, que nos hace decir, que se está a las puertas de una crisis social en gestación y que si estalla y como previsiblemente creemos si nada cambia, generaría una crisis política continua que se agravaría por esa otra geopolítica y la que se avivará desde que la guerra Rusia-Occidente y a propósito de la invasión rusa a Ucrania motivada por el acoso abusivo de la OTAN contra una Rusia que entiende  que se la quiere destruir y aniquilar, conlleve a lo interno de nuestra nación y por reflejo de las ondas “sísmicas” de la escalada de la guerra, lo más parecido a un terremoto político que confrontaría a todos los lideratos existentes de gobierno y de oposición, con el inevitable nacimiento súbito de nuevos lideratos emergentes nacidos al clamor de un pueblo alegre y frívolo, pero aterrorizado por acontecimientos del exterior, que aquí nadie maneja y mucho menos controla.

Y esa situación, es la que nos hace advertir, que los dominicanos y como otros pueblos y naciones que nada tenemos que ver con el conflicto bélico desatado y ya en escala mayor, bien que podríamos meternos de improviso en el ojo de un fuerte huracán social del que muy pocos actores políticos y sociales podrían salir en pie y puntualizando, que ¡ojo al Cristo! Una crisis política continúa y agravada por otra geopolítica, siempre provocará la entrada súbita de nuevos liderazgos que aplastarán a los existentes y a los ya viejos y reaccionarios. Ojalá se nos haga caso. (DAG)

 

 

 

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