lunes, junio 24, 2024
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Partidos parasitarios

El pueblo español considera que los políticos constituyen uno de los más graves problemas con los que se enfrenta España. Deberían contribuir a resolver los problemas de la nación. Se han convertido en un problema más, y destacado.

Funcionaron eficazmente los primeros años de la democracia. Luego, como explicó Julián Marías, se convirtieron en partidos parasitarios, en agencias de colocación para amiguetes, parientes y paniaguados.

En 1980, los empleados públicos apenas superaban los 700.000. Hoy se acercan a los 3.500.000, la mitad de los cuales al menos son innecesarios y perjudican gravemente a los ciudadanos, agobiados por las trabas burocráticas que resulta necesario superar para hacer cualquier gestión. Como todos, o casi todos, los parásitos, perjudican gravemente al organismo en el que se instalan y del que se alimentan y viven.

Cualquier empresa que no controla de forma estricta el número de empleados que necesita se ve sacudida por las pérdidas, primero, y el cierre, después. Los partidos políticos parasitarios, no. Cuando necesitan más dinero suben los impuestos que en los últimos años han golpeado a los contribuyentes de forma casi confiscatoria. Los que vegetan en puestos innecesarios saben que nos les faltarán ni sueldos ni pagas extraordinarias ni vacaciones ni puentes ni nada de todo aquello que adorna el no trabajo y penaliza a los que trabajan.

La reacción popular contra los partidos parasitarios se encamina hacia su supresión. Eso fue el fascismo en Italia, el nazismo en Alemania, el estalinismo en Rusia, el franquismo en España, el salazarismo en Portugal… Por eso conviene no alimentar la irritación popular contra los partidos parasitarios. De lo que se trata es de democratizarlos, controlando sus abusos.

Estuvo redactado un artículo que no se incluyó en la Constitución. Decía así: «Ningún partido político, ninguna central sindical, podrán gastar un céntimo más de lo que ingresen a través de las cuotas de sus afiliados». Fernando Abril, respaldado por Adolfo Suárez, se opuso a ese artículo, de forma lógica en una época en la que se pretendía el resurgimiento de los partidos políticos.

Pero se hizo mal ese resurgimiento a la vista de lo que estaba ocurriendo en Europa. Y nos enfrentamos ahora a una situación en la que el pueblo terminará por reaccionar liquidando un parasitismo que perturba, salvo algunas excepciones, a nuestros partidos políticos y a nuestras centrales sindicales. Por: Luis María Anson  [La Razón]

 

 

 

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