Dado los compromisos propios del presidente Luis Abinader con los empresarios y banqueros en el Consejo Nacional de Competitividad, parecería que esa circunstancia obliga al mandatario a plantear, que, si desde las fuerzas vivas se quiere una reforma a su gusto e intereses, que entonces la ciudadanía presente propuestas y propicie discusiones y lo que nadie cree, sabiéndose los enormes compromisos de Abinader con ese sector que cogobierna junto con él y sus socios haitianos a este país.
En realidad, la reforma fiscal se impone y ante la negativa de Abinader de que Hacienda le cobre más allá de lo mínimo, los impuestos que el empresariado y el mundo financiero deberían de pagar y que es la razón por la que son evasores en un 47 %, afectando de ese modo los ingresos del Estado y en particular los de su gobierno.
Además, por lo que se está viendo, que la economía baja en crecimiento, que los consumidores están perdiendo su poder adquisitivo y que el peso ya anda por menos del 30 % de su valor, en tanto y en paralelo, la inflación golpea todos los productos de consumo diario y poco que mucho, la gente no sabe como paliar su situación, que haya que entender, que de Abinader persistir en apoyar a los ricos, la población reaccionará con dureza y en momentos que la crispación cunde en todos los bolsillos de clase media para abajo y ciudadanos de a pie. (DAG-OJO)





