miércoles, julio 17, 2024
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República Dominicana. ¿Un Estado Policiaco en vez de un Estado de Derecho y con un pueblo vasallo hasta la ignominia?

La peor característica que puede tener una nación, vale decir, su pueblo. Es la de someterse a los designios y caprichos de los que mandan y sin preguntarse y mucho menos indagar, si todo cuanto se le ofrece como efecto gobernabilidad, se corresponde realmente a los que debe ser un estado de derecho formal en el que la institucionalidad democrática es plenamente respetada y como el mejor tributo que la clase gobernante debe tenerle a su propio pueblo.

Sin embargo en los 203 años de independencia de la metrópoli colonial española y solo entender como independencia real, los hechos que acontecieron el 27 de febrero de 1844, unos 180 años atrás cuando nos separamos de la República de Haití y para darle concreción a la independencia que muy equivocadamente algunos denominan “efímera” y como si un país  hubiese tenido oportunidad para realizar  alguna otra independencia y lo que como norma natural no puede ser y porque una nación solo se independiza una vez y siempre de su metrópoli, está visto que esa diferencia de 23 años entre la independencia propiamente de la etapa de provincia de ultramar de la corona española y el arrojo de libertad institucional, que en la práctica significó la separación de Haití, se dio el vacío institucional, que de forma tan evidente a afectado la idiosincrasia dominicana.

Y es que esa diferencia de percepción de 23 años, e hija de aparentes historiadores  y uno que otro de ellos cónsul de potencias coloniales europeas que solo abogaban por los intereses de los países que representaban y otros fungiendo como secretarios de presidentes de la República, parecería, que fue la razón para que aquella aldea que pretendía ser país pero cuya mentalidad dependiente de sus habitantes hacia el vasallaje, no ofreció espacio para que desde el primer momento, los dominicanos españoles hubiesen podido labrarse su propia independencia de criterio y tener conciencia de país propio.

En razón de ello, el sistema español de castas sociales se le impuso con mayor fuerza a aquellos habitantes y con ese significativo giro hacia una especie de racismo social, que poco que mucho, generó conceptos tan errados de ciudadanos de primera o de segunda y lo que hasta ya entrado el siglo XX se mantenía como característica fundamental de aquella sociedad isleña, mientras al occidente de la isla, la raíz de la esclavitud originada en el comercio esclavo de miles de familias africanas y el que marcó y definitivamente, otro tipo de idiosincrasia, que en cierta manera determinó los abruptos cambios de criterio entre los dos pueblos y a cuyos habitantes, esa cierta “hostilidad tropical” de desencuentros de egos, no ha dejado que todavía nadie entienda cual es el verdadero sentimiento civilizador y civilista que debe imperar entre ambos.

Si lo anterior se entiende, entonces se podrá comprender y aun cuando fuere veladamente, por qué  la democracia dominicana, es una autoritaria y de gobernantes fuertes y dando como resultado, que la mayoría de los gobiernos han sido dictaduras de origen castrense, no propiamente militares y por aquello de que solo el concepto militar como tal, arrancó no menos cinco años antes de la anexión a España ( 1861-1865) e iniciándose el proceso desarticulador de la llamada época de “Concho Primo” en la que jefes tribales y sus seguidores, se convertían en gavillas de facinerosos prestos a responder al jefe correspondiente.

Con Trujillo es que esa etapa muere definitivamente y es con el presidente y generalísimo, que se crean las modernas Fuerzas Armadas nacionales y la misma Policía Nacional y las actuales, hay que precisarlo, son una sombra del esplendor y fortaleza que hubo en el pasado.

Asúmase y en la medida, que los políticos pasan de caciques civiles a presidentes totalitarios, la República experimenta y por lo menos en sus últimas 30 generaciones, a la situación actual, de una democracia autoritaria que da concreción a un Estado Policíaco y suplantador de un verdadero Estado de Derecho.

De este modo y en esa estamos y por eso el dominicano luce como si se le hubiese castrado su cerebro y que lo ha llevado a ser una persona -no tanto ciudadano- de mentalidad arbitraria que ama el poder de la fuerza bruta y que palidece y se humilla ante el poder de un gobierno y presidente autoritarios.

Lo más grave, que el estrecho ámbito de libertad individual que siempre se supone que existe dentro de sus clases intelectuales y periodísticas, por lo menos y en términos generales y en la actualidad, no se observa y en la medida que los miembros de estas dos clases desertan en sus condiciones de ciudadanos para ser amanuenses o sicarios del poder, el sistema democrático colapsa y un gobierno se roba unas elecciones y no existe voluntad ciudadana firme que le proteste y le haga volver sobre sus pasos y menos, una Junta Central Electoral que sepa aplicar la corrección que la ley impone para semejante situación de robo a gran escala de los resultados electorales.

Se tiene pues, el resultado previsible, de un proceso anárquico de disolución social y fundamentado en la fuerza bruta y el poder omnímodo de una sola voluntad presidencial, que para colmos y como producto de los estafados resultados electorales de febrero y mayo, ha dado pie, a lo más parecido a una dictadura de partido y como voluntad definida de una tiranía partidocrática que ha tomado por el asalto al Estado y de forma definida, desde el año 2000 al presente.

La institucionalidad se ha reducido pues, a lo trágicamente simple: A un estado policiaco en el que absolutamente ningún dominicano y al no comportarse como ciudadano y sí como vasallo, no solo que ha perdido su independencia de criterio, sino peor, su propia capacidad de pensar, hablar y disentir, mientras que su clase política “opositora” está totalmente integrada ($) a la corrupción desde el poder y desde el partido de gobierno y de la peor manera de cuando un obcecado e ignorante con poder, entiende que debe someter a toda la República.

Ahí está el mayor y crudo ejemplo de lo que decimos, un Poder Legislativo de farsantes y corruptos, aprobando ayer en el Senado, un Código Penal que tenía 20 años engavetado y que por lo que ha trascendido, es la justificación para el estado policiaco que se vive y del que se espera que el Poder Ejecutivo y si su incumbente sabe razonar y ver desde bien lejos el peligro de código tan infame, lo rechace de pleno.

Mientras esta situación tan anómala exista y no haya prensa libre y menos intelectualidad independiente, la República continuará de mal en peor institucionalmente y dando tumbos y de ese modo, la corrupción generalizada campeando por sus fueros. Nuestros lectores, esperamos que nos disculpen la crudeza, pero por cobardes, un grupito de ricos, gobierno y políticos nos han robado nuestra propia nación y lo que no debe ni puede ser.

Terminamos este análisis político de Estado y solo puntualizando: República Dominicana. ¿Un Estado Policiaco en vez de un Estado de Derecho y con un pueblo vasallo hasta la ignominia? Con Dios (DAG) 05.07.2024

 

 

 

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