miércoles, junio 19, 2024
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¿Resurgimiento del estado policiaco con serio atentado al libre tránsito y asesinatos policiales a troche y moche? ¿A quién es que le quieren imponer el terror y la afectación de las libertades públicas?

Se suponía, que, ya ganada la reelección a piñazos puros, pero ganada, el presidente Luis Abinader haría lo imposible porque la paz social retornara a los ciudadanos y la República empezara a retormar el camino del trabajo y de la paz.

Sin embargo y de buenas a primeras, la policía ha desatado una ola de atentados y crímenes de Estado contra ciudadanos de los tipificados como marginales y siempre expuestos al pillaje y criminalidad urbanos, con los que ha creado el escenario, de que el gobierno parecería que se encuentra ante el ataque de antisociales con fines de alterar la paz ciudadana y para que guardias y policías se sientan como si estuvieran sitiados y tengan que reaccionar viendo a los ciudadanos como posibles delincuentes.

Justo por ello y en la medida que pasan los días, se tiene la desagradable impresión, de que por lo menos, de los dos asaltos bancarios, el realizado en hora pico y en un local bancario en una de las principales avenidas capitaleñas, fue algo así como una puesta en escena de la misma policía  para tratar de convencer a la atrapada opinión pública, de que “la delincuencia se había salido de control” y al mismo tiempo, enviar al Poder Ejecutivo el meta mensaje subliminal, de que sus superiores también estarían dispuestos  en participar en la rabiosa lucha interna de militares y policías cada vez que hay un cambio de gobierno y mucho más del actual en funciones, que al pasar a uno nuevo reeleccionista, parecería que ha despertado un apetito desenfrenado en los sectores ocultos que controlan la línea de mandos castrenses y para imponer sus generales y coroneles en cargos de importancia estratégica.

Solo así se explica, que, desde hace unos quince días, las patrullas militares o policiales y en carreteras, estén actuando como si la República estuviera bajo estado de sitio e imponiendo un terror abierto entre quienes se trasladan de uno a otro lado del territorio nacional y lo nuevo, que, al abordar un aparato aéreo de una ciudad a otra, cuando se llega a destino, los agentes de migración tratan al pasajero dominicano como si regresara de otro país y afectándole su libertad de tránsito.

El miedo es tal, que ayer, al presidente Abinader, ninguno de los periodistas y comunicadores que asistieron a su rueda de prensa de cada lunes, ninguno se atrevió a preguntarle por esta grave situación de alteración de la paz pública y dando la impresión, de que efectivamente, esa especie de decreto-ley 1-24, realmente, no solo que preocupa a los ciudadanos sino que se tiene la desagradable impresión, de que en base al mismo, desde el gobierno se prepara un nuevo tipo de puesta en escena, que más haga parecer, que en vez de una renovación de la gobernabilidad democrática mejor entendida, se esté a las puertas de la imposición de un nuevo gobierno de parámetros rudamente dictatoriales o de fuerza bruta.

Cómo no hay ningún tipo de indicador oficial respecto a que la ola de crímenes policiales-delincuenciales es producto de algún tipo de casualidad y sí, como si desde el poder político, al querer hacer una reforma fiscal estructural a la brava, se quiera adelantar un nuevo tipo de mecanismo de defensa “y por lo que pueda pasar”, que entonces e inevitablemente, rumores y especulaciones se encuentren a la orden del día.

En lo particular, no se entiende tanto desafuero desde el poder, pero nadie olvida que el resultado del proceso electoral fue todo, menos limpio y si altamente fraudulento y aun así, todavía no se ha visto ningún tipo de rebeldía popular y mucho menos, cuando los miembros de la partidocracia y todos a una, están tratando de explicarle a los ciudadanos las razones de lo ocurrido: Fallas procedimentales de los partidos y en específico los opositores y lo que es una evidencia concreta de la complicidad opositora con el robo electoral perpetrado por el gobierno y su PRM.

Es decir, el gobierno, en vez de tratar por calmar enconos y ánimos, se nota como si a propósito quisiera una alteración ciudadana “más viva” y como justificación para desatar una fuerte represión en tres vías, contra los medios de comunicación y contra los partidos y contra la República e imponiendo una política de estado de sitio.

Si semejante cuadro de acciones indeseadas se presentara, no entendemos como el gobierno podría sacarle provecho, salvo que Abinader y actuando maquiavélicamente, quiera fabricar ese escenario tan desenvuelto y como una formula indirecta para y paralelamente, purgar a su gobierno y partido y reducir al mínimo cualquier tipo de protesta ciudadana.

De ahí, que entendamos más que prudente presentar este análisis político de Estado y con ribetes de especulación imaginativa  y como la mejor vía para que toda la nación se encuentre alerta, pues hasta ahora y por lo que está ocurriendo en materia de criminalidad y represión cuartelaria, nadie es tan tonto como para no entender, que algo extraño está fraguando el gobierno y al que habría que añadir la lucha interna de mandos militares y policiales para escalar posiciones claves en la línea de mando y a modo de premio por supuestas o aparentes lealtades durante el pasado proceso comicial.

También debemos advertir lo siguiente: Lo peor que le puede pasar a esta nación en el plano político, es que el gobierno maquine un accionar militar comprometedor con Haití y desde la frontera y antes de las dos semanas que restan para que la fuerza internacional militar de paz entre al país trasfronterizo.

Y lo que sería un grave error táctico y estratégico y si se tiene en cuenta, que cualquier operativo castrense, podría generar escaramuzas de guerra que le faciliten las cosas a militares ambiciosos, para ganarse a una atrapada opinión pública que solo aspira a que desde el poder se le de garantías de trabajo y paz y provocando entonces la entrada en escena, de militar con aspiraciones de político y caudillo, que, de presentarse, sería el tiro de gracia para el actual liderato político nacional.

Por lo tanto, también queremos alertar, que un movimiento de la especie que especulamos, reducirá nuestro sistema democrático de sesenta años e inevitablemente, hacia una fractura total y también, que de buenas a primeras y desde el cuartel surja y con complicidad palaciega, una copia al carbón de la dictadura militar de Bordaberry en el Uruguay, de los años de la pasada Guerra Fría y con la doctrina aquella de la seguridad nacional y las frontera movibles y que hiciera posible las tantas dictaduras militares en el Cono Sur. Alerta pues.

Al analizar a conciencia todo lo anterior, se verá que las preguntas siguientes no estarían fuera de lógica: ¿Resurgimiento del estado policiaco con serio atentado al libre tránsito y asesinatos policiales a troche y moche? ¿A quién es que le quieren imponer el terror y la afectación de las libertades públicas? (DAG) 11.06.2024

 

 

 

 

 

 

 

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