Ricos demasiado ricos

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Cuando en España se abre el debate para reducir la jornada laboral de las 40 a las 37,5 horas semanales hay un tipo en los Estados Unidos que presume de trabajar nada menos que 120. No lo dice por sacar pecho ante su jefe o pedirle un aumento de sueldo porque este individuo estajanovista no tiene superiores a los que reportar, él es su propio jefe. Dice que trajina 17 horas al día y que lo hace por un compromiso personal con sus empresas.

Con semejante nivel de laboriosidad cabría imaginar que sus homólogos tendrían una buena opinión de él como patrón, pero, todo lo contrario. Una encuesta entre empresarios le califica como uno de los peores ejecutivos de los Estados Unidos. Lo que sí gana es mucho, muchísimo dinero, tanto que resulta obsceno.

El tipo al que me refiero no es otro que Elon Musk, ese que fabrica coches eléctricos, naves espaciales y unos implantes cerebrales con los que pretende conectar el cerebro y las computadoras que, de momento, carecen de bendición científica generando esperanza y miedo casi en igual proporción. Musk se ha creado mala fama entre los directores ejecutivos norteamericanos porque promete muchas cosas, pero luego no logra conseguirlas, o al menos no tantas como alardea.

Una mala opinión de los CEO que no le impide tener millones de seguidores en redes sociales que le consideran un visionario que se anticipa al futuro. Lo que resulta evidente es que el mayor admirador de Elon Musk es el propio Elon Musk, encantado siempre de haberse conocido y vendiendo la imagen del empresario triunfador hecho a sí mismo.

Dice nuestra legendaria actriz Marisa Paredes que no solo se hereda la riqueza, sino también la pobreza, y el padre de Musk, lo que se dice pobre, no era. Ingeniero sudafricano cuentan que se hizo millonario al comprar una mina de esmeraldas y, aunque -según parece- tuvo sus baches financieros, el propio Elon confesó que en su infancia tenían tantos billetes que, a veces, no podían cerrar la caja fuerte.

Sin quitarle méritos, es evidente que algo sí ayuda el ser rico de cuna para alcanzar los niveles estratosféricos de prosperidad alcanzados por el promotor de Tesla y nuevo dueño de Twitter, ahora X, que le pusieron en la cima de los hombres más acaudalados del mundo. No hay, sin embargo, enemigo menor en su carrera por estar más podrido de dinero que nadie.

Un pequeño accionista, apellidado Tornetta y que toca la batería en un grupo de heavy metal, le ha rascado bien el bolsillo. Le denunció por enriquecerse excesiva e injustificadamente y una jueza de Delaware le decidió invalidar la paga de casi 56.000 millones de dólares que Musk se había puesto como responsable de Tesla. Es decir, un sueldo de 150 millones al día, algo más de seis millones de dólares a la hora, porque yo lo valgo.

Esa sentencia viene a alimentar la actual controversia sobre los excesos en la remuneración de los altos ejecutivos que llegan a debilitar la viabilidad de sus empresas. Este año, los resultados económicos de las compañías tecnológicas les han permitido pagar a sus directivos bonos millonarios. En la ola de la inteligencia artificial, entre Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta han ganado casi 100.000 millones de dólares durante el último trimestre del 2023, un 45% más que tres meses antes; eso sí, después de despedir a más de 200.000 empleados en el último año. Más beneficio, pero menos empleo.

En España los bancos también recortaron personal, cerraron oficinas y con los tipos de interés altos y la baja o nula remuneración de los depósitos, los cinco grandes han ganado 26.000 millones, es decir, más que nunca. Así cualquiera. Por: Carmelo Encinas [20Minutos]