Si las elecciones están marcadas por una alta abstención, estas hablarán de rechazo absoluto hacia la clase gobernante y cuando en el mismo país, los electores acuden mayoritariamente, se quiere un gobierno mejor

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Desde las elecciones de 1966 hasta las del 2020, son 54 años en los que hemos visto el ir y venir de resultados electorales, que en la mayoría de los casos son producto de las emociones descontroladas o desenfrenadas y de unos electores a los que el sistema mediático a manipulado de acuerdo con los intereses del sistema corporativo clandestino de ejercicio tras bastidores del poder político por parte de corporaciones, empresas y el sector financiero.

Dentro de semejante parámetro, es poco lo que puede dejarse a la imaginación y mucho lo que se extrae de enseñanza respecto al nivel de distorsión de la realidad al que el país político es sometido y de lo que al final y por la más o menos capacidad política de los electores, resultaría en un amoldamiento de la realidad, pero a los intereses que se conjugan en unos resultados electorales determinados.

Es por eso por lo que los gobernantes siempre son de estilos diferentes, unos autoritarios blandos democráticos y otros, autoritarios duros, militaristas y dictatoriales y en el medio, los destellos siempre cortos, de actores políticos y sociales, quienes, en su romanticismo, creen que de algún modo pueden guiar a la ciudadanía con un guante de hierro cubierto de terciopelo y del que apenas el público se da cuenta de sus efectos traumáticos sobre la voluntad colectiva, la que es guiada como si experimentaran un cierto adormecimiento de su voluntad.

Por ejemplo, desde el 1996 al presente, hemos pasado por un gobierno blando y por su compromiso transaccional con el anterior y el que luego se perfiló con otro emocionalmente inestable y de un soñador, quien creyendo que el poder se podía manejar de relajo, al corto tiempo vio palidecer sus ansias de continuidad.

Luego vino y como un arrebato publico contradictorio de pretender algo diferente, pero de futuro, cuando sucedió la etapa y sin duda progresista y traumáticamente corruptora, del paso del PLD por el poder y pasando un poco después, a uno supuestamente social demócrata, pero de pura raíz de pequeña burguesía dispuesta a todo con la finalidad de escalar social y económicamente.

Y dando paso entonces a una mezcla de gobierno seudo democrático de raíz plutocrática y el que ahora, parecería que va la desesperada tratando de ganar su probable continuidad hasta el 2028 y no es que la misma precisamente esté en veremos, sino que las ansias mercantilistas de esa parte de la pequeña burguesía y luchando entre ella misma, por momentos da la impresión, de que en pocos meses el panorama político electoral pudiera cambiar de manera tan crispante y para toda la clase gobernante, que absolutamente ningún actor, partido o político pudiera garantizar para sí, un resultado electoral medianamente oportuno y eficaz y de lo que todavía ninguno ha caído en cuenta.

¿Y esto por qué?, porque cada día, la parte negativa de los individuos y fuerzas políticas fuera de control, no dan espacio para que ahora mismo se pueda entender que se tendrán unos resultados, que realmente favorezcan la institucionalidad democrática y por el colapso de miras de la clase política.

En otras palabras. En el 2020, el actual partido gobernante, ganó y por el empuje de la personalidad casi magnética de su candidato presidencial y la figura refrescante de su candidata vicepresidencial, pero ganó a un costo duro, de un 35 por ciento de abstención electoral y la que y por las discrepancias existentes dentro del propio poder y sus choques con los intereses del gobierno corporativo clandestino, generó momentos en los que parecería que todo se iría al fracaso total.

Solo hay que recordar, aquello de la suspensión de las elecciones y porque supuestamente la Junta Central Electoral “detectó” errores de bulto en las máquinas de voto electrónico y lo que en realidad sucedió, porque el gobierno corporativo clandestino se dividió y al extremo, de que unos querían la continuidad de lo que había y otros, el cambio que se había anunciado y si este último pudo luego ganar y salir hacia adelante, se debió, a que el actual presidente de la República, enterado de la ocurrencia, realmente le dio una pela de lengua amenazante al presidente del pleno del tribunal electoral de primera instancia y el que apoyado y repetido desde la Plaza de la Bandera por los agentes periodísticos que se tiraron encima impedir el fracaso electoral, esas dos circunstancias generaron el repliegue táctico, que permitió que ese candidato presidencial ganara los comicios.

Pero ahora la situación es distinta. Pues marca, que la abstención podría ser mayor el 16 de mayo de 2024 y que de suceder, la continuidad gubernamental actual pudiera quedar en veremos o que el fenómeno abstencionista y marcado desde la Oposición con ese 37 por ciento de rechazo que tuvo el candidato de la Fuerza del Pueblo, se reconvirtiera en un rechazo total a todo el proceso electoral en sí.

Lo que significa, que serán los candidatos presidenciales y no sus partidos y por lo que estos digan o prometan y su mayor o menor grado de credibilidad, los factores determinantes que harán que el electorado marque el derrotero a seguir.

En este sentido, el que de los candidatos presidenciales gane por la mínima, lo que se tendrá, será un gobierno nada representativo y sí minoritario y por el cual, la gobernabilidad sería una especie de albur.

Sin embargo, si la situación presente da un giro marcado por un abrumador porcentaje de más de un 70 por ciento de votantes, al menos en la primera vuelta, seguro que entonces los candidatos de primero y segundo lugar, tendrían mejores posibilidades y el gobierno que se logre y sin importar las banderías políticas, sería uno, marcado por un electorado mucho mayor que todos los simpatizantes o miembros de todos los partidos políticos que concurran a las urnas y lo que significaría que los nuevos poderes resultantes y el mismo gobierno corporativo clandestino, tendrían que frenarse y entender, que del 2024 al 2028 y por primera vez, habría un gobierno nacional auténtico que se le impondría en sus decisiones  a la bizarra clase gobernante que se tiene y en función de una hecho real, que como ningún otro, será legal y legítimo, pero teniendo el peligro, de que ante tanta situación de poder abrumador, pudiera dar un peligroso giro hacia la dictadura constitucional plena.

¿Cómo lograr evitarlo?, confiando, que, si una mayoría nacional se le impuso a la partidocracia, a los poderes fácticos y al gobierno corporativo clandestino, esos ciudadanos hagan conciencia, que son ellos y no nadie más los que tienen que hacerle contrapeso a la nueva autoridad nacional e imponiendo un Poder Legislativo y otro Municipal, en el que la partidocracia no sea la determinante y sí la voluntad nacional expresada en la abrumadora mayoría que fue a las urnas, no por fidelidad a las desacreditadas bandería políticas y sí por tener fe en la República.

Así se podrá tener, que, por la fuerza popular y ciudadana, ningún poder podrá prevalecer sobre el otro y los tres tendrán que someterse, a una nación, cuyos ciudadanos habrían hecho conciencia y decidido ser los dueños y guías de su propio destino. Es posible que este análisis político de Estado y por su misma dialéctica innovadora genere interpretaciones diversas, pero sí estamos seguros, de que para el año que viene, la fuerza del votante independiente a todos los poderes públicos y privados y como nunca, será el factor que decidirá quién gana o pierde la presente carrera electoral.

Mientras tanto y como ejercicio mental, dejamos y este nuestro aporte, el primer paso hacia un pensamiento ciudadano mejorado.  Que, si las elecciones están marcadas por una alta abstención, estas hablarán de rechazo absoluto hacia la clase gobernante y cuando en el mismo país, los electores acuden mayoritariamente, se quiere un gobierno mejor. Con Dios. (DAG) 16.05.2023