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Siempre había ocurrido, que ir a elecciones era un riesgo institucional grave y por el alto grado de trampas y engaños que las mismas encierran…

De acuerdo con lo que ha trascendido, es la Junta Central Electoral (JCE) la responsable y origen de la dictadura partidocrática que domina las instituciones y lo que desde hace unas horas se ha comprobado y con el hecho, de que, a resultas de las reservas de candidaturas, los partidos políticos se garantizan sí o sí, contar con candidatos gananciales suficientes como para lograr continuar como entidades legales y legítimamente reconocidas.

Se trata de un esquema de fraude descomunal, que permite, que no menos un puñado de 5 mil candidatos a todos los cargos de elección municipales, congresionales y presidenciales y antes de ir a los comicios, se encuentren garantizados, de que sin importar por quienes los electores se decidieran, este grupo logrará pasar el filtro de unas “elecciones” absolutamente amañadas y tramposas, que no dejarán dudas, respecto a que los electores no han tenido poder de decisión en los resultados que se anuncien.

Más bien, de lo que se trata es de un proceso electoral mostrenco dirigido a que los amigos de los jefes políticos sean los que se beneficien y como pago por haber facilitado las cosas para que el liderato político continue reciclándose y nunca alternando con nuevas figuras.

¿Por qué ocurre esta perversidad?, porque los electores han entregado su libre albedrío a partidos y formaciones políticas que no les representan y en razón de su falta de preparación de responsabilidad social, política y ciudadana hacia su misma nación y la que es avivada por ese sistema mediático tan prostituido que sirve a la partidocracia y con el interés de garantizarse y sin importar quien gane las elecciones, los miles de millones de pesos, que los partidos y ya como controladores de los tres poderes del Estado, que a su vez están unidos entre sí, les facilitarán y como instrumentos de imposición de la continuidad de dictadura partidocrática que pervierte el sistema político dominicano.

Ya no es asunto de que se vivía en la dictadura “más cruel de toda América” en los 31 años de la Era de Trujillo, sino que, en los últimos 62 años y tres generaciones nuevas, la oligarquía tradicional con sus diez familias logró recomponerse como grupos “democráticos” de poder con las etiquetas de partidos políticos.

Habiendo logrado, que la primera generación del total de los 8.5 millones de dominicanos nacidos contando desde junio de 1961 y a partir de 18 años luego en 1979, colocaran la zapata de lo que ahora y continuando hasta este mismo 2023, es de hecho un endemoniado y corruptor sistema político que se destaca por una ausencia absoluta de participación libre de los ciudadanos electores y a cambio de ser arrastrados hacia los niveles de corrupción y amoralidad que a la fecha existen y que no garantizan a lo absoluto, que en este país y siquiera por una vez en todo este lapso, haya habido elecciones auténticamente libres.

Pero lo de ahora, sin duda que es la negación a lo absoluto del libre albedrío, obteniendo la partidocracia, que los ciudadanos, sencillamente se dejen comprar y esclavizar sus sentidos y tanto, que con solo escuchar o mirar los programas de radio y televisión o entrar a las infames redes sociales vía internet y la manipulación vergonzosa que ese periodismo mercancía realiza, se entiende por qué República Dominicana no es una nación libre y que su sistema político no sea realmente objetivo.

Justo por ello es, que en este país, ese sistema no ejerce función alguna de contrapeso de los demás poderes públicos y que por lo contrario, todo sea una pantomima dirigida por toda una dirigencia política fosilizada , que sabiendo que lo tiene todo bajo control, ciertamente que impone una dictadura partidocrática, que en todos los sentidos es peor que la de la época trujillista y tanto, que si se contabilizan los muertos por política en el trujillato, que no llegaron a dos mil sacrificados en los 31 años, ahora en estos 62 años “de democracia”, fácilmente se pueden contabilizar no menos de diez mil individuos asesinados por no pensar con “la corrección política” que la partidocracia demanda.

Sí hay una diferencia. Esa, de la existencia de medios de comunicación y de información de masas, que en gran mayoría son la especie de armas de reglamento de esta nueva dictadura y la que vía la autocensura y la persecución política solapada, trata de impedir que los pocos medios y periodistas auténticamente independientes en su libre albedrío, pudieran comunicar sin favor ni temor y proyectar la realidad, de esta nueva dictadura, que hasta ahora ha logrado que el dominicano sea más dependiente que nunca antes del Estado y sin importar que se sea rico o pobre, adinerado o pequeña burguesía.

Y es así, con semejantes carencias, es que la “democracia” criolla pretende ir hacia un nuevo periodo eleccionario y del que acabamos de ver como la JCE ha apadrinado las reservas de candidaturas que serán impuestas y sin importar lo que digan, quieran o hagan los potenciales electores, a los que como ya hemos visto, se les niega rotundamente que ejerzan su libertad de escogencia para decidir quiénes serán los otros ciudadanos que podrían dirigir los destinos nacionales, tanto en los procesos internos partidarios de escogencia como en las elecciones en sí a nivel nacional.

Sin duda, el panorama que se presenta es absolutamente desalentador, pues si se la deja continuar, la partidocracia continuará imponiéndose cuatro años más y provocando una ruptura o disociación total. ¿Qué hacer?, imponer la abstención lo más masiva posible para que todo el aparato político se descalifique  y que por la falta de representación electoral, legal y legítima, el gobierno, las cámaras legislativas o los ayuntamientos que surjan tengan que verse obligados a propiciar nuevas elecciones o en su defecto, que una mayoría ciudadana imponga la renovación total de nuestro sistema político civil y si se quisiera evitar el último paso que faltaría ante tanto desmanes: La imposición de una nueva forma de gobierno que haga tabla rasa con todo lo existente e impulse a la nación hacia nuevos derroteros de democracia real y participativa y aun cuando el costo inmediato fuera un gobierno autoritario castrense de salvación nacional.

O, lo impensable, que el actual presidente Luis Abinader, apele a la nación, a lo mejor de su ciudadanía y se sacrifique imponiendo un nuevo gobierno civil y democrático sin partidocracia y sin los elementos perniciosos que han hecho de nuestra nación una republiquita bananera de la peor especie.

Pues al comprobarse, que siempre había ocurrido, que ir a elecciones era un riesgo institucional grave y por el alto grado de trampas y engaños que las mismas encierran, pero que ahora y con lo de las reservas de candidaturas, se aniquila totalmente la libertad de escogencia como de elección y como nunca había ocurrido. (DAG) 29.06.2023

 

 

 

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