Tiempos tan impredecibles, que hechos ocurridos en el exterior y como nunca condicionan la vida de este país. Ayer la guerra en Ucrania y ahora la quiebra bancaria en EEUU

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Desde hace más de seis meses hemos estado advirtiendo, que de descontrolarse el mundo fuera de nuestras costas y en particular en Europa y ni que decir en todo el mundo con la guerra comercial entre Occidente y Rusia, tarde o temprano los dominicanos experimentaríamos una de sacudidas estructurales en nuestro sistema político y también en el económico, que posiblemente cambiará hacia peor el destino inmediato de la República.

En este sentido, ya hemos visto como nuestra economía empezó a experimentar ciertas sacudidas nada episódicas en todo lo relativo a la carestía de navíos de carga portadores de nuestras compras de mercancías en China y que unido al aumento dimensional de los fletes, de golpe se presentó la amenaza de que los productos a vender en el mercado criollo podrían aumentar significativa y descontroladamente sus precios y con ellos un nivel inflacionario francamente preocupante de cara a la gobernabilidad.

Por eso fue, que como no se esperaba la guerra en Ucrania y solo se estaba atento a los efectos de la pandemia y la que, de suyo, nos afectó sensiblemente, desde hace un año navegamos en las aguas procelosas de una inestabilidad económica que realmente no permite que se pueda ser todo lo optimista que se quisiera.

De ahí que el nuevo gobierno iniciado en agosto de 2020 debió dejar a un lado todas sus promesas de campaña y abocarse a lo inmediato a tratar de preservar lo más posible las vidas e intereses de los dominicanos.

¿Qué ayudó al nuevo régimen?, el involucramiento personal del nuevo presidente, Luis Abinader, quien de inmediato entendió sus prioridades de control sanitario y generando una nueva política económica en base a enfrentar lo que de problemas se presentaran a lo inmediato y cómo fue su exitoso mecanismo de especializar el presupuesto público en lo preciso para que la población experimentara las menores incomodidades y desafíos.

Y ciertamente que se logró, esta nación y su economía y muy por encima de otras, fue de las primeras de salir triunfante de los efectos de la pandemia originada en el Covid-19 y gracias y lo que debe recalcarse, a las medidas de emergencia decretadas por Abinader y comenzando por compras masivas de vacunas que fueran directas a preservar a las fuerzas vivas de la nación y de una catástrofe sanitaria y económica que como país nos hubiese puesto de rodillas.

Lo grave ha sido, que, al estallar la guerra ruso-ucraniana en febrero del año pasado, no fue que solo experimentamos en los meses siguientes una pérdida sensible de 400 mil turistas provenientes de ambos países eslavos y su relacionado monto millonario en pérdidas para la economía, sino que, de improviso, el gobierno debió de idear sobre la marcha nuevas medidas económicas y financieras que nos ayudaran a enfrentar los primeros efectos de semejante conflicto y en esa estamos.

La nueva guerra y su variable de guerra económica de sanciones drásticas contra Rusia, originó lo inverso de lo que en la Unión Europea se pretendía: No afectar la economía rusa y como ya se ha visto, sí de afectación grave de todas las economías europeas y por consiguiente la relación de las mismas y contra economías y que en el caso dominicano, ya hemos visto que ha habido una relación comercial de freno y para no hablar de estancamiento y no obstante que intereses económicos comprometidos con la UE hablan de que supuestamente hubo un incremento de 239 millones de dólares en la balanza comercial y para un intercambio de 2,515 millones, conociéndose que si el factor guerra no se hubiese presentado, los montos se hubiesen duplicado.

Esta situación es tal, que es evidente, que la guerra económica global empieza a darnos duro y en particular el incremento casi imposible de controlar de la inflación, y en una economía de salarios miseria y bajo poder adquisitivo de la moneda dominicana, más lo peligroso de que pudiera darse un estancamiento con inflación y que se está tentando con la nueva escalada de aumento de los precios en los productos de consumo básico.

Así entramos a un panorama nada promisorio: El efecto político del tambaleo económico estructural y que en una nación donde el oficio principal de los dominicanos es vivir de la política, esto es, de los cargos públicos y los privilegios que de ello se derivan y que lo saben también la parte del millón de dominicanos que directamente se benefician de los suplidores del Estado y los contratos de bienes y servicios con este.

Para colmos y paralelamente, se está en un abierto clima preelectoral, mediante el cual, todo el mundo y comenzando por los políticos y sus lideres, empiezan a sacar cuentas y cálculos y para ver cómo se engañan a sí mismos robándoles recursos al mismo Estado y al que ellos como contribuyentes, les pagan sus impuestos.

Desde luego, si lo anterior fuera el defecto, este sería y menor, si como se está viendo y en la medida que los conflictos del exterior aumentan y en particular los que atraviesa el estado fallido de Haití, que no se pudiera decir que la situación social no se agravará y mucho más, si la guerra se extendiera a todos los continentes y en particular a la Cuenca Caribeña.

Es por ello, que al no perder la perspectiva global de lo que ocurre, pensemos en la probabilidad, de que la carrera electoral se disloque y debido a semejante contingencia, la paz social se pueda ir a una situación de peligro estructural absoluto.

Es como si hubiese una criptica danza de las horas, por la que ninguna nación y economía pudiera decir que saldría mínimamente bien de los conflictos que se suscitan y entonces, ahora viene lo de la sorpresiva crisis económica estadounidense de al menos dos bancos, uno mediano y el otro regular, pero ambos significativamente importantes para el giro que la economía de nuestro primer socio comercial presente y lo que sería de un impacto brutal para la economía dominicana y por la íntima relación de ambas.

Al final y de cara a nuestros intereses, lo sensato debería de ser, que los dominicanos nos anduviéramos con cuidado y mucho más los que dirigen la economía, la clase gobernante y el gobierno, pues al menor descuido y por lo que se está viendo, ya que creemos que el panorama está siendo agravado por hasta ahora ocultos estrategas estadounidenses, que entienden, que si el resto del mundo se hunde, EEUU se salvaría y sería mucho más poderoso, pensamiento de tan grave insensatez y como es esa de que se pudiera aplaudir, que por la guerra desatada, la mitad del mundo se destruyera.

En consecuencia, nos permitimos decir, que estamos en tiempos tan impredecibles, que hechos ocurridos en el exterior y como nunca, condicionan la vida de este país. Ayer la guerra en Ucrania y ahora la quiebra bancaria en EEUU y de seguir a peor y eventualmente, el colapso de nuestra débil gobernabilidad. Ojalá que quienes dirigen este país, vean el tremendo problema que se nos viene encima. (DAG) 15.03.2023