viernes, diciembre 9, 2022
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Todo gobierno siempre tendrá fallas y malas pulgas, pero peor son los expresidentes ahora opositores, reclamando correcciones cuando a ellos poco les importaron las opiniones de los ciudadanos

Cuando se hace un ejercicio reflexivo sobre el comportamiento de los políticos y tanto como gobierno y luego como oposición, se comprobará que a todos o a la mayoría, poco les importa la opinión ajena y siempre y cuando cuenten con el arrastrado factor mediático que por puro calculo e intereses hace como que les sirve.

Por ese comercio de imagen trunca, el ejercicio de la política del poder en este país es uno de espejos rotos donde nada es lo que aparenta, al tiempo que de manera abusiva se afectan los derechos de los ciudadanos y tanto en uno como en otro sentido.

Ahora mismo, hay toda una serie de reclamos y quejas, hipócritas y falsos la mayoría, por los que a propósito de la grave inundación que afectara al Gran Santo Domingo y de la que todavía los ayuntamientos respectivos no han hecho ni siquiera mínimamente para corregir tanto daño material, que rápidamente ciertos expresidentes y lideres opositores hacen como que se desgarran las vestiduras y haciendo creer que se muestran adoloridos “por la tanta destrucción generada por la mala previsión y actuación del gobierno” y lo que realmente no debía de ser, toda vez que a quien primero tenían que reclamarles es a sus partidos, que controlan los ayuntamientos y los que por incapacidades e incompetencias también han sido afectados.

Sin embargo, como lo que se quiere es dejar en ridículo al gobierno central y en específico al presidente Luis Abinader, expresidentes como Leonel Fernández y de demagogo y también irresponsable, insiste en cargarle las culpas al presidente potencialmente a favorecerse por una reelección constitucional que le compete, cuando lo correcto debió de ser, que Fernández le reclamara a sus regidores y alcaldes en sus ayuntamientos, que tienen el deber de enfrentar la anómala situación.

Y lo que es una muestra significativa del manejo falso y dañino de la mayoría de los políticos opositores y quienes en vez de ir en auxilio de la ciudadanía y en base a los propios recursos millonarios que sus partidos disponen como subsidios o porque crearan sobre la marcha planes de emergencias dentro de los ayuntamientos que controlan, prefieren confundir a la atrapada opinión pública, la que prisionera del desvergonzado y corruptor factor mediático, se las ve y se las desea para ver y entender el grave problema de emergencia sanitaria que tantas aguas han creado.

Véase por ejemplo y en el caso del adinerado político y expresidente cabeza del partido La Fuerza del Pueblo (FP) que perfectamente este pudo efectuar un principio de ayuda ciudadana, ordenándole a sus cerca mil abogados en ejercicio que son miembros de su partido, a que crearan una mesa de auxilio legal técnico, que favoreciera a los cientos de dueños  de vehículos de motor, a los que las aguas desbordados han afectado seriamente y como solución temprana para verificar si sus seguros les favorecían frente al daño recibido.

En vez de ofrecer ese servicio comunitario, Fernández aprovechó la situación para írsele al cuello a Abinader y reclamando acciones, que en puro derecho le correspondían a lo inmediato a los alcaldes y ayuntamientos implicados.

Aun así, el tiro le salió por la culata, dado que el presidente y desde el primer momento– hablamos de las ocho de la mañana del sábado siguiente- estuvo delineando los planes de emergencia a realizar y para la tarde, no conforme con la labor realizada, el primer mandatario salió a las calles a constatar la situación y fundamentalmente, a darle apoyo moral a los afectados y lo que contrastó con la forma “torcida” que tenía Leonel Fernández para este tipo de casos y lo que se comprobó con las inundaciones fronterizas del río Blanco donde los daños materiales fueron cuantiosos y las pérdidas de vidas humanas, ocasionadas por la improvisación de aquel presidente y al que el diluvio lo pilló allí mismo en plena campaña electoral, que no hiciera nada y previamente para enfrentar la contingencia.

Pero es ese mismo individuo y de descarado, que ahora acusa a Abinader y a su gobierno de improvisación y lo que por obligación hay que tirárselo en cara, por lo menos, para que entienda que existimos periodistas y medios que no olvidamos y que llevamos registro de todo.

Abinader y con sus más y sus menos, sabe sincerizarse con la población y por eso la gente le acepta y aplaude. Es verdad que como humano no es perfecto. Por ejemplo, conocemos de casos en los que el presidente ha comprometido su palabra para resolver un abuso de poder y sin embargo, pasa el tiempo y su apoyo no se concretiza. Y aun así se le siente que no es malvado y tampoco ruín y lo que le salva de una crítica acida. Pero Leonel Fernández, no. Es la maldad y el resentimiento personificados y siempre utilizó su poder para destruir y aplastar, mientras ante los ricos se les habría de par en par.

Ya mismo y como LF cree que podría volver a la presidencia, hace todos los amaracos habidos y por haber para que la mayor cantidad de gente le acepte y ahí su gran falla, pues todos le conocemos lo tartufo y falso que es, tanto, que hasta la mujer le salió huyendo.

Cómo contraste, de Abinader en estos momentos, todos queremos que sea más diligente, que aparte a tanto incompetente e incapaz que tiene en diversos cargos públicos y que le hacen daño y sobre todo, que siempre se mantenga sincero y con el corazón en la boca y haciendo todo cuanto de realizaciones positivas su inteligencia le haga asumir y como lo está haciendo ahora, apurando el tiempo y para que el “dobleplay” que los efectos de Fiona por un lado y del diluvio por el otro, han ocasionado y pueda resolverlos lo más rápido posible y tanto cómo su mamá en su intimidad y al rezar, le ruega a Dios.

De ahí, que en términos generales digamos, que todo gobierno siempre tendrá fallas y malas pulgas, pero peor son los expresidentes ahora opositores, reclamando correcciones, cuando a ellos poco les importaron las opiniones de los ciudadanos. Con Dios. (DAG)

 

 

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