En pleno vuelo rumbo a la cumbre de la OTAN en La Haya, el presidente de EE. UU., Donald Trump, lanzó otra de sus pullas características: “España se ha convertido en un problema”. El motivo, según explicó, es la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a comprometerse con el nuevo techo de gasto militar que la Casa Blanca impulsa.
Según la agencia EFE, Trump quiere que los 32 aliados acuerden destinar el 5 % de su PIB a Defensa. No es un número cualquiera la propuesta prevé que 3,5 % vayan a tropas y armamento y otro 1,5 % a infraestructura crítica, ciberseguridad y demás partidas estratégicas.
El plan ha encontrado un muro en Madrid. España consiguió el fin de semana una “vía de flexibilidad” con el secretario general Mark Rutte y se aferra a un compromiso del 2,1 % del PIB para cumplir con los objetivos de capacidad. Hoy gasta apenas 1,24 %, el porcentaje más bajo de la Alianza.
Para poner la bronca en perspectiva, la meta histórica de la OTAN era un modesto 2 % fijado en 2014. El empuje de la guerra en Ucrania-Rusia elevó la media europea-canadiense a 2,02 % en 2024 y llevó a 23 países a rebasar esa cota. Saltar ahora al 5 % supone, en la práctica, cientos de miles de millones extra cada año y un calendario exigente: 2035, con revisión en 2029.
El discurso de presión viene acompañado de dudas sobre la cláusula de defensa colectiva. Trump insinuó que su compromiso con el célebre Artículo 5 “depende de la definición”, un recordatorio de que, detrás del debate porcentual, late el temor a que Washington reduzca su paraguas si Europa no paga más.
En La Moncloa responden que un salto inmediato al 5 % implicaría recortes sociales o subidas de impuestos que el Ejecutivo no está dispuesto a asumir. Las Fuerzas Armadas españolas, dicen, pueden alcanzar sus objetivos con el 2,1 % y una modernización inteligente de capacidades. Bruselas, en cambio, no oculta su escepticismo: algunos diplomáticos advierten que las cifras de Sánchez “no cuadran” con los proyectos clasificados de la OTAN.
Mientras tanto, otros aliados miran de reojo. Francia y Alemania han prometido acercarse al 4 %, Polonia ya gasta más del 4 % y los bálticos rozan esa cifra, conscientes de la amenaza rusa. Si España mantiene su veto, corre el riesgo de quedar políticamente aislada y de perder contratos industriales ligados a la cooperación defensiva europea.
Con la cumbre a la vuelta de la esquina, el choque ilustra el dilema de siempre: ¿quién paga la factura de la seguridad transatlántica? Trump aprovecha el momento para erigirse en cobrador a domicilio; Sánchez, por su parte, apuesta a que la OTAN nunca dejará de lado a un socio estratégico como España. El desenlace y el tono final del comunicado dirán si la “flexibilidad” pactada basta para apagar el fuego o si, como advierte el presidente estadounidense, España seguirá siendo “el problema” que ensombrece el estreno del nuevo objetivo del 5 %.





