Una cosa es el discurso de un expresidente de la República en campaña y otra, la soflama incendiaria electoralista de un candidato presidencial opositor. Sin embargo, a veces hay coincidencias y producto de la percepción generalizada

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Decir que el expresidente-candidato, Leonel Fernández, hubiese descubierto el helado en palitos y porque ayer expresó que a su criterio y del que no está nada errado, que el presidente Abinader con sus últimas decisiones políticas de Estado “esté generando enojo e ira popular”, sería tratar de hacer un choteo que realmente no se corresponde y dado que lo expresado por el también presidente del partido Fuerza del Pueblo (FP) en cierto modo, tipifica el sentir de millones de dominicanos e independientemente de la bandería política en la que se encuentren.

Tanto es así, que nuestros lectores son testigos, de que, en este medio independiente a todos los sectores políticos y económicos, tenemos varios días machacando con la perturbadora perspectiva de entender, que no comprendemos la razón de que de buenas a primeras en el gobierno y en el PRM se hallan lanzado a ese derrotero suicida de ganarse enemigos o inconformes a como dé lugar.

Incluso, conocedores de nuestro peso de opinión y como dice nuestro lema, de que “los que influyen no dejan de leernos”, tratamos y sin perder nuestro derecho a expresar nuestra verdad, por tratar de contribuir al dialogo o debate lo más sosegado posible y al estar conscientes, de que cuando se está en campaña electoral, siempre existe esa tendencia tan humana de que los candidatos se dejen desbordar por sus propias emociones y pasiones y tal como está sucediendo, ahora haya esa terrible sensación y sentimiento de encono y crispación generalizada.

En este momento por ejemplo y ya a 19 días de las elecciones municipales, que serán claves y determinantes, respecto a los resultados que se tendrán en las elecciones presidenciales y legislativas del 18 de mayo, estamos observando y con mucha preocupación, cómo determinados actores político y sociales les está entrando una especie de calambrina y como paroxismo casi fuera de control y en la medida que cada uno o sector, siente que no las tienen todas a favor o porque tampoco quieren reconocer que sus mensajes no llegan a la población, que los rechaza.

Y porque esto suceda, necesariamente no quiere decir que determinada bandería o candidato “ya perdió los comicios”, cuando en realidad, ahora es que la parte final de la campaña electoral empieza acentuarse.

Nos preocupa y mucho, que el sosiego y la compostura lo están perdiendo los agentes políticos, todos provenientes de la clase media o pequeña burguesía arribista y quienes, por su afán extremo de subir en la escala social, asumen, que si sus candidatos son ganadores, ellos podrían lograr cuatro años seguidos de esa prosperidad tan cuestionable e hija de la corrupción política, que a todos atrae.

Porque no nos engañemos, salvo los candidatos presidenciales, que tienen otros intereses más cercanos a los propios de Estado, la mayoría de los candidatos a los demás cargos de elección, son individuos, que si no logran las posiciones que quieren a resultas de voto directo en el Poder Legislativo o en el Municipal y los adyacentes o colaterales en el Poder Ejecutivo, fácilmente que se desesperan y cometen errores de bulto, que después y cuando ya no haya tiempo, ven perdidas sus aspiraciones y de suyo, cada una legítimas.

Al mismo tiempo, también observamos con preocupación, como las ambiciones de los barones mediáticos y ahora no solo como los dueños de los tradicionales medios de comunicación e información escritos o electrónicos, sino como los financiadores o propietarios a ocultas de la mayoría de los lupanares mediáticos en internet y todo ese batallón de bots -digitales y físicos- y estos últimos como productores y comentaristas en la radio y en la televisión, quienes se han lanzado con todas para lograr afectar la libertad de escogencia de los electores y en el sentido de hasta inducirles a actuar en contra de sus mismas ambiciones y que para nosotros, es el mayor peligro que nuestro sistema democrático confronta para la preservación de la pureza de la intención del votante.

Pero también hay otro grave peligro y casi “institucional” desde el proceso electoral de 2020 y por parte, nada menos que del tribunal de elecciones de primera instancia, la Junta Central Electoral (JCE) de que, así como pervirtió y dañó las elecciones de aquel tiempo, posponiéndolas con un pretexto baladí, igual pudiera hacer ahora y mucho más, cuando por una prueba de elecciones recién efectuada, su sistema electrónico de conteo electoral volvió a fracasar.

Entonces, los ciudadanos estamos ante una grave disyuntiva: Por un lado, la JCE y sus posibles trampas y sabotajes y por el otro, la evidente incapacidad de ciudadanos y agentes políticos y políticos de oficio para saber dominarse y actuar con la racionalidad debida, mientras al mismo tiempo, el espectro mediático, empieza ya y claro, con poquísimas excepciones, por perturbar la paz social afectando el buen juicio de las personas y en su calidad y capacidad como electores.

De ahí que nos preocupe el lenguaje de los candidatos presidenciales y de sus equipos de propaganda, pues si el mismo cae en descontrol absoluto, la República no tendrá las elecciones libres y limpias que la mayoría de los dominicanos deseamos.

Nuestro llamado pues, va dirigido al presidente-candidato Abinader como a los expresidentes Mejía y Medina y en particular, al expresidente-candidato Fernández y al alcalde-candidato presidencial, Martínez, a que sin importar sus legítimas aspiraciones de ganar los comicios, tengan muy en cuenta el peligroso ámbito de crispación que sus seguidores y propagandistas están imponiendo y que junto a las marrullas del sector mediático, ese que siempre tiene que ganar en todo, por sentido común deben frenarse y respetar la libertad de escogencia de los ciudadanos electores.

Al plantearlo, simplemente estamos puntualizando que, una cosa es el discurso de un expresidente de la República en campaña y otra, la soflama incendiaria electoralista de un candidato presidencial opositor. Sin embargo, a veces hay coincidencias y producto de la percepción generalizada y lo que preocupa. Con Dios. (DAG) 29.01.2024