Que el presidente de la República hubiese salido a EEUU en un viaje de dos días para buscar apoyos institucionales que coadyuven a que su gobierno pueda sortear su difícil situación, de que una significativa mayoría de sus conciudadanos que recelan o no aceptan su proyecto de reforma constitucional y que alarmados, han empezado a presentar un frente común con lo que se entiende su política favorable a hacia Haití, de hecho y abiertamente entendiéndola como una de traición a nuestra nación.
Sin duda, es un inquietante caso de un país dispuesto en muchos aspectos a destrozar la gobernabilidad y prepararse y si fuera necesario para que, por todos los medios, impedir que el gobernante se atreva a tomar decisiones de Estado que solo beneficien al país del que su gobierno es lacayo: EEUU.
De acuerdo con nuestras fuentes, en Washington y en principio, no se había planificado que después de su viaje a Puerto Príncipe, el saliente secretario de Estado Antony Blinken, visitara hoy la capital dominicana y lo que ha ocurrido, al entenderse allí, que Abinader se siente entre la espada y la pared en un asunto de supervivencia política propia y de enfrentamiento frontal abierto entre la nación y su gobierno plutocrático asociado a la burguesía haitiana.
En este sentido y que se conozca, es la primera vez que un gobierno dominicano ha caído tan de rodillas frente al llamado “primer socio comercial” y al extremo, de que acorralado como se encuentra, el secretario Blinken ha tenido que venir y haciendo de bombero, para ver hasta donde la situación pudiera ser sobrellevada.
Es por ello, que apresuradamente desde el Departamento de Estado han enviado una “misión de expertos”, encabezada por el exembajador estadounidense, James -Wally- Brewster y con el solo propósito de que el ahora traficante de influencias y miembro del staff técnico del presidente Biden en materia de asuntos exteriores y en base a sus relaciones con dominicanos de poder y comerciantes y empresarios criollos cercanos desde la Cámara Americana de Comercio (AMCHAMDR) trate de hacer lo necesario para que la súbita misión del Secretario de Estado, por lo menos no fracase totalmente.
Sobre Blinken y por lo que se conoce, su despacho es muy proclive a favorecer, que, de golpe, Abinader apruebe que más de un millón de haitianos indocumentados se les otorgue la nacionalidad dominicana y sino, a una buena parte de los regularizados y que para que esto pueda suceder, debería contar con el apoyo tácito de una mayoría institucional significativa del Congreso Nacional y ojo, no de ninguna partidaria.
Hasta ahora, la atrapada opinión pública, arisca y reacia, tanto a la propuesta de reforma constitucional como a lo de la nacionalización dominicana y masiva de haitianos y mucho más desde ayer, cuando el gobierno haitiano y por vía de su ministerio de Exteriores, planteó ayer en la Organización de las Naciones Unidas, que República Dominicana debería de ser “expulsada” de su asiento en el Consejo de Seguridad y que es una petición tan abusiva como ultrajante, que no ha habido dominicano, que al conocerla no se hubiese indignado sobremanera.
Abinader, cuyos servicios de seguridad le han advertido, que prácticamente se está moviendo sobre arenas movedizas y que debe de ser cauteloso si quiere evitar un conflicto social de dimensiones de inestabilidad política total, hasta ahora no ha dado muestras como para que sus conciudadanos no se inquieten creyendo que está en un bando profundamente contrario a los intereses permanentes de la nación que gobierna.
Al mismo tiempo, nos llama la atención, que el arrojado gobernante, hijo de un fraude electoral de dimensiones inusitadas, no esté dando muestras de que en realidad tenga en mente, que, si tuviera una presión social a su favor, perfectamente que tendrá capacidad de maniobra ante EEUU y su corte de organizaciones no gubernamentales profundamente anti dominicanas y absolutamente pro-haitianas.
Consecuentemente y al Abinader no tener a la atrapada opinión pública a su favor y viendo también que su aparato de propaganda y en estos dos temas, ya no le llega a la ciudadanía, parecería que cree tener una carta bajo la manga, esa, de ver como invita al liderato político nacional a que se reúna con el ministro estadounidense y se pacte algún tipo de acuerdo que facilite en algo una solución -para él- de compromiso.
Sin embargo, los ánimos están encrespados y el descontento general es más que obvio y avivado ahora por la petición diplomática haitiana en la ONU y las reacciones de aquellas células dormidas –de las que por años hemos hablado de que se tuviera cuidado- de supuestos exmilitares haitianos, que, disfrazados de inmigrantes, han empezado a dar evidencias de estar dispuestos a irse a las manos con cualquier dominicano que se les oponga o le grite que se vuelva a su país.
Reacciones, en las que el único culpable o responsable es el gobierno plutocrático de Abinader y de quien una mayoría nacional conoce, que es asociado a la burguesía haitiana que monopoliza el mercado nacional de los combustibles.
Decirle a Abinader lo que debería hacer a favor de la nación, no tiene sentido, por cuanto él sabe mejor que nadie en todo el territorio nacional, que existe una crispación generalizada por su extraña reforma constitucional y su abierto intento de favorecer a Haití y que podría desembocar en una poblada peor que la de abril de 1984 y ahora agravada por el terrible mal manejo económico de su régimen.
Desde luego que no queremos ningún mal para Abinader y menos para la República. Pero hay una realidad, si intenta socavar los fundamentos de esta nación, plegándose a lo que le diga Blinken, no creemos en lo absoluto que en los días por venir haya algo parecido a la paz social y él sería entonces el único responsable de lo que pudiera suceder.
Por eso y en lo que el hacha va y viene, anoche se conoció un “comunicado introductorio” del Departamento de Trabajo estadounidense por el que se le imputa a nuestro país, que «los niños son sometidos a las peores formas de trabajo infantil» y más específicamente, considera que” las prohibiciones legales en República Dominicana relacionadas con la trata de menores también son insuficientes porque se requiere que haya amenazas, uso de la fuerza o coerción para que se considere delito, algo que recomienda cambiar”.
De ahí que preguntemos y pretendiendo poner todo en duda, en cuanto a si ¿Abinader se fue a Washington DC a buscar apoyos frente a la presión de una opinión pública que no acepta su proyecto de reforma constitucional y mucho menos su inquietante política a favor de Haití? Con Dios. (DAG) 06.09.2024
IMAGEN: El pregonero





