Toda guerra o conflicto armado entre países, siempre parte de un principio: Las partes antagónicas no se ponen de acuerdo y hasta que llega el momento de que la escalada de agresiones mutuas sube a un nivel y por el cual, las fuerzas beligerantes deciden jugarse el todo por el todo.
Pero hablamos donde la racionalidad y el sentido común marcan las políticas y decisiones a tomar por una clase gobernante lo suficientemente responsable como para entender, que hasta en guerra, existen determinadas leyes e iniciativas que deben ser respetadas.
En este sentido y hasta ahora, ese entendimiento es el que nunca se le ha visto al Estado de Israel, que es uno marcadamente sionista, cuyo pueblo actual, no es en modo alguno el Israel originario de los tiempos de Jesucristo.
Si se va a trazar una línea de diferenciación, lo que se observa, es que el Israel sionista es uno nacido de una resolución de las Naciones Unidas y que, formado por judíos europeos perseguidos durante el nazismo, salió rápidamente de una Europa en llamas todavía y como producto de la situación conflictiva heredada del final de la Segunda Guerra Mundial.
Estos judíos, la mayoría ashkenazi, salieron de Europa con ánimo y sed de venganza, no contra el nazismo y si y paradójicamente contra el mundo y no obstante, que países como República Dominicana le abrieron sus puertas a todo judío perseguido y luego fue de los primeros que votó a favor de la resolución de la ONU que le dio carta de nacimiento al Israel actual, que repetimos, para nada tiene que ver con el Israel de Dios en tiempos de Jesús.
Al tener esa actitud de persecución y revancha, los ahora lideres históricos del Estado de Israel, ese, que es más inclinado a la sinagoga de Satanás que retratan los textos bíblicos, entraron a las tierras de Palestina como terroristas dispuestos a todo con tal de arrebatarle sus tierras a los pueblos árabes que por miles de años han vivido allí.
Por semejante actitud realmente criminal, la sangre de millones de árabes o palestinos dio la base para el nacimiento del territorio sionista y desde entonces, Israel se ha impuesto a la fuerza y gracias por el determinante apoyo de la judería mundial aposentada en Reino Unido como en EEUU. Más el poyo en dinero y propaganda y la tremenda fuga de cerebros que le benefició.
Por más de 60 años Israel sionista penetró en Palestina a sangre y fuego y hasta estos días, cuando con un pretexto baladí y de acusación no comprobada, ha impulsado su nueva guerra abierta contra la República teocrática de Irán y porque a decir del gobierno sionista, el Estado persa ha avanzado demasiado en su programa de desarrollo del uranio para fines pacíficos y que Israel sionista lo entiende una amenaza y por aquello de que el país persa terminará teniendo y como en su momento lo lograra Israel sionista, la bomba atómica y que de ser cierto, la considera su mayor o peor amenaza.
Se desató pues una lucha antagónica y armada en base a cohetería balística y en la que se mostró la cara más dura del Israel sionista al bombardear al Irán y con un primer golpe, que parecería que efectivamente el Israel sionista era la gran potencia militar de todo el Medio Oriente, pero no fue así. Tres días después del golpe israelita, Irán reaccionó y con tal firmeza y dureza que toda la humanidad fue testigo del terrible bombardeo iraní por el que las tres cuartas partes de las ciudades principales de Israel sionista prácticamente fueron barridas y llevándose de por medio sus defensas dentro de la ya ineficaz “cúpula de hierro”.
Entonces, ahí se presentó la incursión estadounidense con el pretexto de pretender destruir las instalaciones persas de uranio y construidas a gran profundidad, pero en realidad, porque Washington temía que el Irán que nunca le interesó conocer, realmente se comportaba con los aprestos de una súper potencia, que, si se la dejaba tres días más, le habría provocado al Israel sionista y militarmente, una derrota humillante y peor que la inútil que provocó.
Frente a semejante dilema, EEUU y violentando todos los principios y reglas internacionales y su gobierno, sin haber tenido la autorización legislativa, por sí mismo y solo apoyándose en la voluntad férreamente emocional de su presidente, se lanzó con toda la fuerza de saberse que ya no es la fuerte y hegemónica potencia unipolar de otrora.
Generó unos bombardeos supuestamente bien pensados y super analizados por años en el subsuelo iraní y de lo que, pasando los días, media humanidad ha llegado a la conclusión que no fueron lo eficaces que la propaganda estadounidense jura y perjura que sí fue.
Sin embargo, en un gesto político extremadamente pragmático, en la mañana de ayer se conoció, que el gobierno persa y vía su ministro de Exteriores, dijo que” las instalaciones nucleares iraníes sufrieron importantes daños durante la guerra de los 12 días” con Israel y Estados Unidos.
Es decir, corroboró en parte las declaraciones en Washington y de parte del presidente Trump, de que su incursión aérea había sido exitosa pero no en la medida que el gobernante manifestaba con tanta vehemencia.
Todavía más, el canciller Abbas Araghchi y para que no quedaran dudas, dijo también que “Los daños se consideran en general elevados y graves”, no obstante, y más como declaración política de Estado, el ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de la República Islámica de Irán, expresó y el mismo jueves, que “el régimen sionista, con todo ese ruido y todas esas reivindicaciones, casi se derrumbó bajo los golpes de la República Islámica y fue aplastado. No pasó por sus mentes ni por sus imaginaciones que la República Islámica pudiera infligir tales golpes al régimen, y así ocurrió. Israel fue destruido», escribió Jameneí en su cuenta de X y que al parecer desató los demonios en el ánimo de Trump como dentro del liderazgo israelí.
La Casa Blanca respondió con presteza y negándolo vehementemente y sibilinamente, diciendo que era una declaración acomodada para salvar las apariencias, mientras desde el Israel sionista, la respuesta fue dura y guerrerista y hasta demostrativa de que el país sionista no había aprendido la lección: El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, aseveró que se “volverá a atacar a Irán si Israel se siente amenazado, y que ese nuevo ataque será 100 veces mayor que el efectuado recién contra el Líbano».
Todo indica y como expresara el líder supremo iraní, que Trump exageró sobre los daños y agregándole más sal a la herida, puntualizando que “EE.UU. atacó nuestras instalaciones nucleares, pero no pudo hacer nada importante”. Mientras tanto, hay una realidad cruda y objetiva, para Israel sionista reparar los daños ocurridos en sus infraestructuras requerirá un mínimo de 20 mil millones de dólares y lo que por sí habla de la magnitud de los daños experimentados y en una guerra, en la que por primera vez su propio territorio fue atacado duramente.
De paso, tanto estadounidenses como israelitas, tienen el convencimiento de que si Irán retoma su programa nuclear, le invadirían y bombardearían con mayor fuerza y generando de inmediato la gran interrogante para el resto de los países y gobiernos, de si entonces, unas naciones sí pueden enriquecer uranio, pero otras no.
Pero hay un hecho nuevo que a alarmado a más de una cancillería: Que parecería, que tanto Washington como Tel Aviv, las únicas naciones que pueden tener programas de enriquecimiento de uranio para fines pacíficos son a las que ellos les otorguen permiso y lo que rotundamente es una violación abusiva de las soberanías del resto de las naciones y que, de mantenerse tal criterio, nunca podrá haber paz en todo el planeta.
Reforzándose de ese modo nuestro criterio, de que mientras Irán es la nación agredida. Israel, que es un estado ficticio, resurge y con apoyo de EEUU como la nación con la mayor característica de terrorismo de Estado. Con Dios. (DAG) 28.06.2025
última actualización: 09:04 am.





