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La fuerte retorica belicista trumpiana no da respiro y tanto, que tiene al planeta dentro de una crispación continua que no presagia nada bueno o de provecho

Nunca se supuso, que debido a que el actual presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, en su juventud temprana había sido un bon vivant o buen vividor a nivel social y que no reparaba en mucho en materia de comportamiento moral, que ese comportamiento le haya granjeado a la humanidad, una de rencores dormidos por parte de este ególatra autoritario y todo, porque entre los suyos, ha habido un destape mediático que viéndolo en perspectiva, no le deja bien parado.

Por supuesto, en principio, ser fiestero o buscador de fiestas sorpresivas de ambiente sexual festivo, de suyo y jurídicamente hablando, no es nada que vaya contra la ley y mucho menos si los jolgorios se efectúan entre adultos.

Sin embargo, que luego y con el correr del tiempo y primero en el ámbito de la chismografía social y después en las primeras páginas de los medios de comunicación, que ese comportamiento fuera equiparado al de un sátiro sexual que no repara en nada al momento de buscar goce íntimo, parecería que la gente decente nunca podría aceptarlo como si fuera asunto de lo más natural del mundo.

Menos, cuando junto al objeto de las críticas, aparece con una comparsa de individuos adultos de fama libertina y comportamiento sexual poco edificante para los gustos de la hipócrita sociedad burguesa en la que se vive.

De ahí, que cuando surgieron los rumores y especulaciones, respecto a que las prácticas sexuales entre adultos devenían en un rifirrafe en el que participaban menores de edad de ambos sexos y convertidos en objetivos de deseos mórbidos y no tanto naturales, ya fue un asunto que nadie pudo impedir que llegara a conocimiento y bocas de todo el mundo.

A partir de ahí el escándalo estaba servido y mucho más, cuando también explotó, que todo se trataba de una situación de adultos millonarios empresarios, banqueros, celebridades y gente rica de esa que busca como salir del vacío existencial que no les permitía comportarse como de toda celebridad se espera en materia de decencia y buenas costumbres. Y es, que es cierto aquello de que el aburrimiento mata.

Para colmos, la situación entonces llegó a más, pues ya se trataba de misas negras o conjuras de pervertidos en reuniones secretas de libertinaje sexual, que por lo que ha trascendido, llegaban a niveles tan degradantes, pervertidos y criminales y como son esos de torturar y asesinar niños, sino que también encubría todo un muestrario de comportamiento perverso por parte de individuos, quienes por su riqueza y nombradía se creían que podían estar sobre el bien y el mal.

Ahora el escándalo tenía nombre y apellido: Archivo Epstein y para colmos, con ribetes de alto espionaje utilizado como mecanismo de coerción y chantaje para determinadas figuras públicas y en particular políticas.

Cómo había que suponer, los ídolos comenzaron a caer y a partir de ahí, entonces Trump comienza a entender que sus pecados de juventud le han comenzado a pasar facturas y el resultado no ha sido nada bien, y no solo para él, sino también para todos a quienes entiende que le califican y zahieren…y ahí ha venido el gritar y llorar.

Pues Trump y su calidad de presidente estadounidense y lo que entendemos un accionar silente de defensa propia, ha comenzado por reaccionar y de mala manera, a lo que ya entiende, que no se le considera con la suficiente calidad moral para dirigir a su país y ser el líder de una parte del mundo.

Y los platos rotos y suyos, naciones y pueblos han comenzado por pagarlos: Desafía a todo el mundo, se enfrenta a su propio pueblo, impone su poder autoritario y poco falta para que lleve al mundo hacia una conflagración total. Se entiende la última palabra en todo, vamos, algo así como el amo del universo y queriendo que todo el mundo obedezca su sola voluntad.

Ya entiende que no debe ni tiene que respetar soberanía de otros pueblos y decisiones de sus clases gobernantes, abiertamente le declara la guerra a quien quiera y desafía a quienes entiende grandes poderes, se niega a ser racional y menos a conversar y como se está viendo, no pocos gobiernos se encuentran dispuestos a desafiarle y enfrentarle.

En cierto modo, practican el todo o nada del ratón cuando se siente acorralado y debe luchar para continuar viviendo y en este punto, se ha llegado a uno, que parecería que no tiene retroceso, mientras y dando un paso más atrevido, Trump ha lanzado a su país- militarista y de mentalidad colonialista- como si fuera la punta de lanza con la que destruirá pueblos y naciones, saqueará sus riquezas naturales, tumbará gobiernos y se llevará cuando se interponga a su paso de totalitario ególatra.

Es decir, poco que mucho, se está perdiendo el raciocinio, el sentido común y la voluntad sana, al tiempo que Trump va más a los extremos y el resultado y diciéndolo con franqueza, sino entra en razón, será peor para toda la humanidad y lo que no es justo.

Pues ya nadie se siente seguro y se vive al salto de la pulga con las amenazas y desplantes, de un Trump que está abusando del poder limitado que su pueblo le dio y lo que nos hace decir, que se ha llegado al límite, de que ni siquiera clamar a Dios parecería que no salva y menos, con un escenario provocador, que parecería que la humanidad está asediada por sí misma y por sus clases dirigentes.

Trump y esto es evidente, se entiende que nada ni nadie puede detenerle y en su delirio, tampoco quiere comprender, que cualquier día, su destino le parará en seco. Al fin y al cabo, no ha habido dictador en el mundo cuyo tanto poder absoluto le hubiese podido proteger de sí mismo.

Por eso, solo decimos, que la fuerte retorica belicista trumpiana no da respiro y tanto, que tiene al planeta dentro de una crispación continua que no presagia nada bueno o de provecho. Con Dios. (DAG) 05.02.2026

última actualización: 09:48 am.

 

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