El pasado 27 de febrero advertíamos que el presidente Abinader confrontaría sorpresas de cara a su viaje a EEUU y ya programado para este sábado 07. Ahora le decimos, que desde ayer ya no tiene control del alto mando militar y desde que el ministro de Defensa firmó en Washington el acuerdo militar “de promover la paz a través de la fuerza”.
Y esto así, porque el departamento de Guerra estadounidense, al lograr que el ministro de Defensa dominicano firmara junto a otros veinte colegas el tratado de amistad y colaboración entre los militares de los países firmantes con EEUU, automáticamente, los gobiernos de estos han dejado de tener control directo sobre sus respectivos mandos militares y mucho más los dominicanos, quienes se destacan por ser vasallos mentales de sus socios estadounidenses.
En este sentido, lo que especificamos, es que ya Abinader, si antes no tenía el control militar porque tan cándidamente se lo había cedido al expresidente Hipólito Mejía, ahora le decimos, que lo ha perdido al completo y que se encuentra a merced de lo que diga o señale el agregado militar estadounidense de más rango dentro de la embajada estadounidense.
Desde luego, el mandatario podría decir que estamos equivocados en nuestra apreciación, sin embargo, ahora le decimos, que en la medida que aprenda a entender que el alto mando ha dejado de atender sus indicaciones, instrucciones u órdenes y como las quisiera llamar, sabrá que dado el espíritu bélico que el Pentágono ya le está trazando a los militares cuyos jefes firmaron el documento que nos referimos, con el correr de los días, se dará cuenta de que otras voces son las que de ahora en adelante indican cual será el papel del militar criollo en lo referente a Haití.
¿Qué estamos “divariando” y como decimos los dominicanos?, entonces debería atender, como y de buenas a primeras la vieja teoría aquella de las fronteras movibles que EEUU había impuesto cuando el auge de las dictaduras militares en el Cono Sur para los años sesenta y sesenta, ha resurgido y con mayor fuerza en razón del “espíritu belicista” que Washington ha impuesto desde que el presidente Trump ordenó la invasión militar a Venezuela, el secuestro de su presidente y la neutralización absoluta de las fuerzas armadas venecas y las que ahora solo están atentas, al momento que en la capital estadounidense se decida sacar de circulación a la presidenta interina y llevarse de encuentro al vicepresidente Cabello e igual al presidente del Congreso y que es un plan que ya está en marcha.
Es decir, gobiernos vasallos como el dominicano, desde que el ministro de Defensa se excedió firmando un documento que comprometió en lo militar y de manera tan amplia la soberanía nacional, pues al hacerlo y en cierta forma, le ha dado un golpe de Estado blando a este y a los gobiernos cuyos ministros de defensa firmaron “la declaración conjunta de reafirmación de las relaciones”.
Y si no es así, ¿por qué el ministro, teniente general, Carlos Antonio Fernández Onofre, todavía a este día no ha entregado la copia del original y certificada, del documento y al que se entiende, su comandante en jefe y este como presidente de la República, no lo ha reenviado de inmediato al Congreso Nacional para que el mismo sea ratificado?
Cuando se cae en cuenta de que esto no ha sucedido y que oficialmente el gobierno no ha dado a la publicidad el documento inextenso, los lectores entenderán, que ya el ministro de la guerra estadounidense, Pete Hegseth, cumplió con las órdenes recibidas, de comprometer a los jefes militares y en sus calidades de presidentes del comando militar conjunto de cada país y que es el equivalente militar a presidente de la República.
Menos, ni nos molestaremos pidiendo opinión a los tres expresidentes de la República, quienes por las experiencias que tienen, cada uno sabe que ayer y cuando la declaración fue firmada, Abinader y su gobierno ha quedado supeditado o mejor, hipotecado a la autoridad del presidente del Estado Mayor Conjunto de EEUU, el general de cuatro estrellas, John D. Caine.
Tampoco se nos ocurre pedir opinión a los dirigentes de las fuerzas vivas de la nación y menos a su sociedad civil y ni por asomo al gobierno de facto del Consejo Nacional de Competitividad, donde la mayoría entiende como una gran molestia al propio Abinader.
La orfandad es tan grande, que como en este país no existe propiamente un sistema mediático creíble e independiente y si otro nicho de lacayos serviles a Washington, que tampoco haya que preguntar si a esos medios tradicionales no les ha parecido extraño que el general Fernández Onofre haya firmado un documento que compromete tan seriamente la soberanía nacional y mucho menos, que no haya presentado el documento presidencial que le dio poder para hacerlo.
Todo esto quiere decir, que efectivamente ya hemos vuelto a ser la dependencia administrativa de índole colonialista que EEUU había impuesto en el 1916 y recién para el 1965 y en momentos, que como por obra y gracia de ese documento, ya Trump tiene la autorización más que legal y para intervenir militarmente en los países firmantes.
¿O no es eso lo que significa que en la citada declaración se puntualice: «Y declara nuestra intención de ampliar la cooperación multilateral y bilateral para mejorar la seguridad en el hemisferio, cooperaron en esfuerzos gubernamentales de seguridad fronteriza, combatir el ‘narcoterrorismo’ y narcotráfico, asegurando infraestructura crítica y otras áreas por determinarse», o lo otro, de que el acuerdo compromete “a las naciones «a abordar futuras amenazas al interés mutuo y unirse para combatir juntos el ‘narcoterrorismo’ y otras amenazas compartidas en el Hemisferio Occidental», según el secretario Hegseth. Y lo que acaba de ocurrir, como preámbulo de la llamada cumbre o “Escudo de las Américas” que el presidente Donald Trump albergará mañana sábado en Miami.
Solo hablar de que nuestro ministro de Defensa se comprometió a que nuestras Fuerzas Armadas de ahora en adelante son parte de una política militar guerrerista controlada por Washington, es más que suficiente y para entender la dimensión tan profunda que el documento de marras encierra y lo que por lo visto, Trump y personalmente, quiere que todos los presidentes invitados lo firmen en su presencia.
Ante esta situación de hecho cumplido, creemos que el presidente Abinader y si firma el nuevo documento, que es más amplio que el que comentamos, debe hacer la salvedad, de que el mismo y para su validez, quedará sujeto a ratificación del Congreso Nacional.
Por eso y hasta pecando de impertinentes, advertimos, que nuestras autoridades han cometido un grave error al firmar un documento militar de adhesión y peor, si el nuevo que mañana se le presentará a Abinader, sea lo más parecido a un cheque en blanco. ¿Y es que en esta República no habrá nadie que al igual que este medio, advierta del terrible error que se ha cometido?
¿Razones o no tenemos para decir, que por estar cuidando su fortuna, el Pentágono le acaba de arrebatar a Abinader el control institucional del alto mando? Con Dios. (DAG) 06.03.2026
última actualización: 10:02 am.





