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¿Hacia la tiranía digital?: por qué debe preocupar el manifiesto de Palantir, gigante de IA que trabaja para el Pentágono

El gigante tecnológico fundado por Peter Thiel y dirigido por Alex Karp, la compañía de inteligencia artificial Palantir, publicó recientemente 22 tesis sobre el futuro de EE.UU. y Occidente que trazan el camino a una preocupante deriva.

Cada uno de los puntos están basados en el libro ‘The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West’ [La República Tecnológica: Poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente], escrito por Karp —director ejecutivo de Palantir— junto con el asesor jurídico de esa compañía, Nicholas Zamiska.

Se trata de una declaración política e ideológica que parece despreciar la democracia como forma de organización social, además de destilar racismo y una ideología abiertamente supremacista.

La carrera armamentística de IA

El gigante de la inteligencia artificial cuestiona el pluralismo, defiende el servicio militar obligatorio, apuesta por una carrera armamentística impulsada por la IA y desecha otras culturas sin esconderse.

El manifiesto sostiene que la élite de Silicon Valley debe participar en la defensa de la nación con el objetivo declarado de ayudar al surgimiento de una ‘República tecnológica’.

Del mismo modo, el manifiesto incluso pide poner fin a la «impotencia» de los ejércitos japonés y alemán, desarmados al final de la Segunda Guerra Mundial, para evitar que se alteren los equilibrios en Europa y Asia.

Occidente primero

El ideario hace un llamamiento a posicionar a Occidente primero, en clara analogía con el ‘America First’ que enarbola la administración del presidente estadounidense, Donald Trump. En esa línea, señala una hipotética decadencia que propone revertir mediante el poder militar y el auge de la inteligencia artificial.

La sinergia entre la compañía y Trump es obvia. De hecho, el anuncio de la reelección del político republicano hizo que la empresa registrara una subida en bolsa que alcanzó los 23.000 millones de dólares.

¿Una distopía autoritaria?

Este manifiesto, con visos notables de programa político, también propone una suerte de distopía autoritaria que aboga por otorgar más poder a las élites, siempre que sean occidentales. 

Entre las principales tesis planteadas se encuentran la implicación de las tecnológicas de Silicon Valley en la defensa de la nación estadounidense; la promoción de una disuasión de nuevo cuño basada en la inteligencia artificial, en sustitución de la amenaza atómica; y un servicio militar obligatorio universal.

Del mismo modo, en paralelismo con el discurso expuesto por las camarillas de la Casa Blanca, en el manifiesto tampoco falta una referencia a la promoción de cierto ideario de fe. El texto asegura que «hay que resistir la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos» de la élite. Una intolerancia que consideran que no hay que combatir sino fomentar, en el caso de otras culturas.

¿Qué es Palantir?

Palantir nació después del 11 de septiembre de 2001, una fecha que removió los cimientos de las sociedades de comienzos del siglo XXI. Su crecimiento fue exponencial y actualmente tiene firmados varios contratos con el Gobierno de EE.UU. por valor de miles de millones de dólares.

Su software permite procesar datos tras recopilar información dispersa en distintas plataformas, con el objetivo de identificar patrones complejos.

La empresa trabaja con las principales agencias del ámbito de la seguridad, como la CIA, el FBI, la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) y está metida en el Pentágono de la mano de su responsable de tecnología, Shyam Sankar, a quien la administración Trump elevó al cargo de asesor con rango de teniente coronel. Como parte del Destacamento 201, su labor es asesorar tecnológicamente al Ejército de EE.UU.

Los servicios de Palantir también han sido ampliamente utilizados por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en su implacable y violenta campaña de deportaciones.

El ámbito de las colaboraciones también alcanza al Ejército de Israel. En 2024, la empresa firmó una alianza estratégica para redoblar el esfuerzo bélico del país hebreo, al que le ha proporcionado herramientas de análisis para su ofensiva en la Franja de Gaza, que ha dejado ya más de 70.000 muertes de palestinos y la destrucción casi total del territorio.

¿Quiénes son Thiel y Karp?

El multimillonario Peter Thiel pertenece a la élite de Silicon Valley y es uno de los nombres más influyentes del capitalismo tecnológico actual. Cofundó PayPal y fue uno de los primeros inversores de Facebook, por poner solo algunos de los ejemplos más conocidos.

Sus inclinaciones libertarias son de sobra conocidas y también se ha convertido en un referente político de peso, especialmente después de respaldar a Trump en sus dos campañas. Sus pensamientos cuestionan los principios democráticos liberales y se inclinan por modelos de gobernanza autoritarios.

«Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles», llegó a escribir en un ensayo publicado en 2009 y titulado ‘La educación de un libertario’.

Por su parte, Alex Karp es el cerebro del manifiesto. Al igual que Thiel, tiene formación filosófica y cofundó Palantir. Sus mayores intereses se centran en la aplicación de la tecnología para la seguridad nacional y en asegurar la superioridad cultural de Occidente.

¿Tecnofascismo?

En los últimos años se ha criticado reiteradamente la acumulación de poder de las gigantescas empresas tecnológicas, apuntando que aspiran a evitar las regulaciones nacionales y a operar sin restricciones.

En el marco de esas críticas, el manifiesto de Palantir se ha convertido en un símbolo que ha hecho sonar muchas alarmas dentro de la academia. El filósofo Mark Coeckelbergh, profesor en la Universidad de Viena, no ha dudado en calificar sus postulados de «tecnofascismo».

«Es un manifiesto. Y para cualquier defensor de la democracia, leerlo es como abrir un alimento que sospechabas que estaba en mal estado, pero no sabías que lo estaba tanto», escribió Coeckelbergh en su blog.

El diputado liberal demócrata británico, Martin Wrigley, calificó el texto como un «desvarío narcisista e inquietante de una organización arrogante», mientras que el profesor de la Universidad de Georgia e investigador de política autoritaria, Cas Mudde, instó a Europa a detener toda nueva cooperación e inversiones con esa empresa. Hasta ahora, la mayoría de las críticas apuntan hacia la misma dirección.

Estos son los 22 polémicos principios:

  1. Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La élite ingenieril de Silicon Valley tiene la obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación.
  2. Debemos rebelarnos contra la tiranía de las apps. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro creativo, si no el coronamiento de nuestra civilización? El objeto ha cambiado nuestras vidas, pero ahora también puede estar limitando y constriñendo nuestro sentido de lo posible.
  3. El correo electrónico gratuito no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización, y en efecto de su clase gobernante, solo será perdonada si esa cultura es capaz de entregar crecimiento económico y seguridad para el público.
  4. Los límites del poder blando, de la retórica altisonante por sí sola, han sido expuestos. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software.
  5. La pregunta no es si se construirán armas de IA; es quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no pausarán para entregarse a debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas militares y de seguridad nacional. Procederán.
  6. El servicio nacional debería ser un deber universal. Como sociedad, deberíamos considerar seriamente alejarnos de una fuerza totalmente voluntaria y solo pelear la próxima guerra si todos comparten el riesgo y el costo.
  7. Si un marine de EE.UU. pide un rifle mejor, deberíamos construirlo; y lo mismo aplica para el software. Como país, deberíamos ser capaces de continuar un debate sobre la conveniencia de la acción militar en el extranjero mientras permanecemos inflexibles en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que se adentren en el peligro.
  8. Los servidores públicos no necesitan ser nuestros sacerdotes. Cualquier negocio que compensara a sus empleados de la manera en que el gobierno federal compensa a los servidores públicos lucharía por sobrevivir.
  9. Deberíamos mostrar mucha más gracia hacia aquellos que se han sometido a la vida pública. La erradicación de cualquier espacio para el perdón —un abandono de cualquier tolerancia por las complejidades y contradicciones de la psique humana— puede dejarnos con un elenco de personajes al timón que llegaremos a lamentar.
  10. La psicologización de la política moderna nos está llevando por mal camino. Aquellos que miran a la arena política para nutrir su alma y sentido del yo, que dependen demasiado de que su vida interna encuentre expresión en personas que quizás nunca conozcan, quedarán decepcionados.
  11. Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado ansiosa por apresurar, y a menudo alegre ante, la desaparición de sus enemigos. La derrota de un oponente es un momento para pausar, no para regocijarse.
  12. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre I.A. está a punto de comenzar.
  13. Ningún otro país en la historia del mundo ha avanzado valores progresistas más que este. Estados Unidos está lejos de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuánto más oportunidad existe en este país para aquellos que no son élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta.
  14. El poder americano ha hecho posible una paz extraordinariamente larga. Demasiados han olvidado o quizás dan por sentado que casi un siglo de alguna versión de paz ha prevalecido en el mundo sin un conflicto militar de gran potencia. Al menos tres generaciones —miles de millones de personas y sus hijos y ahora nietos— nunca han conocido una guerra mundial.
  15. La neutralización de posguerra de Alemania y Japón debe deshacerse. El desarme de Alemania fue una sobre-corrección por la que Europa ahora está pagando un precio alto. Un compromiso similar y altamente teatral con el pacifismo japonés, si se mantiene, también amenazará con alterar el equilibrio de poder en Asia.
  16. Deberíamos aplaudir a aquellos que intentan construir donde el mercado ha fallado en actuar. La cultura casi se ríe con sorna del interés de Musk en la gran narrativa, como si los multimillonarios debieran simplemente quedarse en su carril de enriquecerse a sí mismos. Cualquier curiosidad o interés genuino en el valor de lo que ha creado es esencialmente desestimado, o quizás acecha por debajo de un desprecio apenas velado.
  17. Silicon Valley debe jugar un rol en abordar el crimen violento. Muchos políticos en Estados Unidos han esencialmente encogido los hombros cuando se trata de crimen violento, abandonando cualquier esfuerzo serio para abordar el problema o asumir cualquier riesgo con sus electorados o donantes en idear soluciones y experimentos en lo que debería ser un intento desesperado por salvar vidas.
  18. La exposición despiadada de las vidas privadas de las figuras públicas aleja demasiado talento del servicio gubernamental. La arena pública —y los ataques superficiales y mezquinos contra aquellos que se atreven a hacer algo más que enriquecerse— se ha vuelto tan implacable que la república se queda con un registro significativo de vasijas ineficaces y vacías cuya ambición uno perdonaría si hubiera alguna estructura de creencia genuina acechando dentro.
  19. La cautela en la vida pública que inadvertidamente alentamos es corrosiva. Aquellos que no dicen nada malo a menudo no dicen nada sustancial en absoluto.
  20. La intolerancia generalizada hacia la creencia religiosa en ciertos círculos debe resistirse. La intolerancia de la élite hacia la creencia religiosa es quizás una de las señales más reveladoras de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos dentro de él reclamarían.
  21. Algunas culturas han producido avances vitales; otras permanecen disfuncionales y regresivas. Todas las culturas son ahora iguales. La crítica y los juicios de valor están prohibidos. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas e incluso subculturas han producido maravillas. Otras han resultado mediocres, y peor, regresivas y dañinas.
  22. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco. Nosotros, en América y más ampliamente en Occidente, hemos resistido durante el medio siglo pasado definir culturas nacionales en nombre de la inclusividad. Pero, ¿inclusión en qué? (RT)

 

 

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