Sí se conocía, que EEUU y desde el asesinato de Kennedy por Israel, ya daba muestras de amplio retroceso en la composición de su población y lo que se observaba en las fisuras de su propia clase gobernante en su lucha interna contra el complejo industrial y militar.
Incluso, la fracasada guerra en Viet Nam donde por primera vez el mundo fue testigo de que EEUU podía ser destruido y derrotado militarmente o aquello otro tan espantoso de la huida de Afganistán, eran signos inequívocos de que la otrora potencia unipolar, ya daba muestras elocuentes de su degradación institucional y moral.
En tanto y en paralelo, el hecho de que la clase gobernante estadounidense y sobre todo su oligarquía económica e industrial-militar fundamentaba su crecimiento en base a la venta de todo tipo de armamentos hacia terceros países y alimentar el consumo de drogas y todas formas de vicios dentro de su población y en particular en las ciudades, era un indicador, que si no se frenaba y eliminaba, daría al traste y tarde o temprano con la pujanza estadounidense.
Obsérvese que el binomio Nixon-Kisinger y su revolucionaria política exterior de hondo fundamento económico de desarrollo y crecimiento para la economía estadounidense y al relocalizar en China la mayoría de sus empresas e industrias y aunque en aquel tiempo no se entendiera, fue sin duda el fundamento del resurgir económico que ahora Trump impulsa con su EEUU primero y por el que quiere darle un nuevo aire y a una economía, que si las industrias de alta tecnología no impulsaran el nuevo resurgir de cara al próximo siglo, EEUU se encontraría ante un futuro largo plazo no tan promisorio y menos ahora si nos atenemos a los 40 billones de dólares, que documentado tiene de deuda.
En realidad, la política de Trump hay que separarla en dos fases. Una, que propende al resurgimiento económico del país y la otra, la búsqueda de nuevas fronteras geopolíticas que le afianzaran y legitimaran como líder y potencia militar, no ya global y sí regional, pero sobre todo, de fortalecimiento interno como potencia militar beligerante en lo regional.
Por eso su replanteamiento respecto al dominio que su clase gobernante entiende que debe tener en América Latina y al control casi policiaco de sus fronteras interiores en el Caribe Central y que es la razón, del porqué de su rediviva política imperialista de colonialismo a lo Trump, donde la piratería como el ser matón, es la característica básica y como un remedo de las agresivas políticas de Clinton-Obama-Hillary, todas esas en las que la eliminación física de la competencia extranjera o perdida de fronteras regionales, impulsaban asesinatos tan horribles como el ocurrido a Gadafy y que es el sello que por lo visto Trump entiende que debe replicar, pero ahora con la ingeniosa cobertura de un llamado “Escudo de las Américas”, que no es otra cosa que la sumisión militar y territorial de esos países y como la sumisión obligada de gobiernos vasallos, a esas políticas, que en el plano propagandístico, van dirigidas a manipular las creencias indómitas de pueblos nunca acostumbrados al vasalle de su clase gobernante frente al poder imperial.
Es por ello, que en la Casa Blanca y en unión con el Departamento de Estado, se ha decidido crear una conducción en política exterior “americana” de zanahoria y garrote y sin descuidar la “conducta tradicional” de sacar de circulación al gobierno que no se adapte o se niegue a aceptar sus planteamientos de dirección y con la mira de alejar y definitivamente o por un largo tiempo no menor de 50 años, la presencia económica y política de potencias extracontinentales y que para estos tiempos es ya difícil que pudiera lograrlo.
Justo por ello, la CIA tiene ahora un papel más importante que en cualquier otra etapa anterior y en el propósito de no permitir y por las vías que fuera, que EEUU pudiera perder su vieja hegemonía en este continente. Sin embargo, hay un peligro extraño con esa alianza entre EEUU e Israel sionista y en la que el Mossad tiene gran preponderancia, de buscar las vías para el nuevo colonialismo que la clase gobernante estadounidense quiere implantar.
Por un lado, que ciudadanos y empresas de ricos estadounidenses incursionen en estos países y adquiriendo la mayor cantidad de sus territorios disfrazados de parques o reservas nacionales y para luego entrar en plan neocolonial y como ya se está haciendo en la Argentina, donde más de una cuarta parte de su territorio ya es propiedad judía y la otra, la imposición de individuos originarios de estos países y como ciudadanos estadounidenses, llegando al poder y por las vías que fuere y como recién acaba de ocurrir en Colombia o lo otro tan extremo, de apropiarse de un país y sus recursos por la vía militar y como se está haciendo en Venezuela y con “el agregado” de la invasión militar y secuestro de su presidente y ahora preso en cárcel federal en Nueva York.
Con ese tipo de política de triple cabeza y hasta ahora, Trump entiende que puede dominar a presidentes y gobiernos e imponer sus directrices. Por ejemplo, un país como República Dominicana y su gobierno vasallo es una especie de protectorado en donde su embajadora-espía (ha sido contratista de la CIA) ya impone sus directrices y tanto en lo político como en lo gubernativo. Y al grado, de que está fabricando un posible prospecto presidencial “de pueblo”, al tiempo que sin máscara alguna plantea la remoción de un ministro, en este caso, el Canciller y para colocar a un ultraderechista a la usanza sudamericana como su pivote para guiar la política exterior dominicana y su implicación “fusionista” con Haití y en dos países, cuyos territorios ya son parte del área de desenvolvimiento propio del Comando Sur y gracias a un pueblo de sumisos, en el que un 45 por ciento está compuesto por dominicanos con parientes que inmigraron a EEUU y quienes ahora son estadounidenses de origen dominicano y que es la inequívoca quinta columna que Washington tiene, para que en su momento, esta nación sea adoptada como eventual estado asociado a la Unión Americana.
Aunque sobre esto último pudiera pensarse que estamos errados, la realidad cruda nos da la razón: En EEUU hay cerca de millón y medio de estadounidenses de origen dominicano y de los cuales, su tercera generación ya dejó atrás la raíz dominicana de sus padres y abuelos. Y de cara a las elecciones del 2028, es evidente que la hoja de ruta de Washington pasa por lograr un voto duro del medio millón de estadounidenses de origen dominicano que retirados viven en el territorio nacional y un voto aleatorio de contrapeso de no menos medio millón más de estadounidenses de origen dominicano que viajarían para los días de las elecciones.
Entonces, la “propuesta estadounidense”, se refuerza con el control financiero que EEUU tiene de los 125 ejecutivos bancarios y financieros estadounidenses y estadounidenses de origen dominicano que están operando desde hace cuatro elecciones atrás y quienes con su Cámara Americana de Gobierno ejercen una influencia aplastante entre ejecutivos empresariales, industriales y comerciales y la suficiente para inducir al voto de acuerdo a como la embajada estadounidense así lo indique y el punto de refuerzo de generar un candidato presidencial a la carrera que tenga secuestrado el voto de un millón de los tres millones de votantes jóvenes de 18-22 y 26 años y dando por resultado, la probabilidad de que el “voto estadounidense” duro pudiera también estar compuesto por un amplio grupo de votantes del segmento de ese 45 % que no votó en las pasadas elecciones y porque la mayoría no cree en los partidos políticos.
De darse semejante como probable escenario, estaríamos hablando, de que cerca de 4 millones de electores de un total de 8.5 millones, fácilmente que se inclinarían hacia los candidatos que Washington quisiera o aúpe y si esta situación desde ahora no llama la atención de la partidocracia, sería evidente que la derrota que los grandes partidos tendrían en materia de control electoral mayoritario sería más que aplastante.
Naturalmente, no estamos diciendo que esto sea lo que reamente sucederá, pero sí que podemos afirmar que se va en ese camino y todo, porque los ahora cuatro viejos partidos y con el extinto PRD a la cabeza, desde que se combinaron para lograr millones de dólares de donantes “dominicanos” en EEUU y garantizándose con la ley de la doble nacionalidad, facilitaron las cosas para que la penetración estadounidense en las elecciones del 2028 sea, sino decisiva, sí que importante.
Es tan preocupante lo que está sucediendo en afectación del voto del dominicano que nunca ha cambiado de nacionalidad, que si a la estadística anterior, se le agrega el voto de los dominicanos de origen haitiano (cerca de medio millón de electores) e influenciados por los estadounidenses de origen haitiano, sin duda, que darían el triunfo al partido que lleve los candidatos identificados como apoyados por la embajada estadounidense. Pero aquí políticos, periodistas, medios y comunicadores no están prestando la debida atención y si llegara a ocurrir, la probabilidad que esbozamos se haría realidad.
Basta decir, que si bien es cierto que la embajadora-espía ha creado su prospecto de candidato presidencial en un youtuber dominicanyork, Santiago Matías, no solo este pudiera ser una baraja marcada a utilizar, sino también otro, “que de soslayo” se muestra: Guido Gómez Mazara de esposa e hijos estadounidenses y él mismo “casi” a ocultas y que al dejar volar la imaginación y ambos llegaran a conformar una boleta común, sí que sería una seria amenaza para la partidocracia y su hegemonía de 65 años.
Mientras todo esto acontece, llamamos la atención a lo siguiente, que EEUU, de potencia global a país que en lo interno, su pueblo es de mentalidad tercermundista y de pura república bananera. El ascenso de Trump es su muestra testimonial y aunque no lo parezca, también innovadora y que para el caso dominicano será patéticamente desgarrante. Ojalá equivocarnos. Con Dios. (DAG) 21.08.2026





