Cómo la mayoría de los ciudadanos cívicamente responsables y sin importar banderías políticas o tontas estupideces de divisiones de pensamiento ideológico, fuimos testigos y con mucha atención, de la presentación del estado de la nación desde el punto de vista del ciudadano presidente de la República, Luis Abinader.
Ante lo que expresó, parecería que el jefe de Estado y de Gobierno dirige un país totalmente distinto en el que vivimos la mayoría de los dominicanos de clase media y de a pie y por lo que, para su propia mala fortuna, sus palabras generaron una serie de opiniones contradictorias y en otras sarcásticas, dado que una fuerte mayoría nacional no entendía como el primer magistrado de la nación hablaba de una forma, que muchos se preguntaban, pero ¿por qué miente?
Y en efecto, lamentablemente, para Su Excelencia, todo cuanto expresó -salvo para la corte oficialista-en ningún momento se entendió que se dirigía al país real y si a otro idealizado del propio en el que muchos estiman que es la burbuja en la que Abinader da la impresión de que vive.
Por eso y por un rápido sondeo de opinión, ayer el presidente perdió un muy sensible nivel en su credibilidad y aumentado a más con una pérdida de popularidad, que arroja, no ya el 22 % que las encuestas serias le otorgan y no las de sesenta y tantos puntos de las encuestadoras pagadas por los Vicini y los Rainieri y quienes, desde sus medios, entienden que podrían cambiarle el criterio a lo mejor de la ciudadanía, toda esa que, o va camino a la quiebra o que todos no llegan a fin de mes.
Abinader presentó algo así a lo más parecido de como cuando alguien presenta en un espejo una película sobre lo que quisiera hacer y como efectivamente es frente a lo otro que se entiende es y ahí la muestra con el programa de destrucción y derribo que la fracasada alcaldesa capitaleña, Carolina Mejía anunciara y en presencia del primer mandatario que haría para la capital nacional y abarcando el espacio de seis periodos gubernamentales municipales y no haciendo lo correcto de ajustarse al suyo de cuatro años y en los que y todavía sin terminarlo, ha fracasado al completo.
Ahora, nuestro temor es, que después de su discurso de ayer, el primer mandatario vaya a caer en el descrédito personal más completo y por la simple razón, de que el sentido común le indicó a todo el mundo, que lamentablemente sus palabras no se correspondían a la realidad que se vive.
Desde luego, no todo lo que hace un presidente y su gobierno necesariamente pudiera calificarse de malo, pero si tomamos en cuenta que el principal asesor del presidente Abinader, lo es precisamente aquel presidente del periodo 2000-2004 que llevó al país a pagar una deuda de más de cuatro mil millones de dólares a raíz de la masiva quiebra bancaria ocurrida por su desatino al no dejar a un lado sus resentimientos y no haber rescatado esos bancos y para que la economía no se viniera al suelo y como efectivamente ocurrió, ahora que ese expresidente y nos referimos al agrónomo Hipólito Mejía, tiene a cargo el dominio, mando y control de más de la mitad del gobierno y una que otra área sensitiva, parecería y es el criterio generalizado, de que Abinader terminará peor que aquel gobernante.
Un ejemplo. ¿Cuál es lo peor de este gobierno en materia de desprotección ciudadana?, los 360 mil abortos que fueron practicados en el lapso 2020-2024 y que, con una política sanitaria correcta, perfectamente que pudo evitarse.
Sigamos. ¿Cómo es posible gastar más de quinientos mil millones de pesos en presupuestos e incluidos los de obras públicas en el lapso 2020-2024 y el resultado sea que no hay una sola obra que el gobierno pudiera destacar y enorgullecerse? Lo de los nuevos ramales del metro capitaleño es poco menos que un desastre y lo de la ampliación del kilómetro nueve capitaleño, mucho peor. En Santiago, se construyó un teleférico que nadie utiliza y por la desconfianza ciudadana en la calidad de la obra.
Sin embargo, Abinader, de 400 mil empleados públicos que encontró en el 2020, ahora los tiene en 800 mil y el festival de salarios y pensiones desproporcionados, han desequilibrado totalmente las finanzas públicas y no hablemos del desastre eléctrico y la casi caída de Punta Catalina, mientras al sector privado le entregó ese sector y ahora también todo el esquema financiero del Estado y al grado, de que para los especialistas, el gobierno se ha convertido en un muchacho de mandados del CONEP, del Consejo Económico y Social (CES) y del Consejo Nacional de Competitividad (CNC) al tiempo que dos bancos privados, el Popular y el BHD, supervisan y controlan a los bancos del Estado.
Claro está, el presidente, de nada de esto se refirió como tampoco fue específico y pragmático en lo relativo al cómo mejorar las necesidades de los ciudadanos y menos, sobre una política de seguridad efectiva y ni hablar del control fronterizo o lo terrible de ese endeudamiento pasivo a lo interno y externo, que nadie entiende correcto y menos prudente.
En tanto, al contrario, la ciudadanía se encuentra acosada por la inseguridad, la delincuencia civil como la de uniforme y para colmos, ahora resulta que la prensa independiente y el derecho a la expresión de la ciudadanía, ya se habla de que el gobierno pretende reprimirlos y solo, porque este gobierno en vez de haber sido y como constitucionalmente correspondía, uno nacional, es un engendro plutocrático que los ricos de aquí y de Haití lo controlan a lo absoluto.
Y es que, analizando en frío, lo que se vio, fue que el gobernante no le dedicó ni una frase a la corrupción absoluta desde el poder, toda esa que ha penetrado terriblemente en todo el orden social de la nación y salvo las palabras bonitas, vacías y huecas sobre patriotismo y fiestas patrias. En resumen, lo que se vio, fue que el presidente que se supone es de todos los dominicanos, no le habló a la nación y sí que presentó un estado de cuentas a favor de los suyos y de sus socios en el gobierno.
Lo único excepcional y que debe aplaudirse, fue lo relativo a la orden de darle para abajo a los pandilleros de Haití que pretendieran entrar ilegalmente a nuestro país y que es un decreto que se fundamenta en su calidad de comandante en jefe y que es avalado por el decreto 500 de emergencia nacional que firmara Balaguer en los años de la década de los setenta del siglo pasado y que continua vigente para fines de casos de excepción en materia de seguridad nacional. Lo que significa, que no es válido el criterio jurídico de terceros, de que supuestamente violenta la Constitución de la República.
Ayer pues y si Dios Nuestro Señor no mete su mano, la desesperanza va a cobrar fuerzas, penetrará en el tejido social y ahondará en el terrible desamparo que un gobierno que nació con tan buenas expectativas es ahora un pálido reflejo del fracaso de conducción que nunca se debió tener. ¿Nos quedamos pálidos ante lo que se entiende un vistazo general y a modo de cruda rendición de cuentas bizarra?, ¿extrañaría que le pidamos al Señor y por los tiempos malos que vienen, que proteja a nuestro presidente y que a la nación la vea con ojos de piedad? Con Dios. (DAG) 28.02.2025





