Si antes la Balaguerología explicaba el pasado, el presente y el futuro en función de lo que dijo, no dijo, hizo o no hizo el Dr. Balaguer (frente a algo o alguien), en el siglo XXI –superado ese estadio macondiano de desarrollo– la estadística asume el rol de predecir el futuro y explicar el presente.
Los números son objetivos y la matemática no se equivoca, pero el factor humano está ahí, y los sesgos de quien interpreta los números determinan la explicación… y también el relato. Mientras la Junta Central Electoral (JCE) finaliza y estratifica el conteo de votos, los números son contundentes, inequívocos, pero también llaman a reflexión; no sólo a líderes en términos individuales, sino a partidos a nivel colectivo, en tanto operadores en una democracia representativa funcional.
La victoria de Luis Abinader y el PRM fue demoledora, pero también predecible, pues su 57.46 % se corresponde a los rangos proyectados por Mark Penn (57%), Greemberg (58%) y Gallup (60%) dentro de sus márgenes de error. Así, en los hechos, las encuestas quedan validadas como instrumentos de medición fiables.
En términos estadísticos Leonel Fernández tuvo un formidable desempeño, pues remontó de un 5.59% en 2020 a un 28.85% –para un crecimiento de un +500% en apenas cuatro años– posicionándose como líder mayoritario de la oposición, y, pese a que a nivel congresual el desempeño del partido fue reducido, queda bien posicionado de cara a futuros procesos.
Lo del PLD estará por verse… El cruce de votos congresuales (¿?) vs. voto presidencial (10.39%) determinará el peso de la estructura vs. el desempeño del candidato. El proceso deja al partido en la encrucijada de la renovación o la extinción; los resultados no sólo constituyen una crítica al candidato, también a su dirigencia, y, obviar eso sería potenciar la enfermedad, en vez de buscar la cura. Al margen, el partido dio la batalla y aportó los votos necesarios en el Distrito Nacional (DN) que le permitieron a Omar Fernández ganar la senaduría.
Para quienes piensan que el poder es eterno, queda el mensaje de que tres partidos que ejercieron el poder durante 54 años (PRSC, PLD y PRD) apenas lograron un 11.71%, lo que aboca a la extinción política a dos de ellos.
Hacia al futuro, la derrota de Guillermo Moreno (180,193/39.77%) nos dice que, contrario a lo por mí escrito, el peso de las estructuras partidarias no es tan determinante cuando una candidatura no se percibe con las condiciones/atributos necesarios o se enfrenta a una que es percibida como superior, o genera menos rechazo. Omar Fernández (254,661/56%.20) logró 74,668 votos sobre Guillermo, pese a que los candidatos a diputados del PRM en el DN acumularon 250,653 votos –70,460 más que Guillermo–, por lo que el PRM está obligado a reflexionar en torno a eso. A priori, podemos decir que el proceso tiene diversos sabores, y cada quien sabrá a qué le sabe la boca…Por: Federico A. Jovine Rijo [Listín Diario]






