Mientras voceros de la burocracia gobernante haitiana, que es una cueva de parásitos que viven del Estado, puntualizaban que por Dajabón no se había reabierto el mercado binacional, sino que los comerciantes haitianos se dirigieron a chequear sus comercios después del incendio que manos criminales provocaron allí y que recogerían sus mercancías y se volverían a su país.
Del lado dominicano se especificaba que ciertamente y con determinada timidez se reabrió el paso fronterizo de comercio y el que, a las dos horas, el flujo de personas y vehículos era tal, que era imposible no suponer que todas esas personas e intereses no estuvieran realizando lo que todos los rayanos saben hacer: Comercializar entre sí.
Es decir, pese a los políticos y a ciertos intereses creados de dirigentes haitianos incapaces de convencer a sus ciudadanos, si no es utilizando el pretexto del anti dominicanismo y que es el portaestandarte que les hace sentirse realizados y al lograr que la parte más ignorante y analfabeta de la población vecina, les apoye de continuo, se hace evidente que por más que los dominicanos queramos ser los más amistosos posibles, siempre se tendrá ese lastre de tantos individuos, incompetentes o incapaces, quienes por nada del mundo dejan de intentar que entre las dos naciones y países se mantenga la cuña del odio irracional.
Sin embargo y en este punto invitamos a nuestros lectores que observen y entiendan ciertas diferencias. Por ejemplo, quienes viven en Puerto Príncipe y por las razones burocráticas que apuntamos, es probable que el odio hacia lo dominicano no se abandone, pero el que siempre se atenúa, cuando de Estado a Estado, la burguesía que manda en Haití vuelve sobre sus pasos y busca el cobijo de la protección dominicana en materia de fomento de la calidad de vida e impulso de negocios.
A diferencia de lo anterior, en el país transfronterizo existe otra realidad: La de quienes viven y trabajan a sus propias expensas e iniciativas desde la pujante ciudad de Cabo Haitiano, donde el espíritu más abierto y competitivo, siempre ha generado una serie de vínculos estrechos de familias y comercios con República Dominicana y teniendo de punto de contacto la también pujante ciudad de Santiago de los 30 Caballeros y toda la parte noreste de este país.
Gracias a esos lazos de buena vecindad, las dos naciones han existido e independientemente a las burocracias de los dos países. Los lazos han sido tan estrechos, que en esta parte dominicana, el Cibao, es donde hay más familias mixtas de haitianos con dominicanos y viceversa y en donde la dinámica de negocios que les envuelve abarca las relaciones de amistad y con esa muestra tan notoria de 15 mil estudiantes universitarios y profesionales haitianos que estudian y ellos pagando sus estudios en universidades dominicanas como Pucamaima y Utesa y quienes son las simientes de los mayores lazos de amistad y convivencia entre los dos países.
Significativamente y gracias a ese corredor territorial siempre abierto entre Cabo Haitiano y Santiago, se conformó el contrapeso estratégico de negocios y amistad que ha frenado realmente los desboques e interpretaciones torcidas de la burocracia oficial de Puerto Príncipe, cuyos miembros, difícilmente aceptan que Cabo Haitiano tenga mayores relaciones de comercio con toda la zona cibaeña y ni hablar con la capital del Cibao.
Lamentablemente, la ciega y corrupta burocracia oficial dominicana y ni que decir de la mayoría de los sectores políticos y empresariales capitaleños, no les ha dado la gana de entender, que las relaciones entre las dos importantes ciudades y sus zonas aledañas, es donde se encuentra la base, de que cada vez, Cabo Haitiano sea más independiente de Puerto Príncipe y que si la política dominicana entendiera esta realidad, los dominicanos estaríamos en mejores condiciones para contribuir, a que en su momento, el norte de Haití pudiera ser otra nación libre e independiente y como para los años sesenta del siglo pasado una delegación empresarial haitiana tanteó al ministro Fabio Herrera Cabral en visita a Santo Domingo y que el ilustrado alto cargo recoge en sus memorias.
Para Haití, la burocracia, políticos, periodistas y medios de comunicación de Puerto Príncipe y en la mayoría de los casos, son la retranca que ha impedido, que a nivel de Estado, ambos países tengan las mejores de las relaciones, como del lado dominicano, la misma cueva de parásitos sociales hacen labor parecida de disociación y enemistad y con el disfraz de los ultranacionalismos más enfermizos.
Afortunadamente y con la llegada al poder en agosto de 2020 del presidente Luis Abinader y su gobierno plutocrático y en el que concurren parte de las clases medias dominicana y haitiana, en estos últimos tres años, se ha logrado un avance extraordinario en la profundización de las relaciones de negocios y de buena voluntad y como nunca había ocurrido y gracias a la raíz común, de que ambas se originan en la rica migración árabe y otomana que desde cien años atrás llegó a la Hispaniola y la que ahora muestra su desarrollo más destacado con la presidencia de Abinader, quien es un dominicano de origen árabe y cuya patria chica es la República del Líbano, la patria del comercio y el emprendimiento de casi todo el continente africano y que en este país ha logrado un desarrollo extraordinario y abarcando el dominio del comercio y el emprendimiento en el mismo Haití.
Si los dominicanos se asomaran a esta realidad que presentamos, se darían cuenta, de que la interrelación existente entre las dos burguesías binacionales, es donde está la solución para que las dos naciones limítrofes y sus pueblos respectivos, continúen avanzando y por encima de los odios, resabios y resentimientos de quienes, como medios, periodistas y políticos e interpretando prejuiciosa y emotivamente los distorsionados hechos históricos del pasado, todavía no han podido entender que las dos naciones nunca han sido enemigas y sí víctimas de las interpretaciones torcidas de “historiadores” prejuiciosos y llenos de odio contra ambos pueblos.
Así se debe entender, que las discrepancias de ahora no son más que distorsiones producto de los emocionalismos a flor de piel e hijos de la prensa tendenciosa y que en ciertos momentos han atrapado a los gobernantes de los dos países. Por eso y por el conflicto artificial de la construcción de una especie de canal de riego y de desvío hacia un embalse para acumular agua para fines agrícolas y que construido en territorio haitiano y en la parte baja del río Masacre que corre 2.5 kilómetros en territorio vecino, mientras atrás queda en territorio dominicano un cauce de 48 kilómetros, se trata una interpretación de subjetividades mal entendidas y adornadas por brotes inútiles de ultranacionalistas fanatizados que no saben razonar.
Es por todo lo anterior que decimos, que, si los dominicanos examinamos con desapasionamiento y objetividad, el artificial contencioso que la mala fe y la ambición desmedida de un político haitiano ha creado, deberíamos darnos cuenta de que estamos gastando pólvora en salva y Abinader, debería de ser el primero en entenderlo y por su mente abierta y geoestratégica. De ahí que digamos, que el comercio binacional fronterizo: La misma llave con diferente montaje. Con Dios. (DAG) 16.10.2023





