Los combates que continúan en Oriente Medio muestran cada vez con mayor claridad que uno de los principales beneficiarios del conflicto está siendo China.
Aunque inicialmente la escalada fue vista como una forma de debilitar a Pekín, el gigante asiático ha logrado convertir su dependencia energética en una ventaja estratégica, al tiempo que refuerza su imagen como una potencia estable y predecible en un contexto de creciente incertidumbre internacional.
Convertir la dependencia en ventaja
Los países del golfo Pérsico representan entre el 50 % y el 55 % de las importaciones chinas de petróleo. Aun así, Pekín logró evitar el peor de los escenarios gracias a las reservas estratégicas acumuladas durante los últimos años. China ha acumulado más de 500 millones de barriles de petróleo almacenados y, además, ha diversificado de forma significativa sus fuentes de suministro.
Un informe de la consultora geopolítica Asia Group publicado a finales de junio apunta que China desempeñó un papel decisivo para estabilizar el mercado energético mundial durante la crisis.
Al reducir la actividad de sus refinerías, recurrir selectivamente a sus reservas, redirigir los suministros, contener parte de la demanda e importar menos petróleo, Pekín absorbió parte del volumen perdido por el estrecho de Ormuz y moderó la presión sobre los mercados mundiales, señala el análisis.
Otro factor clave fue la apuesta de largo plazo de China por la electrificación de su economía. En la actualidad, la electricidad representa cerca del 30 % del consumo energético del país, una proporción casi un 40 % superior a la registrada en Estados Unidos y Europa. Además, en 2024 China instaló más de la mitad de toda la nueva capacidad mundial de energía eólica y solar.
Gracias a estos factores, Pekín pudo reducir sus compras de petróleo importado en aproximadamente cuatro millones de barriles diarios durante la guerra.
En este contexto, The Times calificó a China como la «nueva superpotencia energética».
Imagen de una potencia estable
Los beneficios para Pekín no se limitan al ámbito económico. Según el reconocido analista Fareed Zakaria, el conflicto también ha reforzado la percepción de Estados Unidos como un socio cada vez menos fiable para las monarquías árabes del Golfo.
«Pekín no ha intentado sustituir a Washington como garante militar de Oriente Medio; eso requeriría costosos compromisos. Su objetivo ha sido más sencillo y sutil: conseguir que los Estados del Golfo se distancien en cierta medida de la órbita estadounidense», afirma Zakaria.
«Los aliados estadounidenses del Golfo han visto cómo Washington libraba esta guerra de forma caótica y sin tener apenas en cuenta los daños infligidos a sus ciudades, infraestructuras y economías», añade.
A su juicio, Oriente Medio se está configurando en torno a dos grandes bloques: por un lado, países como Emiratos Árabes Unidos, que continúan estrechando sus vínculos con Israel; por otro, una coalición más amplia encabezada por Arabia Saudita, que considera imprescindible mantener una relación estrecha con China sin romper el diálogo con Irán.
«Sin duda, en medio de los conflictos incesantes en Oriente Medio y Europa, China se presenta como un oasis de estabilidad, tanto para los negocios como para el turismo y las transferencias de dinero», señaló a RT el director del Instituto de Países Asiáticos y Africanos de la Universidad Estatal de Moscú, Alexéi Máslov.
Alejamiento del dólar
Otro de los frentes en los que China parece estar ganando terreno es el progresivo abandono del dólar en el comercio internacional.
Anteriormente, Bloomberg informó de que Irán permitió a algunos petroleros atravesar el estrecho de Ormuz con prioridad si las compañías realizaban los pagos en yuanes.
Zakaria considera que este proceso continuará acelerándose. «China y sus socios han ampliado de forma efectiva el comercio denominado en yuanes para reducir su exposición a las sanciones estadounidenses. El cambio será gradual, pero la tendencia es ahora innegable: alejarse del dominio del dólar», concluye. (RT)





