La República Dominicana opera bajo un riesgo invisible pero latente: el país no está preparado para enfrentar una catástrofe de grandes proporciones que amerite el uso de emergencia de grandes volúmenes de sangre.
Así lo advirtió la directiva de la Cruz Roja Dominicana (CRD) durante su participación en la entrevista especial de elCaribe-CDN.
En estos espacios, la entidad trazó la radiografía de una crisis estructural que exige una reforma urgente en la política sanitaria del Estado.
Según Blaurio Alcántara, director ejecutivo de la organización, las reservas actuales apenas satisfacen las demandas básicas y situaciones menores. Actualmente, el país arrastra un déficit crónico que supera las 100,000 unidades de sangre al año, para cubrir la demanda básica.
Pese a esto, el banco de sangre de la Cruz Roja, el principal soporte operativo del país apenas mantiene en existencia unas 600 unidades, una cifra que expone la fragilidad del sistema ante un evento de gran escala, especialmente cuando solo el 4 % de las donaciones que recibe la institución son voluntarias y altruistas.
“Lo complicado sería una catástrofe mayor como la que ocurrió en Haití… ahí podríamos vernos un poco dificultosos en esas dos horas críticas. Por eso necesitamos esas reservas estratégicas”, alertó el doctor César Matos, hematólogo y director del banco de sangre de la institución.
Un mercado informal impulsado por la escasez y la exclusión de las ARS
El sistema dominicano subsiste bajo el esquema de “reposición por emergencia”, un modelo que los directivos califican de insostenible para el sistema de salud pública. La situación se agrava debido a que la mayoría de los planes básicos de las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS) exceptuando SENASA, no cubren la sangre.
Esta brecha empuja a los familiares de los pacientes, en momentos de desesperación, a buscar donantes de reposición en el peor escenario posible, perpetuando el ciclo.
Dado que los protocolos internacionales prohíben el pago directo por la donación, la ausencia de incentivos ha dejado el campo libre a un mercado informal que prospera a raíz de la escasez. “Aquí es un gran negocio y no lo vamos a ocultar”, admitió el especialista César Matos.
Ante este escenario, el doctor Matos plantea que el Estado asuma el protagonismo definitivo en la gestión, financiamiento y promoción de la donación voluntaria mediante la creación de mecanismos de estímulo amparados por la ley.
“Yo veo positivo que para crear la cultura, se les entreguen bonos de comida o raciones crudas, también que se les den ciertas facilidades como viajes gratuitos en el sistema público del transporte como el metro, alguna facilidad en los bancos estatales y en otros lugares de servicios públicos”, añadió el director del banco de sangre.
El costo real de salvar vidas
Braulio Alcántara, director ejecutivo de la organización de auxilio, puntualizó el impacto económico de mantener operativo este servicio y señaló que el país arrastra una deuda histórica en materia de seguridad transfusional que compromete diariamente la vida de cientos de pacientes en las salas de emergencias.
“La institución no tiene fines de lucro; sin embargo, dar un servicio tiene un costo. La sangre no es extraérsela a alguien y transfundírsela a otro: hay todo un proceso de optimización y habilitación que tiene un costo. La Cruz Roja no puede regalarla masivamente porque no tendría cómo reponer lo que implica mantener el servicio, pero tampoco se cobra el precio del mercado. Se cobra una cuota de recuperación”, aclaró Alcántara.
Procesar una unidad de sangre cuesta cerca de 5,000 pesos. La Cruz Roja la entrega bajo una cuota de recuperación de 2,300 pesos, cubriendo la diferencia con recursos propios porque la rentabilidad de la institución es social, no económica. En contraste, en los bancos de sangre privados esa suma se duplica y en clínicas particulares puede superar los 8,000 pesos.
Esta labor choca con una realidad financiera asfixiante. La Cruz Roja lleva aproximadamente 30 años recibiendo del Estado una partida presupuestaria fija de tres millones de pesos mensuales (36 millones al año), un monto que sus directivos califican de insuficiente frente al volumen de operaciones que sostiene la institución.
Para completar su financiamiento, la entidad imparte cursos, gestiona donaciones nacionales e internacionales y opera el banco de sangre, fundado en 1949 y considerado por su directiva como el mejor del país por su tecnología de punta. El presidente de la Cruz Roja Dominicana, Miguel Sanz, detalló las limitaciones de los fondos locales al recordar que, cuando las inundaciones afectaron a Montellano y otras comunidades en Puerto Plata, la respuesta interna fue mínima: “Debo decir que muy poca colaboración recibimos del país”, admitió Sanz, señalando que la intervención fue posible gracias a unos 30 millones de pesos provenientes de fondos de emergencia de la Federación Internacional.
Ambulancias en el 911 y la respuesta autónoma
El ahogo financiero también alcanza el servicio de emergencias. La Cruz Roja opera 153 ambulancias bajo convenio con el Servicio de Atención a Emergencias 911. Estos vehículos se adquirieron mediante un contrato de arrendamiento con la Federación Internacional y se pagan mensualmente en francos suizos.
La devaluación y la deuda en moneda dura, sumadas al encarecimiento generalizado de los combustibles y el equipamiento, ha colocado a la institución “prácticamente fuera del punto de equilibrio”, según reconoció el director ejecutivo Braulio Alcántara.
El servicio funciona bajo la modalidad “llave en mano”: la Cruz Roja pone el vehículo, el personal, los medicamentos y la logística, mientras que el 911 controla la asignación de los despachos.
Sin embargo, la institución mantiene intacta su capacidad de respuesta autónoma e independiente.
Vulnerabilidad urbana: Ciudades colapsadas en dos horas
El impacto de los fenómenos atmosféricos recientes evidencia un cambio drástico en la dinámica de las emergencias en el país.
Hacia una reforma jurídica y estructural
Para la mesa directiva, la solución definitiva no requiere “inventar el agua tibia”, sino aplicar modelos que ya han demostrado un éxito rotundo en la región, donde el Estado centraliza y financia los hemocentros nacionales y la captación es netamente voluntaria.
Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) establecen que debe haber una donación voluntaria de entre el 5 % y el 20 % de la población, el país no llega ni al 2 %.
Un siglo de auxilio integral
La Cruz Roja Dominicana fue fundada el 15 de abril de 1927 por doña Trina de Moya, entonces primera dama de la República, junto al doctor Salvador Gautier y un grupo de médicos. A las puertas de cumplir su centenario, opera con 156 filiales en todo el país, más de 10,250 voluntarios activos y alrededor de 1,000 servidores en la gestión administrativa.
El domingo es Día Mundial del Donante de Sangre
El presidente del organismo, Miguel Sanz, apunta a la raíz del problema: “La gran mayoría solo entiende la importancia de la sangre cuando tiene una emergencia… el camino es la educación desde la niñez”.
Este domingo se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre, el diagnóstico de la Cruz Roja queda sobre la mesa: la seguridad transfusional del país no puede seguir dependiendo de si una familia tiene dinero en una sala de emergencias o de si consiguieron cuatro amigos dispuestos a madrugar para donar. A un año de cumplir su primer siglo de servicio, la institución benemérita deja la pelota en la cancha del liderazgo político. Resta ver si el Estado asumirá la gestión de la sangre como un asunto de alta prioridad y seguridad nacional, o si continuará apostando a la suerte, esperando que una gran catástrofe no nos encuentre con las venas vacías. (EC-em / OJO)





