Hasta ahora siempre se había creído que el actual presidente de Brasil Lula da Silva era una persona de palabra y de honor y que por nada del mundo y ahora más con una edad de ocho décadas, que pudiera caer en el grave error de pretender quedarse en el poder y sin importar como.
En este aspecto, la sorpresa fue mayúscula. Sí se sabía que en sus tiempos de sindicalista era un individuo pelo en pecho cuya mano no le temblaba para cometer determinados estropicios, pero nunca se le había visto alentando un resultado eleccionario fraudulento y menos, que desde la presidencia de su país, alentara una seria afectación de la libertad de escogencia de los electores y en particular, de unos diez millones a los que las trampas digitales les impidieron canalizar sus votos con la intención que tenían.
Tampoco hay que detenerse en ese discurso esperpéntico y tanto de izquierda como de derecha para engañar y manipular a los votantes y lo que ocurrió y muchas veces burdamente. Mientras desde la generalidad del aparato mediático e instigado por sus intereses bancarios y empresariales y que los azuzaban para que apoyaran a su candidato y satanizaran al otro y lo que se vio en los tres niveles de elección.
Incluso y aunque duramente censurable, tampoco hay que preocuparse por el efecto real de los despachos periodísticos extranjeros que hablaban de que en el país tal o cual, “Lula ganaba ampliamente” y que hecho dos días antes de las elecciones y en particular, para la recién pasada segunda vuelta, fue un factor que pudo provocar determinados dislocamientos de intención de voluntades, pero no al grado, de que se pudiera decir que influyó en el ánimo de los votantes.
En cambio lo que sí ocurrió, fue ver como el mecanismo del llamado voto electrónico y manejado y controlado por amanuenses de Lula, este si hizo lo que se le había programado para dislocar diez millones de votos a la segunda vuelta y dando por resultado, el supuesto triunfo del presidente y del que ya se decía que había sido “una remontada memorable”
Cómo se ha comprobado y desde mass media como organismos internacionales de información, análisis y conteo electoral, es imposible no entender que lo acontecido tiene una sola palabra para describirlo: Fraude y que desde que se comprueba, entonces se entra al nuevo escenario de un presidente usurpador y un posible presidente electo batallando desde el exterior para hacer valer los millones de votantes que lo hicieron a su favor.
Sin embargo, ambos presidentes tienen a favor y en contra, esa injerencia extranjera que nada tiene que ver con los candidatos en sí y solamente con los intereses que presidentes como Trump y Putin patrocinan y que como el lector deberá de suponer, para nada favorecen los propios de Brasil y sí las conexidades de sus ámbitos de amistad de acuerdo con el candidato que eventual o solapadamente se hacían como que patrocinaban.
Por eso Trump movió sus fichas y en un dos por tres sacó a Bolsonaro de su país y en momentos que ya era victima de persecución oficial incentivada por la canalla apertrechada desde el Tribunal Supremo Electoral. Mientras Putin haciendo parecido “reconocimiento” de ante mano, sobre el supuesto “triunfo» de Lula.
Con ambos apoyos, la naturaleza normal del torneo electoral y el proceso poselectoral quedó absolutamente desnaturalizado y por eso, ahora Lula se encuentra y en cuanto, a si reconoce que las elecciones hay que repetirlas o en cambio, ordena la disolución del Congreso y si puede tratar de gobernar por decreto.
Y en lo que el hacha va y viene, veremos que los radicalismos no dejarán de presentarse y sin duda de modo agresivo. Tanto pudiera ser un atentado contra el expresidente Bolsonaro padre o un intento de mayor socavamiento de algún tipo de llamado militar procurando el «respeto a la Constitucionalidad”, en uno o en otro sentido, lo que habla, es de agravamiento de las tensiones, las malquerencias y hasta de ciertos extravíos, que incluso podrían ir a más, si el supuesto derrotado candidato presidencial Bolsonaro hijo, intentara crear un gobierno provisional en el exilio y lo que no habría que descartar de plano y sí a cambio Trump ve que algo que de ello podría serle beneficioso.
Desde luego no podemos ahondar más en los acontecimientos que se están sucediendo de manera tan rápida y precisamente, porque entendemos que todavía el pueblo brasileño no se ha pronunciado tajantemente sobre lo ocurrido y que ha sido una estafa y fraude contra sí mismo.
Pero sí queremos enfatizar en el hecho, del peligroso papel inmoralmente interventor de las redes sociales y por parte del comando de campaña de Lula con su “ejército en las redes sociales” y obligando a decir y sin duda alguna, que por lo ocurrido recién en Brasil, de ahora en adelante y en todos los procesos electorales que se sucedan y no importa país, por obligación institucional y asunto de seguridad nacional, las redes sociales deben ser suspendidas o desactivadas en todo proceso, una semana antes de las elecciones y hasta una semana después que el tribunal electoral se haya pronunciado sobre ganadores y perdedores y nunca utilizar el voto electrónico.
Ante esto, asumimos que youtubers y vociferantes en los lupanares mediáticos en las redes pondrán el grito en el cielo y hasta hablar de atentado contra la libertad de prensa, comunicación y opinión, pero visto lo sucedido, nada de eso debe ni puede importar y sí la salvaguarda de las instituciones democráticas de Estado y gobierno y lo fundamental, la protección del derecho a la libre escogencia de cada ciudadano.
Ya en nuestro país, amagos de esto se está comprobando con la injerencia abierta de embajadas extranjeras patrocinando posibles precandidaturas o abiertamente, dando a entender una probable candidatura presidencial anti sistema y que de materializarse, no dudamos que ello provocará un fuerte conato de desestabilización institucional y por parte de quienes como ciudadanos electores, entiendan, que desde el exterior alguien trata de imponer resultados electorales que necesariamente no vayan de acuerdo con el interés nacional. Y que en un país cuyo presidente y gobierno es un vasallo de Trump o así se muestra y al mismo tiempo, se le ve patrocinando en secreto al que podría ser el candidato presidencial de los Vicini, debería de ser un asunto al que nadie le pierda el paso.
Obligándonos entonces a preguntarnos: ¿Cuál es la grave lección que se extrae de las pasadas elecciones brasileñas? Que una semana antes de los sufragios las redes sociales deben ser radicalmente prohibidas y también la votación electrónica. Con Dios. (DAG) 29.10.2026
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