Mientras la capital haitiana y desde su periferia está controlada por el pandillerismo alimentado por su empresariado, en la capital dominicana hay otro tipo de los llamados sicarios morales en las redes sociales y ambos identificados en el mismo quehacer de hacer lo imposible porque los dos países limítrofes se fueran a una guerra fratricida.
Sin embargo hay una realidad que también es común; que los haitianos y los dominicanos del interior son absolutamente distintos a sus compatriotas de ambas capitales, más lo otro tan determinante, de que desde siempre los pueblos y ciudadanos que viven y trabajan en la línea fronteriza y todos los días, dan una muestra de convivencia compartida que no solo que hace la gran diferencia en los dos países, sino que presenta el punto coincidente que hace contrapeso al momento que las pasiones se desatan entre los extremistas de ambas naciones.
¿Ejemplo?, pocos son los dominicanos que conocen, que el millón de ciudadanos binacionales que viven en el borde fronterizo, y desde mucho antes del 1920 han sabido convivir y autodefiniéndose y auto bautizando como “rayanos”, es decir, como ciudadanos que viven y hacen sus actividades diarias en las poblaciones fronterizas y con la gran característica, de que en horas de la mañana agotan sus horas de trabajo y de estudios en la parte dominicana y para la prima noche cada uno retorna a su lar nativo y así todos los días.
Por ese intercambio de vida y no solo cultural, en todas las poblaciones a ambos lados de la frontera hay una mayor característica de hogares binacionales conformados por parejas e hijos de los dos países. Unos, haitianos de origen dominicano y otros, de dominicanos de origen haitiano y quienes al vivir en total armonía han servido de ejemplo para los militares de ambos países y sus autoridades municipales, quienes en líneas generales mantienen siempre las puertas abiertas para solucionar cualquier contencioso que pudiera presentarse.
Lo anterior es tan significativo, que los sistemas de justicia de cada país no tienen ningún tipo de casos judiciales que pudieran salirse de lo común y como muestra de la gran madurez cívica y responsabilidad ciudadana que tienen sus habitantes y a nivel militar y policial, la colaboración es tal, que cuando se presentan casos de cuatreros de los dos países estas autoridades y junto a los jueces de paz, los resuelven sin alharacas ni escándalos de ninguna especie.
Y que es una muestra de civilidad, que no está a igual nivel en el resto de las dos naciones y mucho menos en sus redes sociales, donde los sicarios mediáticos hacen lo imposible y todos los días, para que dominicanos y haitianos se fueran a las manos. Precisamente, el punto común que hace las diferencias tan palpables en materia de civilidad por parte de los rayanos y lo que para nada, el resto de sus respectivos connacionales nunca hacen por imitar.
Ante esta realidad tan humana, que no la ven periodistas, comunicadores y youtubers y por eso desde las respectivas capitales nacionales, ese odio irracional latente y escondido contra el nacional del otro país, viene siendo el rosario de amarguras, que impide que los haitianos y dominicanos no rayanos, sean incapaces de entender, que nunca podrán ser enemigos y por más reescritura de hechos históricos hijos del momento traumático de los nacimientos de las dos naciones. Una, viniendo del plantacionismo francés con mano de obra esclava negra y los otros, con esa tanda de prejuicios de racismo apenas oculto y de origen ibérico.
Solo hay que repasar los titulares de los periódicos de los dos países y ver como el veneno de la división, el odio y el resentimiento, es la política común de tantos resentidos, quienes habiendo nacido a más de cien años de las gestas independentistas, solo se detienen a hablar de lo que sus ancestros -unos y otros- hicieron en contra y entre sí y presentándolo como si fueran hechos que hubiesen vivido y haciendo creer que nada ha cambiado y que todo sigue igual, cuando la historia dice que ha habido ocasiones en que los dos países han tenido que auxiliarse entre sí.
Ahora vemos, como muchos en la parte dominicana y de imbéciles, se regocijan de la fuerza expedicionaria de El Salvador y la que ya está dando el sesgo, de que en realidad es una estadounidense con el pretexto público de acabar con las pandillas y el otro, de ponerle un cerco a Abinader.
Generándose una actitud y accionar propio de imbéciles y tarados mentales, avivando la suerte de desgracias que a ambas naciones pudiera sobre venirles. Porque de esto es de que se trata, del apoderamiento arbitrario y a la fuerza de los territorios de los dos países soberanos bajo una autoridad militar salvadoreña-estadounidense de ocupación y los dos países con sus gobiernos bajo tutela extranjera.
Para colmos, algo nuevo y de palestinos originados por migración en el Salvador y libaneses de origen dominicano enfrascados en un nuevo capitulo de rivalidades y pretendiendo los no isleños dominar la isla entera y en lo que sorprendentemente las fuerzas vivas y tampoco las sociedades civiles de ambos países no han caído en cuenta, mientras lo otro tan significativo, de la manga de analfabetos funcionales dominicanos en las redes sociales, incentivando que su país sea maniatado y con tal de volcar sus odios contra Abinader, mientras del otro lado, dan lo que no tienen por sustituir a su gobierno provisorio.
En este sentido. Creemos que dominicanos y haitianos debemos copiar la política de buena vecindad y colaboración de los rayanos y no actuar como lo imbéciles que quienes los manejan y manipulan, sí que son y quienes pescando en río revuelto, entienden que podrán sustituir a sus respectivas y corruptas clases gobernantes.
Con esta insana pretensión, los salvadoreños olvidan que ellos son un pueblo de aborígenes e indios fundamentalmente, en tanto los haitianos y dominicanos son negros, mulatos, mestizos y blancos y muchos amarillos de origen asiático y ya como dominicanos de nacimiento y esto quiere decir, que en materia de carácter y voluntad aguerrida, los compatriotas de Bukele no deberían confiar tanto en que a los «isleños” ellos pudieran dominarlos y al punto de creer estúpidamente, que supuestamente.
“Los militares dominicanos son unos corruptos traficantes de personas y de mercancías absolutamente inútiles y totalmente corrompidos” y lo que desde hace dos días los medios de comunicación del país centroamericano viven pregonando y hasta insultando en lo personal a nuestro presidente y porque si bien es cierto que Abinader no será simpático a muchos, pero en esto y como el presidente de todos, los dominicanos debemos defenderlo.
Al margen, sí entendemos, que si los rayanos no existieran, los capitaleños de los dos países habrían llevado a las dos naciones a librar una guerra fratricida. Con Dios. (DAG) 28.10.2026
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