Dudamos que en este momento haya un dominicano que viva en el territorio nacional, que no esté de acuerdo con este medio y en el sentido, de que por primera vez desde el 1965, la República prácticamente se encuentra paralizada en su ejercicio de un estado de derecho viable y vivo y en razón del terrible nivel de pandillerismo político y social, que ha devenido en uno criminal y proveniente desde quienes dirigen y controlan los medios de transporte masivo como autobuses, automóviles y motores, donde todos rivalizan entre sí y en lo relativo a imponer un terrible brote de anarquía social que no da espacio para que cada ciudadano pudiera sentir su vida e integridad físicas plenamente garantizadas.
Agréguese a la terrible situación anterior, que el mayor auxilio que esta delincuencia social cimenta, es y por un lado, el cambio brusco dentro de la policía, de una institución de servicio y protección ciudadana a un ramal criminal del narcotráfico y el sicariato y por lo que tampoco se puede decir, que se vive dentro de una sociedad genuinamente democrática y de institucionalidad soberana firme.
Solo con conocer, que entre guagüeros y motoconchistas hay un conjunto de no menos cuatro millones de personas, quienes y todos suplantando el estado de derecho, acobardado al Estado y aterrorizado al gobierno de la nación, debería de ser suficiente y para entender el terrible ciclo de más de 600 muertos ocasionados y solo en lo que va de este año, por el pillaje del tránsito urbano y los casi mil que son adjudicados a las mafias de motoconchistas y sus aliados del sicariato apoyado por el empresariado y quienes todos a la vez y en la práctica, han suplantado las instalaciones de derecho, mientras el aparato judicial y entre fiscales y jueces -una mayoría- hay una complicidad tan terrible, que justicia para castigar el delito, propiamente no existe.
Sobre este particular, ya se han visto muestras terribles de fiscales y jueces delincuentes, siendo parte de la corporación criminal que ha suplantado a la policía y la que ahora el empresariado controla desde que la «redescubrieron» como entidad público-privada y la que operando desde la vigilancia y control de puntos de drogas y puestos de juegos de azar en los barrios de las ciudades, la «entidad empresarial» ha creado un ramal directo de los juegos de azar y que con sus aliados de la delincuencia clandestina en el aparato burocrático del Estado, más los legisladores que les apoyan, simplemente, a los ciudadanos respetuosos de las leyes se les hace ver, que el Estado de derecho como tal no existe, más lo otro tan peligroso, de esas graves fisuras morales en el ejercicio del gobierno y sustentadas en la partidocracia y que no da espacio para que se pudiera suponer lo mejor, cuando desde el poder político central, el delito y en todas sus formas, se ha convertido en práctica de ejercicio normal, generando y a modo de réplica, una notoria pérdida de valores morales y dentro de una población, que con el pretexto del estado de necesidad, es proclive a vivir y convivir con la delincuencia.
La situación es tan grave y demencial, que hasta los medios de comunicación de la prensa tradicional, toda esa mercancía y por su mala práctica del ejercicio del tráfico de influencias, también han alentado las peores formas y maneras de creatividad delictual que han terminado por llevar a todo un proceso desintegrador de inversión de los valores morales y para mayor preocupación, arrastrando e integrando hasta elementos de culto religioso y la mayoría dizque «defensores del medio ambiente», repartidos y en todas sus manifestaciones y creencias.
Por lo que se está viendo, el gobierno de Abinader, PRM y Competitividad, de hecho, coludido con sectores de la criminalidad organizada y en base a su mascarón de proa de la corrupción política, se ha estado mostrando totalmente incapaz y hasta incompetente de corregir la grave situación y dándose ahora la terrible presencia, de que como todo el poder político, económico y social es parte de la delincuencia organizada, de pronto, los dominicanos y con grave desconcierto, estamos viendo que la Nación se nos está yendo de las manos.
Entonces y cuando se entiende que hay que buscar la parte sana de la sociedad así como de la ciudadanía y con el propósito de crear un movimiento drástico y pacifista de rescate nacional y mediante la imposición de la dictadura de la ley, viene a hora un grupo de militares retirados y de rango -justo cuando se cumplen 61 años de la fracasada asonada cuartelaria y luego mascarada de «movimiento social revolucionario”, de abril de 1965.
A recordar sobre un supuesto intento que 170 y pico de oficiales que ellos dicen ahora que tuvieron para el año 1994 y con el propósito de que si el gobierno fallaba, ellos tenían intención de dar un golpe de Estado “blando” y lo que no se entiende, porque en ese entonces continuaba gobernando el país, el puño de hierro del presidente Joaquín Balaguer y cuyo aparato de espionaje y contra policía era de tal magnitud y eficiencia, que se permitía el lujo de dejar que quienes «conspiraban» en torno a una botella de alcohol y con el apoyo tácito del político del PRD, Peña Gómez y el expresidente Hipólito Mejía, continuaran con sus tratativas de creerse que realmente eran algo así como “los guardianes de la democracia”.
Ahora remanentes de ese grupo de conspiradores de salón, que solo hablaban de supuestamente “resguardar la democracia”, han salido al ruedo político trayendo el tema a colación y en momentos, que el gobierno del presidente Abinader se encuentra zarandeado socialmente y debido a que su ineficaz y corrupto partido, el PRM, sus mentores han llegado a entender, que ellos podrían continuar impunemente y junto a sus socios empresarios, saqueando a la República.
¿Qué es lo que se está buscando?, preparar el terreno para que en un momento determinado, se aliente una rebelión que se convierta en auténtico golpe de Estado y en lo que al parecer, por lo menos, dos de los tres expresidentes, Hipólito y Leonel, se les entiende nada alejados de lo que se pudiera concretar en materia de desestabilización.
A todo esto, extraña la parálisis de Abinader y el cierto desapego a entender su realidad y en momentos que es tan abierto, que la impopularidad del régimen es de preocupar y que el ánimo ciudadano es de golpismo puro, que habría que rogar a Dios para que cualquier día no estallara una insurrección popular con apoyo militar.
Mientras tanto, nadie dentro de la clase gobernarte y menos entre el sector mediático y para nada, se quiere entender el tiempo difícil que se está viviendo y obligándonos a advertir, que frente a quienes conspiran, debemos dar pasos firmes quienes no queremos ningún tipo de retroceso político que pudiera afectar las elecciones del 2028 y aunque suene paradójico, sabiendo, que a quien más podría beneficiar la emboscada que esos extremistas frustrados quieren efectuar, es al mismo Abinader y quien victimizado y con poder, pudiera aplastar a sus adversarios y mucho más, teniendo su arma de reglamento en el uso del presupuesto público para corromper más y más a la ciudadanía y aprovechando el estado de necesidad de las mayorías.
Sin embargo una cosa es la que piensa el burro y otro quien lo apareja y también por lo que estamos viendo, no todo lo que aparenta pudiera mantenerse indefinidamente y de ahí que puntualicemos, respecto a que desde el 1980 hay una ley del Congreso y que está vigente, que se aplica a un estado de emergencia o de conmoción interior. Hay que aplicarla al pandillerismo criminal moto concho. Mientras, “afiebrados”, sueñan con una asonada militar contra Abinader. Con Dios. (DAG) 24.04.2026
imagen de la mascarada «revolucionaria» de abril de 1965
última actualización: 10:00 am





