El descrédito moral de Danilo y Leonel como exgobernantes, parecería que consolida a Abinader y su reelección constitucional. Se impone un cambio de paradigma para que el pasado quede atrás. ¿Quiénes lo harán?

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Independientemente de lo que subjetivamente se entienda respecto a los ejercicios de gobiernos de los dos expresidentes de gobiernos del PLD, así como también de cuanto es creíble en lo positivo del presidente Luis Abinader y su actuación como gobernante en ejercicio, está claro y lo que se hace palpable, es, que ya es hora en cuanto a que los dominicanos entendamos, que debemos darle un vuelco casi absoluto a la vida política y gubernamental de esta nación y la que ciertamente se encuentra bajo el secuestro de una partidocracia absolutamente amoral.

Solo hay que ver como la ciudadanía se siente desesperada y al observar que el ejercicio de la política en las últimas seis décadas, no ha evidenciado en líneas generales una mejora palpable en la conducción de la nación y que por lo contrario y como si la nación estuviera estacionada en el tiempo, los políticos mantienen las estructuras de ese caudillismo de antaño que se fundamenta en el culto a la personalidad de los actores públicos y en la corrupción a gran escala y tal como si esta nación fuera la misma que existía a mayo de 1961, cuando la República solo tenía dos millones y medio de habitantes y como país rural y de economía subdesarrollada, cuyo presupuesto no pasaba de 150 millones de pesos (un peso oro igual un dólar estadounidense).

En este sentido y si nos ponemos a reflexionar sobre el particular, es una pena, que aun cuando a 2023 somos una economía emergente y con un presupuesto público que pasa del billón de pesos (por un dólar, 56 pesos) casi once millones de habitantes y una nación semi industrializada. La realidad es, que en términos de nivel y calidad de vida y sí hacemos abstracción de lo material, hemos descendido en el nivel y calidad de vida ciudadana y lo otro tan penoso, de que no existe la apropiada moral y cívica que hacía, que antes, prácticamente la corrupción no existía y los ciudadanos se desenvolvían con un altísimo nivel de apego moral.

También habría que decir, que mientras hasta el 1961, si 20 mil dominicanos habían tenido oportunidad de viajar con frecuencia al exterior, ahora casi la totalidad de la población viaja constantemente y con el resultado de una corrosiva destrucción en el orden moral que ha hecho de la mayoría de los dominicanos, grupos de insatisfechos que no quieren trabajar y que han aprendido por sus contactos preferentemente en EEUU, que al Estado se le puede robar y estafar y cada quien y a su propio riesgo convertirse en un mecanismo de enriquecimiento ilícito, sea robando a los sectores económicos mejor posicionados o tomando por asalto al Estado vía los gobiernos de turno o lavando activos o inmersos en el narcotráfico y los crímenes por encargos.

Semejante cambio de orden moral ha terminado por minar absolutamente las bases del Estado y por vía de consecuencia, el cambio político estructural ha sido tan notorio, que prácticamente, son muy pocos los organismos públicos y privados y menos las personas que entiendan, que se deben practicar conductas de moral acrisolada.

De este modo, el país es rehén de sus mismos ciudadanos y estos y en gran mayoría, esclavos de los sentidos, así como de las inconductas más inverosímiles.

Es por ello por lo que al mirar para atrás, los dominicanos y en sentido general debemos tener vergüenza de nuestra falta de conducta y carácter y lo que se plasma de una manera turbadoramente gráfica, con ese continuo ir y venir de empresarios y políticos saqueando al Estado vías los presidentes y gobiernos de turno, al tiempo que los medios de comunicación y de información de masas y en sentido amplio, han sido convertidos en lo más parecido a asociaciones de malhechores mediáticas en las que la corrupción prima y como fundamento cierto, para que las factorías periodísticas sean los instrumentos de sus dueños y periodistas con miras obtener beneficios amplios para sus propios negocios colaterales y  emprendimientos.

A la fecha, el periodismo y la política y casi sin excepciones, son la mancuerna por la que tantos dominicanos han desertado de sus obligaciones morales y la razón de que la corrupción en estos 61 años haya llegado a unos niveles tan extraordinarios y de una pérdida global de más de 500 mil millones de dólares y los que en líneas generales, reposan en bancos del exterior así como en miles de propiedades inmobiliarias de todos los tipos y características y que es un fenómeno tan grave, que el Poder Judicial ha terminado y en la gran mayoría de sus miembros, rendidos ante la ola de corrupción que lo invade todo.

Nada ni nadie ha podido salir indemne ante el desorden amoral que ahoga a la República y en razón de ello, es imposible no aceptar que los grandes escándalos de corrupción que se han suscitado en todo este interregno y los que van desde el clausurado Banco Universal y luego las quiebras masivas de financieras y continuando con la terrible quiebra del Banco Intercontinental y para entrar de lleno en los casos Odebrecht y siguientes y hasta culminar ahora con los nuevos nueve y desde el 2020 a la fecha que las actuales autoridades persiguen y airean y nadie preso por vía de sentencia de la cosa irrevocablemente juzgada y miles de millones de pesos en pérdidas netas para la economía y culminando ahora con los casos Pulpo y Calamar que han provocado el desfile  de tantas honras destruidas por las peores prácticas de la corrupción desde el poder o empresarial con alianzas políticas ilícitas.

Para remate, entrando a un año preelectoral que por lo que se está viendo, hay una amplia sospecha de que el interés político partidario mueve en secreto ciertas actuaciones del ministerio público y que, si efectivamente se demostrara, sería y de seguro un golpe mortal contra la moral nacional.

De ahí, que ahora a semejante desorden amoral se le están dando mascaras políticas como identidad propia y al extremo y para medianamente entender lo que está ocurriendo, habría que decir, que entre tantas contradicciones, lo mejor que le pudiera ocurrir a esta nación es que la parte de sus hijos, no contaminada, impusiera una verdadera revolución moral que rescate lo que hasta ahora se pudiera salvar y en consecuencia, ofreciendo como retrato final, señalamientos de índole personal y cayendo en señalamientos de personajes, que den pie para que se despierte la conciencia moral de un país doblegado por la amoralidad reinante.

Por eso y aunque parezca contradictorio, hay que decir, que el descrédito moral de Danilo y Leonel como exgobernantes, parecería que consolida a Abinader y su reelección constitucional. Se impone pues un cambio de paradigma y para que el pasado quede atrás y la pregunta es una, ¿quiénes lo harán? (DAG) 22.03.2023