sábado, diciembre 4, 2021
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El “entretenimiento” de la aparente e “inusitada” crisis haitiana y la que viene de años atrás, parecería que le hace olvidar al Gobierno, los apremiantes problemas de vida que experimenta el pueblo dominicano y que ahogan a su clase media. Aquí una muestra

En realidad, y si nos pusiéramos a analizar exhaustivamente, no solo el porqué de la violenta situación social y de ingobernabilidad que parecería que abate a la República de Haití y en niveles realmente desproporcionados para lo que en este aspecto siempre ha sido recurrente en el país transfronterizo, nos podríamos darnos cuenta, de que en cierto modo, se trata de un formidable juego de intereses de los grupos empresariales haitiano y dominicano y con el factor común, de que es la misma oligarquía de raíces siria, libanesa y palestina y también turca y árabe, que independientemente a los gobiernos de ambos países, es la que maneja los hilos de la trama de aparente ingobernabilidad que parecería que abate a Haití.

¿Por qué precisamente ahora y cuando casi todo el mundo en la isla entera entiende que la crisis social es propia de un proceso de ingobernabilidad aparentemente anárquico, cuando de lo que se trata es de un movimiento táctico de la oligarquía haitiana con sus aliados empresariales dominicanos y para obtener mejores y mayores ganancias dentro del caos fabricado exprofeso y ahora para hacer creer que realmente Haití se encuentra, no solo como “estado fallido”?, cuando en la práctica y como nunca antes, lo que ha sucedido es un aparente momento de agitación social extrema que efectuado con cierto sigilo, ahora se tiene la sospecha, de que todo ha sido un amplio montaje, por medio del cual, las dos oligarquías binacionales, tratan de reducir a mínimos la pujanza de las dos clases medias de ambos países  y con la finalidad de que en la isla entera no hayan nuevos ricos que pudieran descabezar la hegemonía y control de sus dos grupos empresariales  de raíces comunes.

Recordemos que en Haití los ricos y capitaneados por no más de cinco familias de mercaderes, cuyas raíces provienen del Medio Oriente y después que conspiraron para matar al presidente Jovenel Moïse, el empresario bananero apadrinado e impulsado por la parte de la clase media nueva cuyos intereses están entre EEUU, Canadá y República Dominicana y en lo político, impulsado por el expresidente Martelly y logrando esas familias su propósito a un costo de 20 millones de dólares pagados a policías haitianos y seguridad del presidente asesinado y con el disfraz de supuestos ejecutores colombianos como supuestos sicarios, ahora intentan mover el tablero geopolítico y con miras de repartirse el mercado binacional de compra y venta de productos dominicanos y de inyección de recursos monetarios frescos para sus iguales en la parte dominicana, cuyos integrantes, todavía sus no han podido cumplir el papel asignado y por eso la “confusión de miras” dentro del gobierno de Luis Abinader.

Es decir, tan pronto esas poderosas familias de mercaderes haitianos y sus contrapartes dominicana, estadounidense y canadiense se pongan de acuerdo en ciertos detalles, todos veremos, cómo, todos los que ahora son presentados como los jefes de las supuestas bandas pandilleras que en apariencias controlan al país transfronterizo, de golpe, no que serán tirados a un lado, sino como en lo mejor de las prácticas mafiosas ítalo-estadounidenses, tendrán el mismo destino que el del malogrado expresidente y de quien y entiéndase bien, nunca se conocerá  a ciencia cierta quienes fueron los que manejaron los hilos que apartemente precipitaron a Haití hacia el también aparente callejón sin salida en el que ahora esa nación y su pueblo se encuentran.

Será lo mismo y dentro de otra perspectiva, de lo que pasó en este país en mayo de 1961 con el asesinato de Trujillo, dispuesto por el gobierno de Dwight D. Eisenhower y ejecutado por el de John Kennedy: Se fabricó una “conjura de patriotas dominicanos” tutelados por la estación local de la CIA y como el mejor testimonio para que la población se creyera semejante mentira, lo que al final se logró y obteniendo las llamadas diez familias, la titulación legal y no legitima, de los bienes e infraestructuras creadas por Trujillo para usufructo de los dominicanos y convirtiéndose esas familias y a partir de entonces, en una nueva y revitalizada oligarquía dueña de todos los bienes de producción y servicios.

Ahora se está en el interin, de como terminar de estructurar bien la formidable conjura política y empresarial que se ha llevado de paro a Moïse y a encumbrado a más, a las familias haitianas originadas en ancestros sirios, libaneses, palestinos, árabes y turcos que hasta ahora y luego de Duvalier padre, tienen el control pleno de Haití.

Por eso, para entender a mejor que es lo que está ocurriendo o como “es que se bate el cobre” en Haití y para los ricos quedarse con todo, no dejar que la clase media crezca y sepultar en mayor ignorancia a su población, solo hay que enterarse de qué habló y a que acuerdos llegó el llamado “emisario especial” Daniel Supplice en su reciente visita oficial de seis días a tierras dominicanas y que le permitió reunirse con el encargado de negocios estadounidense, Robert Thomás y funcionarios de la ONU como de determinadas ONG que controlan todos los recursos que las Naciones Unidas envían a Haití y desde luego, aparte de sus conversaciones con el presidente Luis Abinader y determinados altos cargos dominicanos.

Y por lo pronto, parecería que el primer ministro haitiano, Ariel Henry se le buscará una salida “honrosa” y que sea posible que las acusaciones en su contra de complicidad con el magnicidio sean dejadas de lado, al tiempo que, al canciller, Claude Joseph “y si obtempera”, se le pudiera permitir un desenvolvimiento político menos inestable.

Mientras tanto, el melodrama haitiano le ha permitido a Abinader, que mucha gente se distraiga. Sin embargo, otras no y ahí la situación de inestabilidad social de hoy en San Francisco de Macorís con la huelga del comercio, el transporte y la docencia y la que amenaza por extenderse, mientras desde esta mañana en la zona turística Bávaro-Verón-Punta Cana, más de 300 taxistas y trasportistas se colocaron a un lado de la carretera que une a esas comunidades y en abierto choque contra los hoteleros, quienes y por lo que dicen los taxistas, cuentan con un  “ apoyo oficial” que les permite que puedan impedirles el acceso a sus instalaciones y otros, demandando a las autoridades “que den cumplimento al reglamento 515-21, tal como está estipulado y también a la Ley de Movilidad, Transporte, Tránsito y Seguridad Vial de la República Dominicana, la 63-17”.

Los protestantes se estacionaron en el cruce de Coco Loco y le imputan al ministro de Turismo la mayor culpa de lo que ocurre “y por ser nuestro enemigo” y uno de ellos, Ambiorix Reyes, presidente de Verón Taxis, dijo que “David Collado ha tirado por la borda todos los acuerdos a los que se había llegado en reuniones diversas”.

De la misma forma, se muestra el sentir contestatario de otros sectores y siempre contra funcionarios gubernamentales, mientras se advirtió, que “si mañana esa normativa no sale a favor de la ley del país, el miércoles desde las primeras horas tendrán las 20 mil unidades de taxis de todo el país para que Collado haga lo que desee y para que él mismo ejecute la función de taxista”.

Se tiene pues y que es lo evidente, que el “entretenimiento” de la aparente e “inusitada” crisis haitiana y la que viene de años atrás, parecería que le hace olvidar al Gobierno, los apremiantes problemas de vida que experimenta el pueblo dominicano y que ahogan a su clase media. Aquí una muestra. (DAG)

 

 

 

 

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