sábado, octubre 1, 2022
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El Haití de cuando nuestra independencia en el 1821 no existe, pero el Haití de cuando nuestra Restauración en el 1865, sí y desde entonces es aliado y amigo, Solo extremistas de ambos países no lo entienden o no les la gana de entender

Se supone que, a mayor aumento poblacional, al mismo tiempo va parejo el aumento y desarrollo educativo y por consiguiente, cada día los ciudadanos son más instruidos, menos fanáticos y más cosmopolitas. Sin embargo, es evidente que la clase política y gobernante haitiana todavía es reacia a entenderlo y en menor proporción su igual dominicana y de ahí las disparidades y eventuales desencuentros que se suscitan y ahora con el agregado de puro fanatismo absurdo de los medios de comunicación y de información de masas de ambos países, azuzando bajas pasiones al momento que se les presente la oportunidad.

Como producto de semejante irregularidad de ausencia de madurez mental y también de falta de educación cívica, los ciudadanos de ambos países limítrofes se encuentran prácticamente en manos de lo que quieran o decidan sus grupos sectarios más radicales dentro de los anti haitianos y anti dominicanos de ambos lados y por vía de consecuencia, los recurrentes choques  innecesarios entre supuestos nacionalistas o propiciados por políticos radicales, que no comprenden que los tiempos y de continuo evolucionan y en razón de ello, hacen o deben hacer y en términos generales, mejores personas a los ciudadanos de ambas naciones.

Para el 1821 cuando nuestra independencia de la Corona española, la República de Haití era la primera nación independiente y negra de este continente y también potencia militar y económica, en tanto quienes nacieron y vivían en el lado oriental de la isla, todavía eran colonia de la corona ibérica y en menos de un año perdieron su independencia bajo el nombre de Estado Independiente de Haití Español y debido a que la nación haitiana, temerosa de que Francia ocupara la isla y volviera a los tiempos de la esclavitud, la que la nueva República había erradicado al completo, sus gobernantes y generales decidieron eliminar toda posibilidad de peligro, invadiendo el lado oriental de la isla y uniéndola de facto con la nación haitiana y lo que aconteció por 22 años.

Esos largos años de unión a la fuerza, terminaron cuando en el 1844, la parte Oriental se separó a la fuerza de Haití y reafirmó su independencia, pero ya con el nuevo nombre de República Dominicana y teniendo entre varios, a sus dos personalidades más destacadas y señeras, el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte y Diez y el primer presidente y espada independentista, el general Pedro Santana y Familias. Ese Haití y durante todos los años de nuestra primera República fue un enemigo duro y reacio a que los ciudadanos de la parte Oriental realmente fueran parte de una nueva República independiente y batalló e hizo lo indecible por evitarlo e igual coraje y tenacidad tuvieron nuestros primeros héroes.

Sin embargo, el tanto guerrear desgastó y diezmó al nuevo Estado y ante el temor de que potencias extranjeras pudieran quedarse con el territorio nacional, el presidente Santana debió de tomar el paso arriesgado de solicitar la anexión a España y por el profundo estado de necesidad de sobrevivencia que tenía la primera República y dado que frente a las amenazas del exterior, se unían los afanes mercantilistas de quienes querían y  como el expresidente Buenaventura Báez, no anexar el país, sino venderlo a EEUU o a quien así lo quisiera.

Ahí mismo y ya efectuada la unión con el reino de España, cuyas autoridades veían en la propuesta una oportunidad para volver a sus sueños de desaparecida potencia imperial, en la nación anexada se despertó desde su propio pueblo y dirigentes, un afán casi demencial por recuperar su independencia  y en ese interés, fue la República de Haití de 1861 en adelante, la nación que salió en defensa de los aprestos dominicanos por restaurar los fueros de su República y en la persona de su presidente y general, Guillaume Fabre Nicolas Geffrard.

De ahí que el Haití de los años 1861-1865 fue el gran aliado, que permitió que los restauradores dominicanos lograran su propósito de restaurar la independencia y ganando en base a sangre y fuego la reafirmación de su independencia en las batallas libradas en el suroeste y norte del país contra España y las más trascendente en la llanura de Punta Cana, en la que 18 mil soldados españoles murieron a manos de patriotas dominicanos y este dato, de acuerdo al ministerio de Defensa español, que publica y ha puesto en circulación el monográfico del general Luis Alejandre Sintes : “Dominicana. La Anexión frustrada (1861-1865)”

Monográfico y en el que Sintes relata en entrevista al diario La Razón el pasado mes de agosto, que “Luis Alejandre Sintes piensa ahora en los paraísos que ofrece la isla y piensa, por ejemplo, en Punta Cana. Los turistas que visitan ese lugar deberían tener en cuenta que hace más de cien años los españoles lo pasamos muy mal ahí. Era una zona totalmente insalubre. El historiador y militar introduce así las penurias de los hombres que acudieron a luchar bajo los colores del pabellón español.  Hubo alrededor de 18.000 bajas. La mayoría de ellos fallecerían, cuenta. Aquella disputa convirtió en imprevistos héroes a los médicos militares que se dejaban la piel por salvar a los caídos como consecuencia del adversario y también por las enfermedades que azotaban a las unidades”.

Lo anterior quiere decir, primero, que Haití y desde la Restauración para acá ha sido nuestro permanente aliado y amigo y segundo, que, por razones egoístas y regionalistas, los historiadores dominicanos han querido ignorar la batalla con la que España se vio derrotada por el incipiente ejército dominicano organizado en unidades de exitosas guerrillas.

¿Por qué sacar a relucir estos hechos y datos? Porque los grupos sectarios, radicales y nacionalistas anti haitianos han estado actuando en función de sus prejuicios y al extremo, que siempre han entendido que la Restauración se libró contra Haití y lo que no fue así y porque los grupos de anti dominicanos fanatizados y entre la clase gobernante haitiana, parten en su odio infecundo contra República Dominicana, de una premisa falsa, de como si realmente ellos vivieran el Haití de los años 1821 a 1844 donde los gobiernos de la nación fronteriza y hablando en criollo, nos dieron a los habitantes de la parte Oriental de la isla, bastante “agua que beber”.

En este sentido, todo cuanto a estado ocurriendo con las escaramuzas propagandísticas a propósito del discurso anti dominicano del ministro Claude Joseph, no tiene base ni fundamentos ciertos desde el punto de vista histórico  y al nosotros entender que no hay justificación para las diatribas de Joseph, que entendamos como prudente esclarecer ciertos aspectos y de manera que los enemigos dominicanos entre radicales políticos y mediáticos en Puerto Príncipe, se serenen y vean la realidad dentro de una perspectiva correcta y como también deben hacer sus iguales dominicanos y en vez de estar alentando una enemistad que no existe entre los dos pueblos.

Joseph, se ha equivocado de plano, al pretender juzgar al presidente Abinader y a toda la República Dominicana con la óptica del radicalismo ultranacionalista más extremo y por eso le decimos, que recuerde, que el Haití de cuando nuestra independencia en el 1821 no existe, pero el Haití de cuando nuestra Restauración en el 1865, sí y desde entonces debemos verlo como aliado y amigo, solo extremistas de ambos países, no lo entienden o no les da la gana de entender. (DAG)

 

 

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