El principal indicador de la corrupción política fueron los dueños de bancas de apuestas disfrazados de senadores y diputados, regidores y alcaldes

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Desde que el poder político aceptó y hablamos de todos los miembros de la partidocracia, que los dueños de bancas de apuestas y por su nivel de aportes a los partidos, fueran candidatos que luego ganaron bancas en las cámaras legislativas como en los ayuntamientos y sus salas de regidores, ahí mismo se impuso la corrupción a gran escala en los tres poderes interdependientes del Estado y llevando a la República a la situación actual de honda crisis moral que se está viviendo.

Por eso, no ha sido extraño que desde el 2020 al presente, hayan estallado más de nueve grandes casos de desfalco, fraude y apropiación indebida de los recursos públicos, al tiempo que, desde el Poder Ejecutivo, casos delincuenciales como Odebrecht y ahora el Pulpo y Calamar, avergüencen a la gente decente de este país y la nación exija las reparaciones y castigos de lugar.

Sin embargo, no todo el mundo confía en los alabados representantes del ministerio público que se comportan como vedetes escenográficas y tampoco se cree que sea verdad, que el poder político superior no transija a favor de ciertos protagonistas delincuenciales.

Y es que solo viendo el destape y protagonismo mediático que acompaña la presentación de esos funcionarios, a razonamiento a contrario, habla de cierta oculta complicidad, que a su debido momento producirá un destape aún mucho mayor de todo cuanto ahora está sucediendo y lo que obliga a que a los representantes del ministerio público, quienes y aparentemente se juegan sus reputaciones, a que entiendan, que también a ellos y por actuaciones de colegas suyos en el pasado, se les aceptan sus decisiones, pero no que se las entienda absolutamente creíbles. (DAG-OJO)