viernes, julio 1, 2022
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En la política dominicana. A mayor estupidez, mayor el acto de cretinismo e intransigencia que le acompaña

Comencemos con enero de 1963, cuando el primer gobierno del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) el encabezado por el presidente Juan Bosch, exiliado antitrujillista con veinte años de exilio y el que, a nuestro modo de ver, abrió la senda para el clientelismo, el populismo y la corrupción política desde el poder.

Una mañana, la aguerrida senadora Telma Frías, llega junto a Angel Miolán, entonces secretario general del PRD a la sede de la secretaría de Estado de Industria y Comercio y presentándose ante la dirección general de Control de Precios, entra a un amplio salón lleno de mecanógrafos y secretarias de ambos sexos y el que, como norma administrativa, lo presidía el oficial mayor, quien se encargaba de dar entrada y salida a los expedientes.

La senadora Frías y el secretario Miolán se presentan con un montón de gente, se para en el centro del salón y elevando el tono de su voz, dice: “quienes están en las tres primeras filas de mi derecha, levántense y retírense, están cancelados” y a renglón seguido le ordena a quienes los acompañan: “Todos ustedes, ocupen los escritorios de los que se van” y de esa manera tan desoladora, el gobierno de Bosch inició el clientelismo y el populismo en el gobierno de la República.

Ni que decir, que de semejante modo se hizo realidad, pero a la inversa, y con aquella expresión de honda repercusión social en su aspecto más negativo de división de clases, contentiva y dicha por Bosch, de “Tutumpotes e Hijos de Machepa” y arrastrando en consecuencia, que el nuevo poder aceptaba que el relajamiento de hábitos y costumbres diera paso a la corrupción a nivel de la administración pública y comenzando por su empleomanía requiriendo sobornos y las autoridades tolerando, al tiempo que los oficiales mayores de todas las secretarías de Estado eran cancelados y sus puestos ocupados por cientos de secretarios y secretarias, que de inmediato se encerraron en cuartos y en los que para verlos había que pasar  pidiendo el favor a cientos recepcionistas y los que en la Era de Trujillo nada de ello existía.

Se pasó pues de una administración pública decente y capaz y sobre todo honesta, a todo lo que, como consecuencia de aquel despropósito, convirtió en 61 años a toda la administración pública en “democracia”.

Ni hablar, que de pronto emergió la nueva cara del empleado público con salarios desproporcionados para su quehacer, en tanto el partido oficial se “desdoblaba” en una especie de policía política de corte administrativo y de lo que hoy día se presentan y conocen ciertas variables.

Continuemos con las reelecciones del presidente Joaquín Balaguer a partir de su llegada al poder mediante elecciones libres en junio de 1966 y hasta que salió del poder también vía elecciones en agosto de 1978.

Balaguer decía y juraba y perjuraba que no iría a la reelección y de inmediato el PRD y todo el resto de la fauna política opositora, en vez de tomarle la palabra, gritaban a todo pulmón que lo dicho no era cierto y que Balaguer iría a la reelección. Es decir, eran los mejores propagandistas del gobierno. Ahora está pasando lo mismo con el gobierno de Abinader y puntualizando, que el acto del domingo no era de campaña electoral y sí de trabajo interno del PRM y la oposición diciendo lo contrario y sí insistiendo en reelección. 

Cuando a la Oposición se le ocurrió lo del Pacto de Santiago y abstenerse de no ir a las urnas en el 1974, automáticamente facilitó la reelección de Balaguer y al dejarle el escenario libre y lo que aprovechó el astuto gobernante para colocar a un partido minoritario, el Demócrata Popular (PDP) y a su líder el contraalmirante retirado Luis Homero Lajara Burgos, como la bandería política que le disputaría al poder y con lo que automáticamente se legalizó y legitimaron los comicios y ni así el líder nacional del PRD, Peña Gómez, no tuvo el tino de enmendar su error y sí ir a los comicios y disputarlos y que hubiese sido lo correcto y que de haberlo hecho, era más de un 50 por ciento seguro que la oposición del Pacto de Santiago habría podido ganarlos.

Es por ello por lo que Balaguer siguió tan campante hasta el 1978, cuando por un grosero error de perspectiva, dejó que los generales del Ejército lanzaran a sus tropas llevando en las puntas de sus fusiles una copia de la bandera del partido gobernante, el Reformista Social Cristiano (PRSC) y simbolizado en paños de colores rojos, aparte de la otra estupidez, de convertir a los guardias en agentes políticos propagandísticos de la reelección.

De ahí en adelante, era imposible no entender, que Balaguer y como en efecto ocurrió, perdería los comicios y de esa manera debió de entregar el poder y luego de “acomodar” la correlación de fuerzas políticas en el Congreso Nacional, arrebatándole al PRD y por estupidez y falta de pantalones de este, la mayoría que el PRD había ganado en el senado de la República y ocupando su lugar senadores del PRSC.

Por eso y herido el PRD en su capacidad de hacerse con el poder y en base a bríos y aplicación de la ley, ya con el nuevo gobierno presidido por Antonio Guzmán y su hija Sonia como especie de primer ministro de facto (ahora embajadora en EEUU) se dieron determinadas circunstancias y porque la desesperación del liderato partidario no supo negociar y tampoco entender, que quien gobernaba era Guzmán y de ahí las cancelaciones masivas de empleados públicos, persecución a opositores y hasta a este medio de comunicación, al periodista Daniel Adriano Gómez se le cerraron sus programas de radio y televisión y se prohibió la publicación de esta columna y también se le prohibió el uso de la radio y la televisión y simplemente, porque el PRD no aguantaba el periodismo independiente a todos los sectores de poder, que DAG siempre ha ejercido.

La situación llegó a mayor nivel de persecución y al grado, de que el periodista debió de salir del país e ir a Washington, donde dio unas declaraciones en el Departamento de Estado, en las que denunciaba la persecución política de la que era objeto y los ataques injustificados contra la oposición. A su regreso, la persecución fue a mayor y durante año y medio se le dio su domicilio por cárcel y hasta que ocurrió el suicidio del propio presidente Guzmán a 41 días de entregar el poder, agobiado y acosado por la parte “nueva” del PRD que iría al poder y cuyos representativos: El presidente electo Jorge y Blanco, su esposa Asela y su válido más cercano, el legislador Hatuey De Camps, llenaron de insultos y descalificaciones y también amenazas contra Guzmán. De esta manera, el populismo, el clientelismo y la corrupción del PRD se enseñoreó en todo el periodo 1982-1986 y terminando desordenadamente, cuando en las nuevas elecciones y toda una nación cansada y hastiada de los excesos perredeístas, le sacaba prácticamente a patadas del poder y le daba un voto apabullante y mayoritario, a un Balaguer que estaba en retiro y ciego físicamente, pero con su cerebro intacto.

Con la llegada de Balaguer de nuevo al poder, sus allegados y ya como anillo palaciego, entonces persiguieron a este medio y a su redactor y por “el delito” de que había entablado un juicio penal contra el entonces presidente y por corrupción y enriquecimiento desproporcionado y lo que luego de estar a nivel de audiencias en la Suprema Corte de Justicia, DAG entendió que debía retirar la acusación y para evitarle al país que el PRD pudiera recuperarse y quedarse en el poder. Gómez pagó caro su accionar jurídico y los primeros cuatro años, de los diez que Balaguer ocupó en el poder, fue enviado al ostracismo más infame y abusivo, aunque al final las relaciones entre el periodista y el presidente se reanudaron.

Esta semblanza, que de paso es un registro de anécdotas personales por las que, como periodista independiente y auténticamente libre de criterio, Gómez debió experimentar, mientras y sorprendido, veía como el periodismo en general guardó silencio frente a los atropellos de que fue objeto, es la razón del porqué decimos, que en la política dominicana, a mayor estupidez, mayor el acto de cretinismo e intransigencia que le que acompaña. (DAG)

 

 

 

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