Debido a la ola de fanatismo anti haitiano que se ha desatado en todo el territorio nacional y debido al histerismo y prejuicio y también racismo de dominicanos en las redes sociales profundamente anti haitianos, cuando se toma ca el tema haitiano los radicalismos emocionales estallan de inmediato.
Y lo que no debería de ser, pues independientemente a las subjetividades de la mayoría de esas voces fanatizadas, lo cierto es, que, desde hace cien años, la mayoría de los haitianos que conviven con nosotros y un fuerte núcleo de ellos como población flotante, es decir, ilegal, nunca y en líneas generales han cometido ningún hecho ilícito que obligara a reevaluar su conducta, pues siempre se han distinguido por ser gente humilde, honrada, de trabajo y de bien.
Sin embargo, desde hace veinte años, en el territorio nacional y en muchos casos de haitianos encontrados en hechos ilícitos, se descubre que la mayoría son jóvenes entre adolescentes y jóvenes de veinte y tantos años, víctimas del estado de necesidad en su país y obligados por razones de sobrevivencia a tratar de vivir dentro y con los dominicanos.
Ahora bien, también hay que destacar, que, desde hace ocho años, voces en las redes sociales y en lupanares mediáticos profundamente anti haitianos, han provocado que esa mano de obra ilegal haitiana hubiese tenido que adoptar medidas de salvaguarda y frente a la profunda propaganda anti haitiana que en las redes sociales se realiza y desinformando totalmente a la población.
Como contraste, encontramos, que, desde el primer censo de población y familia del 1920, ya se tenían 30 mil ciudadanos haitianos documentados residiendo en nuestra nación y formando familias binacionales y las que ahora, los registrados ya han fallecido y sus descendientes hace mucho tiempo que dejaron de ser haitianos primarios para ser dominicanos de origen haitiano y los que en mayoría son ciudadanos de bien y sano comportamiento de clase media y con una noble hoja de servicios como dominicanos. ¿un ejemplo?, la familia Despradel y en concreto el economista Carlos y la comunicadora Consuelo.
Igualmente, no son pocos los dominicanos nacidos en Haití o de origen haitiano, como la fallecida exprimera dama, René Klang de Guzmán, la mamá del presidente Abinader o el empresario Frank Rainieri y para citar tres casos y ni hablar de los cerca de 300 mil haitianos de origen dominicano nacidos en Haití de padre haitiano o madre dominicano y como es el caso del fallecido expresidente René Preval García. Tampoco se pueden dejar de mencionar los hijos o descendientes de político y sociólogo, Ludovico -Dodó- Nassar, de notoria influencia publica en tiempos del Duvalierismo.
Es decir, esa política de odio insensato contra el haitiano en sí y porque determinados dominicanos en las redes no aceptan al haitiano negro y pobre, pero olvidando que el Haití del interior, es uno profundamente de haitianos trabajadores y gente laboriosa y tanto mulata como mestiza y la mayoría de clase media, que obliga a plantear la necesidad de un alto en tanta ola de odio insensato.
Todavía más, Haití y nos referimos al país del interior, le compra a la economía dominicana, productos y solo en lo que va de este año por más de 500 millones de dólares (anteriormente fluctuaba entre 800 mil y mil millones de dólares) y su mano de obra en este país y después de haber pagado sus impuestos, envía cada mes un mínimo de tres millones de pesos a sus familias en Haití y lo que evidencia, que si hay un segmento de gente laboriosa extranjera que no es carga para nuestra economía, lo es la haitiana.
Naturalmente y volviendo sobre el tema que hemos tocado en otras ocasiones al puntualizar y querer entender, las relaciones entre los dos países que son soberanos en la misma isla y desde territorios limítrofes, hemos visto, que grupos empresariales binacionales han creado una especie de plataforma de negocios compartidos (grupo binacional Quisqueya) y que han llegado a generar negocios mixtos en los dos países, pero más del lado dominicano y por ser nuestra economía la más desarrollada.
Pero antes, detengámonos un momento en la penosa fabula de «los 35 mil haitianos masacrados por Trujillo en el 1937» y veamos está realidad y para acercarnos a lo que de acuerdo a archivos desclasificados en el Departamento de Estado y en los periódicos Times y Tribune de Nueva York así como en la cancillerías, dominicana y francesa: Un desaforado grupo de la burguesía cibaeña, encabezado por la senadora de Monte Cristi, Isabel Mayer, trataba de influir en Trujillo: «jefe hay que sacar a los haitianos, están en todas partes y casi todos los negocios son de ellos y los comerciantes nuestros se están yendo a la quiebra».
A mucho persistir, aprovecharon una visita del presidente a Elías Piña e insistieron en el momento que el jefe de encontraba en un acto social. Ahí fueron más feroces y dramáticos en su exposición y hasta que lograron que aquel diera la orden y ojo, de: «sáquenlos y mándelos a su país». El gobernante nunca dijo que los mataran, por lo menos a ese momento.
Salieron raudos a poner en ejecución la orden y buscaron guardias y también guardias campestres y se desató el infierno y por tres días. Aquella tragedia insensata provocó tres mil asesinados y una fuerte estampida de más de veinte mil haitianos y de los que familias dominicanas enteras y prácticamente desafiando al poder, lograron enviar 15 mil haitianos hacia su país y esto último, de lo que nunca y mediáticamente se ha hablado y sí de que los dominicanos somos «unos monstruos y asesinos».
A la semana, el escándalo era conocido internacionalmente y entonces el gobierno dominicano convocó a una rueda de prensa y en la que Trujillo estaba presente. Entre las preguntas, hubo una que desató la fábula que ahora conocemos: «Presidente -preguntaba AP- los datos que tenemos indican que fueron 3 mil los haitianos muertos». Trujillo no lo dejó terminar y lleno de soberbia dijo: «Tres mil no, 35 mil» y de ese modo nació la fábula a la que nos referimos y matizada, porque el gobierno accedió a pagar 800 mil dólares al haitiano y cederle unos terrenos en el área fronteriza y que, a nuestro modo de ver, nuestras autoridades, esto último nunca debieron de haber obtemperado a tal entrega del territorio nacional. Pero hay un hecho posterior, que habla pésimo del gobierno haitiano de ese momento: Ese dinero nunca llegó al pueblo haitiano y sí a los bolsillos de los políticos haitianos.
Debido a ese desliz de Trujillo, su oposición en el exilio y en Cuba, Nueva York, Costa Rica y Caracas estructuró la terrible campaña desinformativa de semejante y nunca efectuada matanza y a la que se le agregó la supuesta existencia de «fosas clandestinas para esconder los cadáveres» y lo que nunca sucedió y simplemente porque tampoco ocurriera, pero lo que hasta ahora e irresponsablemente ha sido avivada por políticos y periodistas y medios dominicanos y de mala fe, quienes en su odio a Trujillo, poco les importó manchar para siempre el buen nombre de su nación.
Ningún gobierno dominicano ha tenido el cuido de ofrecer una versión oficial a tono con la información cierta que descansa en los archivos arriba mencionados y ni siquiera los de Balaguer, quien fue uno de los negociadores de aquel tiempo, no lo hizo. Y por eso, malos dominicanos que hablan de oídas y de otras generaciones posteriores, repiten hasta el cansancio la misma falsía y ni que decir en Haití. Sin embargo, esa es la realidad de lo acontecido y ocurrida en tiempos que los dos países y cada uno, no llegaba a dos millones de habitantes.
Para colmos, los fanáticos anti haitianos, dicen ahora que hay que parar en seco lo que llaman “invasión” haitiana y elucubran y dicen cosas, que, si fueran sensatos, debería darles vergüenza ser tan atrevidos. Por ejemplo, decir que en el territorio nacional hay “tres millones de haitianos ilegales” es una solemne mentira, aunque sí es posible que la cifra se acerque al millón de personas.
Y lo que perfectamente se puede o debe resolver, mediante una ley de amnistía, que especifique, que quienes tengan cinco o más años como ilegales, se les otorgue sus permisos de trabajo por dos años mínimo y para que puedan regularizarse con sus respectivas residencias legales y en cuanto a los hijos menores de edad nacidos aquí de padres con estatuto migratorio ilegal, otorgárseles la residencia permanente, mientras que la mano de obra que se requiere, el gobierno y los empresarios, la obtengan del millón de haitianos ya descrito y al tiempo de cerrar la frontera para inmigración de a pie durante dos años, salvo en la raya fronteriza, donde es eterno que ambos pueblos se desenvuelven libremente en uno y en otro territorio y donde tienen sus fuentes de trabajo.
Veamos estos datos tan significativos, los dominicanos y haitianos que tienen hoy 18 y 36 años, cuando llegue el año 2050 tendrán 43 y 61 años respectivamente y en ese mismo lapso de 25 años habrá nuevos dominicanos y haitianos de esta última edad. Esto quiere decir, que serán ellos y junto a su respectiva contraparte de iguales edades, quienes tendrán que decir sobre el nivel de las relaciones entre los dos países y sus pueblos. En tanto quienes ahora tengan 30 o más años se encontrarán en los 55 y los de 60 habrán llegado a los 85 años y muchos otros de 55 años en adelante estaremos muertos.
¿Qué nos dicen estas cifras? Que para el 2075 habrá un cambio generacional en los dos países, que la mayoría de quienes como anti haitianos o anti dominicanos discuten sus odios insensatos, estarán pasando los 80 años y si ahora tienen 30 y todo lo demás desde el 1930 a ese 2075 y en los dos países, habremos muerto.
Entonces, es inútil volcar odio y enemistad, cuando el factor biológico nos dice, que no está en manos de las generaciones presentes decidir sobre lo que deberá ocurrir dentro de 50 años, sino que quienes ahora están naciendo, son los que decidirán y de acuerdo de como las circunstancias se presenten.
Sí es posible que para el 2075 las dos naciones hayan creado el estado binacional y es posible que la fusión económica sea plena, pero siempre ocurrirá, que cada país conservará su cultura e idiosincrasia, sus valores y sus nacionalidades y si esto es así, ¿por qué esa política insensata de odio y no tratar de buscar dentro de los posible, políticas de buena vecindad que preparen a las nuevas generaciones a las grandes responsabilidades que les tocarán en la guía de sus dos países?
Por lo menos esa es nuestra esperanza y exhortamos a nuestros lectores a que tengan mente abierta y busquen en lo que nos une, desterrar lo que pudiera dividirnos. Solo eso.
Esperamos habernos explicado correctamente y para que se entienda, que es posible que las dos naciones se acojan como estado binacional, pero no necesariamente que se fusionen. Al menos, no por ahora. Con Dios. (DAG) 03.08.2025
última actualización: 03:45 pm





