Es preocupante que el nuevo gobierno que surja de las elecciones del 2024 sea uno legal pero no legítimo y debido a que haya un 45 por ciento o más de abstención

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Mientras los posibles o probables precandidatos presidenciales de los partidos principales, ya se encuentran en la arena política luchando por ganar sus nominaciones y después la candidatura presidencial nacional y que en las redes sociales las noticias falsas campean por sus fueros en tanto la autocensura periodística impone límites al periodismo profesional, en POR EL OJO DE LA CERRADURA entendemos, que en estos momentos, parecería que República Dominicana va hacia un matadero electoral de entrampamiento absoluto y si es que efectivamente la guerra en Europa no afecte la "funcionabilidad" de nuestros comicios y por efecto de la geopolítica.

Por lo pronto, ahora toda gira en materia de los resultados “objetivos” de dos encuestas de opinión financiadas por grupos periodísticos rivales, en los que los candidatos son presentados, unos con mayores expectativas que otros, pero las encuestadoras y por las explicaciones que ofrecen, sabiendo que ninguna ha dado un resultado de verdad absoluta.

Entonces viene el destape del candidato oficial, el presidente Luis Abinader, quien como presidente de la República, el cargo le facilita un 25 por ciento de voto duro a favor y del que se habla que se encuentra en un nivel de 50-51 por ciento y que para nosotros significa y si este resultado sea cierto, que el primer mandatario apenas roza un veinte y tanto por ciento sobre el indicador de voto duro o atrapado que le garantiza el cargo y que si venimos a ver, es un aspecto que debe tenerse muy en cuenta, porque al encontrarnos ahora a 13 meses de las elecciones, habría que verlo como indicador de un resultado probable.

El tema y esto es lo otro, es el tremendo nivel de rechazo que acompaña al expresidente Leonel Fernández y que, si se le compara con el aparente treinta y pico por ciento que ahora esas encuestas le ofrecen, en realidad, lo que se nos está diciendo, es que este tres veces expresidente, todavía no sale del cero por ciento de aceptación y de cara a estos tiempos.

Dentro de la misma perspectiva, pero matizado en cuanto a que es un candidato joven y de un partido fuerte, sin duda que Abel Martínez, podría atribuírsele que tiene sobre un 15 por ciento de votantes y subiendo, pero que sí nos detenemos en su controversial ejercicio como presidente de la Cámara de Diputados, podría reflejarse que, al entendérsele un presumible corruptor desde el poder, no tiene la garantía suficiente -a este día- de poder hacerle un nicho a sus dos contendores principales.

Sin embargo, a estos posibles o presumibles candidatos presidenciales, sí los acompaña algo que tienen en común: Que son exponentes de la tiranía partidocrática que sojuzga el sistema político y el que quiere ser democrático en este país.

Y es ahí donde empiezan los dolores de cabeza para los tres exponentes de precandidaturas: La marca de la corrupción administrativa, de una u otra manera les genera un fuerte peso muerto.

Abinader sin duda y en lo personal, hay una mayoría ciudadana que le entiende decente y honesto, aunque un tanto menos en lo político y mínimo, cuando se conoce, que su partido el PRM, es parte del tinglado político nacional de corrupción política plena y que de alguna manera está marcando los pasos y métodos controversiales de funcionarios perremeístas. En lo personal, algunos se quejan de que promete, pero no cumple o lo otro tan significativo, de que no hace nada por tener contactos con el periodismo independiente a la nómina de la propaganda oficial y ni siquiera con lideres de opinión de la sociedad civil o de las Fuerzas Vivas.

En tanto de Leonel, parecería que sus probadas inconductas como gobernante, ahora le generan la fuerte como desagradable imagen, de ser algo así como el padre de la corrupción desde el 2004 al 2012.

Y cuando se creía que Abel era el menos “pecaminoso”, resulta que la imagen se le hace trizas, si se le hace una auditoría forense a su paso por Diputados y ni que decir, en su cargo actual de alcalde de Santiago.

Lo anterior significa, que el mayor peso muerto que los tres políticos tienen, es el horroroso factor de la tiranía partidocrática y el que se entiende responsable del saqueo de más de 200 mil millones de pesos de dineros de los contribuyentes desde el 2000 al presente y por parte de todos los partidos políticos quienes de una u otra forma han estado en el poder o cercano a su influencia.

Precisamente por las inconductas de la partidocracia, que arrastran a los 51 partidos y formaciones políticas reconocidos (más de la mitad se nutren de fondos de estadounidenses de origen dominicano que tienen que ver con el comercio, el narco y el lavado de activos principalmente desde Nueva York) y que si se le agrega el discurso demagógico de todos los políticos, al final se tiene, que dentro de la población electoral (más de 7.5 millones de potenciales votantes) la gran mayoría no cree que los resultados de los comicios que vienen serán sanos y limpios y mucho menos, sabiéndose que la Junta Central Electoral se encuentra bajo el dominio absoluto de toda la partidocracia.

Frente a esta realidad, es que muchos entendemos, que la abstención y si nada cambia y como nunca, será superior al 45 por ciento y que, de suceder, deslegitimará por sí misma la presumible “pureza” del proceso electoral y peor, arrojará unas autoridades electivas y en todos los niveles eleccionarios, sin representación legítima alguna. Y esto así, porque lo que se tendría, serían autoridades de minoría y no representativas de un país electoral y por lo que el proceso de gobernabilidad nunca sería sustentable y menos válido.

¿Qué significa todo lo anterior?, que de cara a las elecciones y en este año previo, la clase política debería actuar con serenidad, objetividad, moderación y sobre todo autocritica y que nos lo recuerda el presidente y editor de La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández-Latorre y agregándole nosotros, que los políticos deberían dejar de ser y mostrarse como los peores farsantes de opinión y quienes junto al cartel mediático que les hace coro, son los verdaderos autores y responsables del profundo como amplio descreimiento ciudadano en nuestros políticos y su partidocracia.

Lógico entonces y en natural consecuencia, que sea correcto que pensemos, que es preocupante que el nuevo gobierno que surja de las elecciones del 2024 sea uno legal pero no legítimo y debido a que haya un 45 por ciento o más de abstención y peor, teniendo de marco de referencia, la profunda fractura de democracia y que como reflejo, nos llega desde EEUU. Con Dios. (DAG) 28.04.2023