Si se analiza fríamente el comportamiento ciertamente errático del presidente Luis Abinader, podría encontrarse con que necesita a un psiquiatra o a un especialista en psicología aplicada a la conducta humana y para que de ese modo, poder entender y encontrarnos, lo más cerca posible de la verdadera personalidad de quien desde el 2020 es el presidente de la República.
Solo hay que ver su curiosa explicación por sentirse cómodo con todo lo que sea extranjero y también de cómo se choca en sí mismo con esa dualidad que no ha podido solucionar de sentirse parte árabe y también haitiano y a puro esfuerzo hacerse sentir dominicano.
Comportamiento que explica el por qué todo lo extranjero tiene en este señor un sentimiento que a duras penas puede controlar y que es la razón del por qué es tanta la gente no dominicana realmente y sí extranjera o extranjera de origen dominicano que conforma parte de su entorno personal y de gobierno. Por supuesto que al tener una mentalidad dual, cierto que le es difícil mostrar políticas coherentes y para más contradicción, con su deseo hasta ahora insatisfecho de querer lo mejor para la parte ciudadana de desamparados del poder y de la fortuna.
De ahí que sus actitudes paternalistas primen frente a los que entiende pobres y den otro giro de obsecuencia solicita frente a quienes entiende gente de poder o de prestigio y linaje.
Por eso es por lo que no ha podido ni cumplir con su meta propia de hacer el bien y sin mirar a quien y por la simple razón de que sus recónditas raíces otomanas -sus ascendientes- no le dejan ser el mismo y lo que por momentos parecería que le controla o mentalmente que le esclaviza.
Claro, estamos hablando de una posible o probable percepción y entiéndase fríamente la dimensión de nuestras palabras y lo que le lleva, por ejemplo, a ser tolerante con todo lo que signifique influencia haitiana en su ánimo y que se descubre en el afán suyo de haberse comprometido con una agenda 2030 que la ONU logró que aceptara y de entrada, autorizando la residencia de 148 mil menores haitianos.
Y es que sus actos están signados entre lo que quiere como persona y lo que debería de hacer como presidente de este país y todo en choque con su intimo yo que siempre se ha debatido entre ser o mostrarse dominicano.
Desde luego, es difícil aceptar o entender este retrato de pretensión psicológica, de una persona que su ánimo ya no es ni manso ni humilde y sí petulante y hasta grosero de creerse por encima de los demás.
Consecuentemente y al hacernos entender ese comportamiento suyo, de que para sentirse cómodo consigo mismo tiene y debe labrarse una personalidad egocentrista que no acepta la crítica y menos la opinión ríspida sobre sus actos y conductas, se da la situación de que nada es lo que debería de ser, la policía por ejemplo, donde quisiera una mejor policía, pero que en los hechos él mismo coloca las trabas para que todo continúe igual y nada cambie.
Justo por ello, nuestro joven presidente no ha querido caer en cuenta sobre los desmanes policiales, los intercambios de disparos, las arbitrariedades contra los ciudadanos y porque al final, si acepta esta mortificante realidad, se vería obligado a dar explicaciones y que es el factor al que su otro yo se niega y en lo absoluto a aceptar.
También por este tipo de ambivalencia mental, le es tan difícil rodearse personalidades independientes y de criterio propio y solo prefiere súcubos sumisos de esos dé a todo sí señor y quienes e inequívocamente, conociendo o suponiendo su debilidad emocional, entonces actúan a placer y ejecutan decisiones de administración, cónsonas con sus intereses propios y de ahí que ante la ambición siempre insatisfecha del lumpen y baja burguesía que compone su gobierno, los niveles de corrupción oficial simplemente ya no tienen parangón.
De ahí que para explicar mentalidad tan complicada habría que entrar a la frase latina noli temeré, que significa no temas o no tengas miedo y que justo es lo que en el fondo a Abinader le inquieta, temer dar un paso por el que pierda su equilibrio emocional y que su gobierno pudiera convertirse en un gran desastre.
Afortunadamente, también hay que decir, que por igual y en lo más recóndito de su propio yo más íntimo, recuérdese que hay yo he íntimo yo, el joven presidente quisiera liberarse de todas esas taras, pero como desconfía de todo y nadie de los que le rodean, realmente le merece confianza y aparte de que ya y para ciertas cosas o aptitudes desconfía del juicio familiar, encontramos a un presidente, que solo cuando está en el exterior y como ahora en EEUU, donde tiene un compromiso en la asamblea general 81 de la ONU, se siente como pez en el agua y su espíritu se embarga de ese cosmopolitismo que le facilita las cosas para liberarse mentalmente y aunque fuere por unos días de la mediocridad mental isleña.
En definitiva, creemos y solo lo decimos como observadores de cuando se tiene una edad vivida de más de ocho décadas entre los pasillos del poder y los otros de la realidad ciudadana, en donde las pasiones mundanas trazan la línea a seguir de tantos que nunca están satisfechos y por más que un gobernante haga por ellos, que ya en la mitad de su segundo mandato, entendamos, que Abinader requiere de un apoyo moral cierto por parte de quienes le estimen, le quieran o se sientan leales y lo que decimos, sin que se quisiera interpretar como si fuera un abandonado de la esperanza y del sentido común.
Recordemos, que a sus cincuenta y pico de años también da muestras de racionalidad y aun cuando esté contenida y por eso, todavía está a tiempo de auto examinarse emocionalmente y hasta que llegue a comprender, que con sus más y sus menos, todo gobernante y cuando domina sus emociones, tanto puede hacer de mucho y a favor de otros como también puede conceptualizar y medirse así mismo, sabiendo rodearse de gente ciertamente más pensante y racional que la mayoría de lo que ya tiene.
Todo es que se toque así mismo. Vea su realidad, se juzgue y actúe en consecuencia y por eso emitimos el juicio de valor, de que hay que entender, que cuando la autoridad se mueve en un gran contrasentido. Un gobierno que primero quiso ser grato a otros y un presidente, que aunque diga lo contrario, no se siente dominicano. Por eso actúa entre culpa y arrepentimiento, es uno que debe ser ayudado a continuar y también a triunfar. Con Dios. (DAG) 21.09.2026
imagen: Aplatanao News
última actualización: 09:43 am.






