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Mientras Abinader y como si fuera su mantra, dice que nadie es imprescindible. La clase gobernante muestra su fracaso articulando un poder judicial a su medida y adaptado al centralismo absorbente y autoritario presidencial

Por supuesto que de democracia y como gobierno del y para el pueblo no existe. Tampoco un concepto válido de gobernabilidad de apertura y no sectaria y sí un sistema de gobierno presidencialista y autócrata, que en los últimos seis años ha dado un giro personalista y de cuartel partidario donde la opinión valida es el de la alta burguesía y lo “testimonia”, toda esa de puro pueblo de voz domesticada en base a los subsidios oficiales, la desvalorización de la personalidad y la inversión de valores morales más extraordinaria.

De resultado, se tienen ahora dos pilares en los que se encuentra el alfa y omega de este extraviado sistema político y social dominicano de La plutocracia (gobierno de los ricos) y la oclocracia (gobierno de la plebe) o para decirlo suavemente, “del pueblo”.

Como se ha visto, uno y otro se contraponen pero se necesitan mutuamente y en todos los casos, son cómplices de lo bueno y malo que se proyecta desde el ámbito de quien gobierne, quien como nuevo César, así lo que entienda mejor y con el sello indeleble de la adulación, el servilismo y la desvalorización como individuo, hará prevalecer.

En razón de estos parámetros y desde el 1990 para ser exactos, así como la economía dio un salto hacia adelante y auspicioso de innovación e intrepidez, de igual manera y en paralelo, la clase gobernante suplió las deficiencias del ciudadano en su justa y adecuada dimensión y se convirtió en el brazo fuerte de un sistema político partidocrático de sello inconfundiblemente totalitario y hasta llegar a lo de hoy: La República no es un ente de servicio a la nación y sí una limitante, que impide que los ciudadanos se mantuvieran como tales y  en lo que ahora son: serviles esclavos de un estado de necesidad manejado política y empresarialmente a favor de unos pocos.

Por eso no tenemos instituciones en el sentido correcto del término y en cambio, sí una estructura burocrática que hace como que maneja al Estado, pero la que en realidad lo tiene subyugado y en la medida que las ambiciones desatadas desde la alta burguesía, se ha logrado que el dominicano se desaparezca o se despoje y anule de sí mismo y de paso, al súbdito dispuesto todo el tiempo a ser el instrumento de placer y dominio de una clase gobernante absolutamente amoral y terriblemente dominada por un afán de lucro que no ha permitido espacio para que las libertades públicas existan como tales.

Se vive de imágenes y se ha vuelto a los años veinte y treinta del pasado siglo, donde los, don fulano y doña mengana eran los ejes de una sociedad de estructura primitiva y campesina y nada cosmopolita y generando ahora el fracaso institucional dominicano y testimoniado en sus hechos. Entre el 1930-1961 se vivió un periodo republicano de estabilidad social y política y de gran civismo para los dos millones y medio de habitantes, con un agrupamiento económico de tenderos y comerciantes, unos inmigrantes de otros países, europeos, árabes y turcos principalmente y otros, hacendados y campesinos, temerosos de Dios y del Poder.

Con el contraste y del 1961 al 2026, de un país semi industrializado a nivel ligero y de casi 11 millones de habitantes, en el que el civismo y la responsabilidad social han sido dejados a un lado y todo, enclaustrado dentro de una clase gobernante de farsantes y de grupos económicos y financieros de puros maleantes, con una burocracia compuesta por bandidos de escritorios y una de nuevas generaciones entre los 12-28 años de absoluta amoralidad, falta de instrucción cívica y grandes núcleos de analfabetos funcionales.

Ahora compitiendo con los jóvenes maduros de 29-49 años hijos del afán de lucro absoluto, la inversión de valores morales más extraordinaria y al grado, de que la mayoría tiene títulos universitarios fraudulentos y un accionar de libertinaje sexual extraordinario y con una práctica de desvalorización individual, que de ciudadanos, han pasado a ser súbditos y no solo de los ricos sino de sus bajas pasiones y afán por el enriquecimiento ilícito, defensa del consumo de drogas, libertinos a más no poder y con una inclinación temible de favorecer los juegos de azar y quienes con una actitud sin moral, por lo que ahora resulta, que ser un prostituto o un degenerado sexual, es una especie de timbre de orgullo para familias rotas que han perdido el mínimo sentido de la moralidad bien entendida.

Agréguese un gobierno de desalmados y con un presidente aferrado al culto a su persona, creyéndose un césar, siendo solo en lo individual un pobre diablo que por su falta de madurez personal y política y debido a la corrupción reinante y heredada, controla la República como si fuera su finca y el presupuesto de la nación como si este fuera parte de su proyecto empresarial privado de origen colectivo en asociación con sus socios plutócratas.

De esta manera, la nación va a la deriva, el gobierno desdeñando lo símbolos patrios y dando el terrible ejemplo de eliminar el Escudo Nacional de los organismos del Estado y de los documentos oficiales y abiertamente, haciendo lo imposible por haitianizar la nación al completo y en base a una mano de obra esclava haitiana que aúpa y sin importarle violentar la Carta Magna, mientras sus lacayos mediáticos aplauden a rabiar la primera estupidez que se le ocurra.

Abinader entre tanto y en su maldad congénita y propia de los ancestros libanes y árabes que tiene como dominicano de cuarta generación, se solaza reprimiendo por medio de válidos, a los que entiende “mis enemigos personales” de la política y del periodismo, a unos, los golpea hasta que deben aceptar cargos o sus contratos publicitarios de control y a otros, hace uso de la justicia, aprovecha que tengan deudas, busca a los prestamistas y mediante lacayos, articula un siniestro plan de desalojo arrebatándoles sus viviendas y de los que y si tienen suerte, estos salen huyendo al interior y hasta ver si el nuevo César se olvida de sus existencias, en tanto otros y «con más suerte», les niega el pago del justo precio de propiedades expropiadas abusivamente y en casos más abominables, llegando a lo grave, de cancelarles a hijos o familiares en la administración pública.

Por eso, no tendrá un retiro feliz, pues a los tantos que ha golpeado injustamente y afectándoles sus familias, todos ellos y a duras penas frenando su carácter, serían incapaces de saludarle y olvidando este mandatario, que la danza de las horas marca los pasos y los tiempos y que los suyos solo les quedan730 días y pico para salir del poder fraudulento en el que se encuentra y olvidando ,que él y de imprescindible tampoco tiene nada.

Dándose el resultado y en definitiva, de que mientras Abinader y como si fuera su mantra, dice que nadie es imprescindible. La clase gobernante muestra su fracaso articulando un poder judicial a su medida y adaptado al centralismo absorbente y autoritario presidencial. Con Dios. (DAG) 18.09.2026

 

 

 

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