viernes, diciembre 3, 2021
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Haití o la crónica de una muerte anunciada y de terrible afectación para la vida dominicana que debe ser vigilada y contenida

Hasta ahora y por más de 50 años, los dominicanos hemos vivido creyendo que al final, la nación haitiana es nuestra amiga y su clase dirigente, cuyos miembros y prácticamente todos tienen hogares propios e inversiones también en zonas de clase media a alta en República Dominicana son los integrantes de una comunidad extranjera que no es hostil a este país. Todos hemos estado equivocados.

Los dominicanos y de acuerdo con los últimos acontecimientos a partir del magnicidio de Jovenel Moïse, parecería que nunca lograremos que la nación vecina transfronteriza, en verdad se entienda que guarda amistad hacia nuestro país y por lo que ahora se observa. El haitiano, de por sí no es nada agradecido hacia el dominicano y más bien vive resentido porque seamos la potencia económica y militar y mucho mayor de lo que Haití antes fuera y en tiempos de su independencia.

Es decir, la isla y como un todo y desde Colón en 1492 hasta las desocupaciones de Osorio para los años 1500 fue siempre una posesión española y solo cuando en los siglos XV y XVI empezaron y luego se instalaron las bandas de corsarios y piratas que se arrinconaron en la isla Tortuga y hasta luego pasar a la “isla grande”, donde entonces establecieron y con las ayudas de potencias coloniales enemigas de España, como Reino Unido Francia y Flandes, el usufructo de la parte occidental de la isla, fue y por torpeza española y varias veces, que la parte oriental vio reducido su territorio y luego más tarde, amenazada su soberanía como colonia española.

Entonces, cuando la colonia francesa de Saint Domingue se convirtió en la primera nación de esclavos libres en esta parte del mundo y un poco más tarde como gran potencia militar y plantacionista, fuera bautizada como República de Haití, fue desde ese momento que la parte española de la isla empezó a conocer las más duras y cruentas vicisitudes, invasiones militares expansionistas y daños terribles y lacerantes contra el pueblo de origen español, que luego se llamaría dominicano.

Fue a partir de tales acontecimientos y mucho más a partir de la declaración de independencia de la colonia española en diciembre primero de 1821 y como Estado Independiente de Haití Español, que sus habitantes conocieron la serie de invasiones militares haitianas con el pretexto de defender todo el territorio isleño y con miras de que Francia no pretendiera invadirlo y volver a imponer la esclavitud en el país vecino.

De ahí que entre 1821 y 1844, el nuevo estado independiente, no solo que fue invadido por Haití durante 22 años y anexado como confederación isleña, sino que para cuando el pueblo ya conocido como dominicano, logró separarse el 27 de febrero de 1844 de Haití y con el nuevo nombre de República Dominicana, la lucha armada por impedir que su soberanía e idiosincrasia fueran aniquiladas por las huestes haitianas, significó un duro periodo de guerra entre las dos naciones y que se agravara a peor con la anexión a España en marzo de 1861 y por las luchas separatistas de rebeldes dominicanos que lograron en un lapso de guerra entre 1863 y 1865, que al fin y con la gesta de la Restauración, República Dominicana volviera recuperar su soberanía y gracias a que el Ejército dominicano de la época enfrentó, combatió y derrotó al Ejército español.

¿Por qué de toda esta introducción, digamos histórica?, porque si algo tenemos los dominicanos como verdad y conocida a conciencia, no es solo que nos ganamos nuestra independencia a pulso y con arrojo, sino que todo el tiempo y por más que los dominicanos hemos querido ser obsequiosos con el país transfronterizo, la realidad ha sido todo lo contrario: Haití nunca ha dejado de agredirnos.

Desde luego no hacemos esta puntualización para tratar de inculcar un odio hacia nuestros vecinos inmediatos con quienes las circunstancias históricas nos han llevado a compartir la misma isla, sino para que se entienda, que la clase dirigente o gobernante haitiana, NUNCA a aceptado compartir territorio en igualdad de derechos con los dominicanos.

Fue al contrario, bastó ganar la guerra de la Restauración, para que Haití y alevosamente,  se apoderara militarmente del valle de Artibonite y luego a resultas de la corrección territorial drástica que los dominicanos hiciéramos en 1937 frente a la ola de indocumentados haitianos y por el escándalo internacional subsiguiente, el gobierno de Trujillo  debió de entregar nuevos territorios como compensación por los hechos,  que aquí malos dominicanos llaman “el genocidio contra Haití” y lo que es absolutamente falso.

O sea, hemos perdido territorio y que recordemos, ningún dominicano se resiente de tal situación, en tanto la clase dirigente o gobernante haitiana continua con sus aprestos de atacar la soberanía nacional. Lo ultimo fue la intención del malogrado Moïse por trazar un canal en la parte norte de Haití y dentro del limite de las aguas territoriales que marca el río Masacre y con la peregrina intención de hacerlo para abastecer a su país con aguas pertenecientes a nuestra nación y lo que hasta ahora a sido detenido, primero, por la vertical postura dominicana de defensa de su territorio y segundo, que con el magnicidio ocurrido y perpetrado por los haitianos de su clase dirigente y contra su presidente, el contencioso ha sido detenido y lo tampoco quiere decir, que se pudiera hablar de que Haití haya desistido.

Ahora la situación política y social haitiana se encuentra patas arriba y a nivel social, dominada en su gobernabilidad por 71 pandillas que se reparten el territorio haitiano, en tanto el presidente provisional ha sido señalado como parte de quienes conspiraron para matar a Moïse y de hecho así se le acusa.

Estamos ahora en una situación estacionaria, más bien peligrosamente estática en las relaciones entre los dos países. La clase dirigente o gobernante haitiana continua en sus empeños de afectar a la nación dominicana, en tanto el pueblo haitiano y con todo que luce con simpatías hacia los pandilleros, no así muestra algún tipo de encono decidido contra República Dominicana.

 Y lo que sucede, por una sola como determinante razón, que cerca de tres millones de haitianos se mantienen de las remesas que envían sus laboriosos trabajadores en nuestro país y porque más de cinco millones de haitianos y de una u otra manera, dependen directamente de la economía dominicana y no solo por las remesas y sí también por sus compras de productos dominicanos y lo que acentúa el dominio de la cultura e idiosincrasia dominicana.

La situación entonces, obliga a que los dominicanos formulemos una estrategia realista y fría y dejando de actuar como si dependiéramos de nuestros vecinos y que, en función de ser la potencia dominante en la isla, actuemos con la fuerza y firmeza necesarios y para que nunca más, la parte mala y anti dominicana de intereses y fanáticos haitianos, no entiendan y menos crean, que todo el tiempo podrán continuar sorprendiéndonos.

Simplemente, mientras Haití se comporte como una nación enemiga, la nación dominicana no debe porqué obstinarse en ser educada y colaboradora con ella y es y para que se nos entienda, que Haití o la crónica de una muerte anunciada y de terrible afectación para la vida dominicana, debe ser vigilada y contenida. (DAG)

 

 

 

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